[Nomy Lamm] It’s A Big Fat Revolution (Es una revolución gorda)

Voy a redactar un ensayo describiendo mis experiencias con la opresión a la gordura y con las formas en las que el feminismo y el punk han afectado a mi trabajo.  Éste será claro, conciso, bien estructurado y estará organizado alrededor de las tesis básicas del artículo, en el formato de ensayo académico. Trataré estos temas de una manera madura e intelectual. Voy a sacar provecho de la mayor cantidad de palabras esdrújulas posibles.

He mentido. (Probablemente lo has pillado, ¿eh?) No puedo hacer eso. Esta es mi vida, y mis palabras son las herramientas más efectivas que tengo para cambiar el Mundodechicoblanco (esta mi manera punk-rock mona pero oh-tan-revolucionaria de decir “patriarcado”). Si hay alguna cosa que el feminismo me ha enseñado es que la revolución se va a producir bajo mis propios términos. La revolución va a ser incitada a través de mi voz, mis palabras, no a través de las palabras que ya existen dentro del mundo del intelecto masculino. Y sé que un montón de la mierda que voy a decir es totalmente contradictoria. Mis contradicciones pueden co-existir, esto, ellas están dentro de mí, y no voy a simplificarlas para que se ajusten a un patrón lineal y analítico al que sé que se deberían de ajustar. Creo que de verdad que es importante reconocer que todas estas movidas contribuyen a la revolución, en serio. El hecho de que escriba así, vaya, es porque escribir así hace que este mundo sea más seguro para mí.

Quiero explicar que significa cuando digo “la revolución”, pero no estoy segura de que sea capaz de ello. Y eso viene porque, oye, al mismo tiempo que soy completamente  seria, también veo mi uso del término como una broma del mismo. Parte de ello se debe a que soy completamente consciente de que aún encajo dentro de la cultura dominante en muchas formas. La revolución podría ser llevaba perfectamente contra mí en lugar de por mí. No quiero sonar como que soy la persona más oprimida, más punk-rock, más revolucionaria del mundo. Pero al mismo tiempo pienso que la revolución es una palabra que debo de usar tanto como pueda, porque es un concepto al que necesitamos estar atentos. Y no me refiero en un modo abstracto o intelectual. Creo realmente que la revolución ha empezado. Puede que esto no sea evidente en la cultura masificada (mainstream), pero veo eso como un buen síntoma. Tan pronto como la cultura mainstream la adopte, se apropiará de ella.

Por ahora la revolución toma lugar cuando me paso la noche levantada hablando con mis mejores amigas sobre feminismo y marginación y privilegio y opresión y poder y sexo y dinero y rebelión en la vida real. Por ahora la revolución toma lugar cuando veo a una chica de pie enfrente de una multitud hablándoles sobre los abusos sexuales sufridos. Por ahora la revolución toma lugar cuando recibo una carta de una chica a la que no conozco que dice que el fanzine que escribo le ha cambiado la vida. Por ahora la revolución toma lugar cuando los sin techo en mi ciudad acampan durante una semana en medio del centro de la ciudad. Por ahora la revolución toma lugar cuando un amigo me afea por algo racista que he dicho. Por ahora la revolución toma lugar en mi cabeza cuando sé como de jodidamente brillantes son mis novias.

Y estoy viviendo la revolución a través de mis memorias y a través de mi dolor y a través de mis triunfos. Cuando pienso en todos los inconvenientes que tengo dentro de esta sociedad, me sorprendo de cómo no me he convertido en un montón de mierda. En dos palabras: Gordajudia-tullidacoñitobollera. Pero cuando tengo en cuenta el hecho de que por otro lado soy una universitaria de clase media, blanca, que puede articular sus ideas, y de que eso me da un monto de jodidos privilegios y la oportunidad de manejarme con mi opresión, que es algo que puede no estar accesible para otra gente oprimida. Y partiendo de que mi personalidad/mi ser no está dividido entre la parte privilegiada y la parte oprimida, tengo que manejarme con los modos en que estas cosas interactúan, se equilibran y algunas veces se ensombrecen unas a otras. Por ejemplo, nací con una pierna. Creo que es algo importante, pero nunca ha marcado tanto la imagen de mi cuerpo como lo ha hecho ser gorda. Y, ¿qué significa ser una mujer blanca en contraposición a una mujer de color?. ¿Una chica gorda de clase media en oposición a una chica pobre gorda?. ¿Qué significa ser gorda, discapacitada y bisexual? (¿O gorda, discapacitada y sexual en todos los sentidos?).

Claro que continuo siendo una persona, y no siempre tengo ganas como de ponerme a representar el papel de revolucionaria. Algunas veces es demasiado duro para mí levantarme de la cama por la mañana. Algunas veces es demasiado duro hablar con cualquier persona sin tener que lidiar con los matices políticos de cualquier cosa que salga de sus bocas. A pesar del hecho de que hago un montón de trabajo sobre la opresión a la gordura, y de que he estado trabajando tan y tan duro sobre la imagen de mi cuerpo, hay veces en las que realmente odio mi cuerpo y no quiero encargarme de ser fuerte todo el tiempo.  Porque soy fuerte y porque he pensado sobre todas estas cosas de muchas maneras diferentes, y porque tengo una natural alta estima, he llegado a un lugar donde honestamente puedo decir que amo mi cuerpo y que soy feliz con ser gorda. Pero ocasionalmente, cuando me miro en un espejo y veo que este cuerpo es tan diferente del de mis amigas, tan diferente de lo que me han dicho que debería ser, tan sólo quiero esconderme y no tener que lidiar con ello nunca más. En esos momentos no me parece justo que siempre tenga que luchar para ser feliz. ¿No sería más fácil darme por vencida y meterme en otra dieta para detener esta lucha perpetua? Entonces podría seguir apoyando la fat grrrl revolution sin que me afecte personalmente en todos los modos. Y ya sé, ya sé, ya sé que no es la respuesta, ni podría hacerme eso a mí misma, pero no puedo decir que este pensamiento nunca se me haya cruzado por mi cabeza.

Y no ayuda mucho cuando mis amigos y familia, quienes todos saben cómo me siento sobre el tema, insisten en hacer declaraciones anti-gordura y a refunfuñar sobre cómo de gordas se sienten y hablan de nuevas dietas sobre las que han oído y que se mueren por probar. “Parezco un melón”. “Vaya, estoy tan feliz, visto una talla siete en vez de una nueve”, “Me gusta este espejo porque me hace parecer más delgada”.

No puedo comprender cómo todavía pueden pensar esas cosas cuando estoy constantemente hablando sobre el tema, y no me puedo creer que piensen que no hay problema con hablar de esas cosas delante de mí. Y no es que el asunto vaya de que quiera censurarles las conversaciones cuando están a mi alrededor… simplemente quiero que no piensen esas cosas. Sé que gran parte de ello es simplemente un reflejo del modo en que piensan sobre sí mismos más que un ataque hacia mí o una invalidación de mi trabajo, pero hace que éste sea mucho más duro para mí.  Pone todas esas ideas dentro de mí. Hoy estaba fuera del trabajo y pillé un reflejo de mi misma en la ventana y pensé “Ey, no parezco tan gorda”. E inmediatamente me di cuenta de lo jodido que era pensarlo, pero eso no hizo que dejara de sentirme más atractiva por ello.

Quiero todas esas cosas fuera de mí. No son parte de mí, y teóricamente puedo separar y tirar la mierda inservible, pero realmente ésta nunca se va. ¿Cuándo se acabará todo esto?. ¿Cuándo podré moverme a otros temas?. Nunca se va a acabar, y eso es algo realmente jodido de aceptar.

Estoy reviviendo este sistema de opresión a través de mis memorias, e incluso cuando no estoy pensando en ello, el tema está allí, afectando todo lo que hago. Cinco años, mi primera dieta. Siete años, haber sido oficialmente declarada “con sobrepeso” porque pesaba cinco kilos más de lo que una niña “normal” de siete años debería de pesar. Diez años, aprendiendo a morirme de hambre y estar contenta de encontrarme todo el día mareada. Trece años, cruzando la línea de ser más grande que mis amigas a ser realmente una “gorda”. Quince años, oyendo a los chicos en la sala de al lado hablar sobre como de gorda (y por tanto poco atractiva) que era. Cada vez que tengo que salir al escenario, me acuerdo de la vez en que mi padre dijo que no le gustaba el baile que había coreografiado porque parecía gorda mientras lo hacía. Cada vez que me tiño el pelo me acuerdo de cuando mi madre no me dejaba teñirme en séptimo porque cuando veía a personas gordas con el pelo teñido  pensaba que intentaban ocultar el hecho de que estaban gordas, intentando parecer atractivas a pesar de ello (cuando era realmente obvio lo que tenían que hacer esas personas si quieren parecer atractivas, ¿no?). Y estos sólo son los grandes momentos que puedo señalar y decir “eso, me dolió”. Pero ¿qué ocurre con toda una vida de exposición mediática que me dice que sólo las personas delgadas son adorables, sanas, bellas, talentosas y divertidas?. Sé que todos estos mensajes vienen empaquetados con el resto de mis memorias, pero no puedo ni señalarlos ni hablar de sus efectos en mi psique. Son mensajes elusivos y no tienen porque ser dolorosos en el momento de la exposición. Están bien disfrazados y a menudo aparecen con la forma del encanto y del romance, (nunca podre enamorarme porque no puedo ser elegida y porque no puedo girar alegremente en círculos…)

Durante toda mi vida los media y todo el mundo a mí alrededor me ha dicho que lo gordo es feo. Lo cual, por supuesto, es un estándar cultural que tiene montones de mentiras médicas detrás. Los estudios nos han enseñado que la gente gorda no es sana y que tiene menos esperanzas de vida. Los estudios también nos han enseñado que la gente que come por debajo de sus necesidades, que se muere de hambre, tiene las mismas particularidades. Los riesgos que afectan a la salud de las personas gordas se han comprobado que son el resultado de toda una vida comiendo por debajo de sus necesidades –dieta- y no por la gordura en sí. No soy gorda por falta de voluntad. He sido vegetariana desde los diez años. Para mí controlar lo que como es fácil. Morirme de hambre, no (a pesar de que gran parte de mi vida he deseado eso). Mi cuerpo se supone que es tal cual es, y he probado un monton de dietas donde he perdido algunos kilos durante un periodo de varios meses y después los he vuelto a ganar. Hace dos años cerré el círculo. No he vuelto a estar a dieta porque mi cuerpo es tal y como debe de ser, y este es el modo en el que quiero que sea. Ser gorda no me hace menos saludable o activa. Ser gorda no me hace menos atractiva.

En la tele veo a una mujer delgada bailando con un hombre fabulosamente guapo, y sobre esta imagen oigo: “Nunca antes fui feliz hasta que probé la dieta [rellene el hueco], pero ahora capto la atención de los hombres, y eso… ¡¡sienta tan bien!!. No tengo que preocuparme más por lo que la gente diga a mis espaldas, porque sé que estoy estupenda. Debes darte a ti misma la vida que te mereces. Llama a [rellena el hueco], el programa de dieta, ¡¡¡y empieza quitarte kilos ahora mismo!!!”. El programa de la tele me presenta un primer plano de una chica gorda llorosa diciendo “Lo he intentado todo, pero nada funciona. He perdido 9 kilos pero los he vuelto a ganar 11. Estoy tan avergonzada”. La primera vez que vi el anuncio empecé a llorar y memoricé el número en la pantalla. Conozco ese sentimiento de vergüenza. Conozco ese sentimiento de punto muerto, de sentirme un desastre por no perder toda esa “grasa inutil”. Pero sé que la infelicidad no es el resultado de mi gordura. Es el resultado de una sociedad que me dice que soy mala.

¿Dónde está la revolución? Mi cuerpo es jodidamente bello, y cada vez que lo miro en el espejo me doy cuenta de ello, y estoy contribuyendo a la revolución.

Me siento que en este momento estáis esperando de mí que pruebe que la gordura puede ser bella metiéndome en descripciones como “muslos de ondulación suave y nalgas llenas”. No lo voy a hacer. No es de mi incumbencia convencerte de que la gordura puede ser atractiva. Me niego a ser una autodenominada y rellena reina del porno. Eso es trabajo tuyo.

No es lo bastante bueno que me digas que tú “no juzgas por las apariencias” – y que por lo tanto la gordura no te molesta. Ignorar nuestros cuerpos y “juzgar sólo por lo que tenemos dentro” no es la respuesta. Eso parece que encaja con la misma línea de razonamiento que esa brillante escuela de pensamiento que se llama “humanismo”: “Sólo somos personas, así que vamos a ignorar trivialidades como raza, clase, género, preferencia sexual, tipo de cuerpo y un largo etcétera”. ¡Y una mierda!. Cuanto más ignoremos estos aspectos de nosotros mismos, más vergonzosos se convierten y más se refuerzan las expectativas de que debemos ser la ausencia de ellos: blancos, heterosexuales, ricos, delgados y hombres. No es realista intentar pasar por alto estas diferencias exteriores (y por lo tanto sin sentido, ¿verdad?), porque a nosotros nos están lavando el cerebro del mismo modo que a cualquiera. Y hablando de este modo no estamos tratando el tema principal. Y no quiero que me digan: “Sí, eres gorda pero eres bella por dentro”. Esa es tan solo otra manera de decirme que soy fea, y de que no hay manera de que sea bella por fuera. Gorda no es igual a fea, no me vengas con esa. Mi cuerpo soy yo. Quiero que veas mi cuerpo, que conozcas mi cuerpo. La verdadera revolución no proviene cuando hemos aprendido a ignorar nuestra gordura y a pretender que no somos diferentes, sino cuando aprendemos a usarla en nuestra ventaja, cuando aprendemos a deconstruir todos los mitos que propagan el odio a la gordura.

Mis amigas delgadas están siendo constantemente validadas por el feminismo mainstream, mientras yo estoy siendo ignorada. La idea más extendida conforme a la imagen del cuerpo es algo que se puede resumir en estas líneas: las mujeres se miran al espejo y piensan “estoy gorda”, pero realmente no lo son. En verdad, son delgadas.

En verdad son delgadas. Pero, creedme, en verdad yo estoy gorda, y de acuerdo con el feminismo mainstream, ni siquiera existo. Conozco a mujeres que a menudo se miran al espejo y piensan que son más gordas de lo que en realidad son. Y, sí, eso es un problema. Pero al análisis no se puede parar ahí. Hay mujeres que están gordas, y tenemos que tratar el tema. Más que tranquilizar a la gente diciendo “No, tú no estás gorda, simplemente tienes curvas”, quizás deberíamos desmitificar la gordura y tratar con las políticas de la gordura como un todo. Y no quiero decir “quizás”, quiero decir que es una necesidad. Una vez que nos demos cuenta que la gordura no es “inherentemente mala” (y ni tan siquiera puedo creerme que esté escribiendo eso –“inherentemente mala”- suena tan ridículo), entonces quizás podamos trabajar en el problema como un todo, en vez de tratar con una diminuta parte del mismo cada vez. Todas las formas de opresión trabajan juntas así que deben ser combatidas juntas.

Creo que muchas de las autoras del feminismo mainstream que dicen tratar el tema lo hacen de un modo equivocado. Por ejemplo, Susie Orbach con su libro Fat Is A Feminist Issue nos dice: no hagas dieta, no trates de perder peso, no alimentes a la industria de las dietas. Pero luego sigue y dice: Pero, si comes bien y haces ejercicio, ¡¡¡perderás peso!!!. Y pienso, vaya, estupendo, es maravilloso que le haya funcionado, pero se ha perdido en el razonamiento. Intenta ayudar a las mujeres, pero en realidad les está hiriendo. Nos está hiriendo porque dice que sólo hay un tipo de cuerpo que está bien para nosotras (¡¡¡y ella es la que nos va a ayudar!!!). Es casi como Stop The Insanity woman de Susan Powter. Una de mis amigas lo ha leído y dice que la primera parte va sobre la opresión a la gordura y habla sobre cómo de difícil es ser gorda en nuestra sociedad, pero luego dice: ¡Así, que, usa mi nuevo plan de dieta!. Este tipo de cosas juega completamente con nuestras emociones para que pensemos: “Wow, esta persona realmente me comprende. Sabe de dónde vengo por lo que debe de saber lo que es bueno para mí”.

Y existen muchas razones “liberales” para perpetuar el odio a la gordura. Si estamos finalmente descubriendo que la dieta nunca funciona, ¿cómo, entonces, podemos explicar esta horrible monstruosidad?. ¿Cómo podemos superarla?. El Nuevo punto de vista “liberal” es que la gordura está causada por profundos problemas psicológicos. Su niñez fue mala, abusaron de ella sexualmente, así que come para esconderse de ella misma. Usa su gordura como mantita de bebe, como un artefacto protector. O quizás cuando era niña sus padres le empujaron a asociar comida con confort y amor, así que come para consolarse. O quizás, como yo, sus padres siempre estaban a dieta y siempre le estaban fastidiándola sobre lo que comía, así que la comida se convirtió en algo vergonzoso que debía acumular a escondidas. Y durante mucho tiempo, yo realmente creí que si mis padres no me hubieran enseñado todas esas jodidas actitudes sobre la comida, no sería gorda. Pero entonces me di cuenta que mi hermano y mi hermana que habían crecido en el mismo ambiente, ambos estaban delgados. Obviamente esa no es la razón por la que estoy gorda. La terapia no va a ayudar, porque no hay nada que curar. ¿Cuándo pararemos de buscar razones para odiar a la gente gorda y empezaremos a comprender que la gordura es algo totalmente natural que no se puede y no se debe quitar de encima?.

A pesar de lo que he dicho antes sobre mis amigos diciendo cosas que realmente me hirieron, me doy cuenta de que son bastante excepcionales. No quiero que parezcan que son gente poco cuidadosa o ignorante. Yo estoy constantemente hablando sobre estos temas, y siento que generalmente puedo confrontar a mis amigos cuando están siendo poco sensibles, y ellos lo entienden o por lo menos, lo intentan. A veces cuando dejo a mi grupo insular de amigos me sobrecojo sobre cómo es el “mundo real”. Oyendo a chicos en el autobús llamando a sus novias “zorras”,  viendo a personas gordas siendo molestadas en la calle, viendo la tele y comprobando como cada persona gorda es descrita como unos vagos, obsesionados por la comida, viendo como mujeres son tratadas como propiedad por hombres que ven su masculinidad como un poder… Me alejo de estas situaciones sintiendo que la escena punk, que es el lugar donde la mayoría de mis interacciones toman lugar, es un espacio muy protegido. No puedo imaginar viviendo en una comunidad donde no tengo ningún apoyo. No me puedo imaginar viviendo en el “mundo real”.

Pero entonces tengo que acordarme, que incluso ahí, dentro de mi comunidad, existen las mismas jodidas actitudes, que también se perpetúan en la escena punk, sólo que bajo formas más sutiles. Siento que estos temas se están empezando a reconocer y a tratar, pero el odio a la gordura es aún uno de los estándares. Desde luego que todo el mundo cree que no deberíamos hacer dieta y que los desordenes alimenticios son el resultado de una sociedad represiva, pero usualmente el razonamiento no va más allá. Parece que la gente tuviera esa idea de que el punk está desconectado de los media, y que al estar en esa subcultura tan guay somos inmunes a los sistemas de opresión. Pero los chavales más punks y mas guays siguen siendo los delgados. Y los mismos chavales guays, que están desafiando a la “Amerika” capitalista y mainstream son los que dicen que la gordura es un símbolo de la avaricia y la codicia capitalista. Perpetuán la opresión institucionalizada. La gente gorda no son los que está oprimiendo a esos pobres y delgaduchos chicos emos.

Este ensayo se suponía que iba sobre la opresión a la gordura, que es lo que siendo que he estado hablando durante toda mi vida. A veces siento que toda mi identidad está envuelta en ni gordura. Cuando soy consciente de mi gordura no puede usarse en mi contra. Fuera de mi aislado grupo de amigos, en situaciones hostiles, soy completamente consciente de que el cualquier momento podría ser hostigada. Cualquier pequeño altercado con otra persona podría llevar a una lluvia de insultos hacia mi cuerpo. Siempre estoy lista para ello. Aunque he descubierto que eso no pasa tan a menudo como espero, pero aún soy consciente de esa posibilidad. Soy “la Chica Gorda”. Soy “la Chica Gorda que habla de la Opresión a los Gordos”. Dentro de la escena punk, que es mi manta de bebé, mi artilugio protector, la gente me conoce y sabe de mi trabajo, y asumo que no se van a reír detrás de mío sobre mi gordura. Y si lo hacen, sé que tengo el apoyo de personas de mi alrededor. La escena punk me da toneladas de apoyo que sé que no podría tener en otro lado. Soy capaz de hacer fanzines, tocar música, hacer actuaciones y charlas que son intensamente personales para mí. Me siento muy fuerte no guardando ningún secreto. Puedo volver al viejo cliché de que lo personal es político, y no importa cuan de trillado esté, es verdad. He pasado tanto tiempo sin hablar de ser gorda, sin hablar sobre cómo afecta mi autoestima, sin hablar sobre cómo la sociedad me oprime. Ahora estoy hablando. Estoy hablando todo el tiempo, y la gente me escucha. Tengo apoyo.

Y al mismo tiempo sé que tengo que ser cautelosa sobre el apoyo que recibo. Porque pienso que alguna gente lo ve como algo cool, y que apoyándome a mí, alguien va tener su recompensa bajo la forma de cierta cantidad de validación en la escena punk. Aunque creo que soy totalmente abierta y que no guardo secretos, me tengo que proteger.

Esta es la revolución. No entiendo la revolución. No puede basarse todo en blanco y negro y yo diciéndote lo que es revolucionario y lo que no es revolucionario. La escena punk es una revolución pero no dentro y por sí misma. Feminismo es una revolución, es solidaridad al tiempo que crítica y confrontación. Esta es una fat grrrl revolution. Es mía pero no me pertenece. Fuckin’ yeah.

http://palomitasenlosojos.com/2011/08/30/sweet-feminism-feminismo-hipercalorico/#comment-2914

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