[Pablo Alejandro Hsu] Del Caos y la Anarquía: De la posmodernidad al anarquismo

Breve presentación

La posmodernidad es una entidad poliédrica. Posee muchos perfiles. Sus aristas a veces se confunden. Lo posmoderno parece lo opuesto de lo moderno, pero quizá sea su continuación. Sea como sea, la modernidad es el espíritu crítico que precisa de una continua crítica. Este empeño es el que emprende Pablo Alejandro Hsu en el ensayo que presentamos ahora en este momento de la Biblioteca Virtual de Temakel.

Este ensayo, que fue realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005, Hsu recorre numerosos niveles del pensamiento moderno y del posmoderno, y de un anarquismo posestructuralista.

E.I

DEL CAOS Y LA ANARQUÍA:De la posmodernidad al anarquismo x Pablo Alejandro Hsu

“Ya no esclavitud…Producir…Que mundo tan feliz…Consumir”

(La Polla Records)

Introducción:

El siguiente ensayo tratará el tema de la Post-modernidad y el Anarquismo, no como dos cuestiones separadas, sino como íntimamente correspondidas. Lo que se intentará aquí es relacionar los tiempos de incertidumbre que vive este momento de la historia de la humanidad (llamémosle “Posmoderno”, especialmente por la introducción de los massmedia y las revoluciones tecnológicas en el contexto social), con los ideales anarquistas –desde el anarquismo más “doctrinario”, al momento más actual y libertario–; pero entendida dicha relación como viablemente positiva.

A pesar de la fúnebre afirmación intelectual sobre el presente como “la muerte del Proyecto Ilustrado”, y teniendo en cuenta los inicios del Anarquismo dentro de la gran familia socialista, es importante destacar –paradójicamente– que el segundo no ha sucumbido ante la pérdida del horizonte en la que se traduce toda interpretación sobre la Posmodernidad: ello se debe a la naturaleza que el concepto de libertario mantiene en sus más amplias acepciones.

Por otro lado, la palabra Posmodernidad ha sido destinada a múltiples hechos y lecturas que, a la larga, terminan por convertirla en un concepto un tanto ambiguo. Si el Proyecto Ilustrado refiere, en el sentido más general, a las intenciones de organización racional (en el sentido del hombre que se construye a sí mismo), a la vez que más justa y solidaria de la sociedad, no puede decirse seriamente que el proyecto haya terminado por haber fracasado el Marxismo o el Surrealismo en sus interpretaciones proféticas, o consecuentes errores. Creo no equivocarme si digo que para el anarquista, utilizando los términos de Habermas, la “modernización cultural” ya estaba desfasada de la “modernización societal” ya de antes de la entrada en escena del Capital Financiero, pues ni el Liberalismo ni su contraria Marxista, daban alternativa conciente a la problemática social. A su vez, que las revoluciones tecnológicas tiendan a facilitar el flujo de la información (y por ello a la destrucción de los metarrelatos), desconstituyendo al sujeto como actor social (como el mítico Proletariado, o el poder de las Vanguardias), no significa que irremediablemente no haya posibilidad alguna de futuro diferente. Yo mismo he nacido bajo la influencia de la televisión y de los aparatos altamente tecnificados, y sigo manteniendo mi postura crítica. Que la crítica profunda esté destrozando las bases mismas de los parámetros y valores sociales, introduciendo a un “todo vale”, no lo encuentro excesivamente peligroso, al contrario, potencialmente necesario. Y a pesar de todo el hedonismo de la cultura de consumo masivo, las personas siguen definiéndose como “humanas”. Entonces, ¿qué es la Posmodernidad?¿La pérdida del proyecto ilustrado entendido como el metarrelato marxista, junto a la imposibilidad de generar uno nuevo por culpa de las nuevas tecnologías, y por la perdida de los valores morales cristiano-occidentales? Si la pérdida de todo ello significa la muerte de la modernidad, entonces el Anarquismo nunca fue parte del proyecto. ¿Es, acaso, la Posmodernidad el abandono de toda crítica racional a la sociedad? Si lo es, entonces a mi entender seguimos en la época Moderna desde el momento en que el Post-estructuralismo enviste frontalmente a todas las metanarrativas, a través de una crítica que lleva a reconsiderar ciertos elementos del clásico pensamiento que arrastraba la Ilustración. En cuanto al arte, y retomando a Habermas, la apertura de esta esfera junto con el incontenible avance del desarrollo técnico en la Sociedad Capitalista, han provocado, en la mayoría de los casos, la liberación de motivaciones hedonísticas; pero todavía podría rescatarse aquella intención manifestada por Walter Benjamín cuando refería a “la politización del arte”. En la situación donde “todo vale”, aún sería plausible la liberación. Y, en mi opinión, todo esto tiene un tinte optimista: el arte ya ha sido “incorporado a la vida”, el arma de combate se encuentra ya no en las vanguardias, sino en todos los habitantes de la tierra. Así, el dispositivo Kontrakultural de nuestros días se expande a nivel mundial.

Algunos dicen que esta situación favorece al establishment, lo cuál es cierto. Pero lo que yo quiero marcar aquí es que no solo la situación presente lo favorece, sino también todas las circunstancias anteriores, en cuanto la Libertad era relegada y olvidada a un segundo plano.

Pero lejos de responder aquí lo que debiera en la conclusión, solo voy a decir que considero que el Anarquismo, entendido en el sentido más amplio, podría ser la clave para terminar de comprender que la situación Posmoderna lejos de constituirse como el fin de la modernidad, es la mejor oportunidad de reponer los viejos sueños, y el momento en donde las Utopías deben ser, con mayor fuerza, sostenidas; máxime cuando la idea conceptual de “Progreso” deba ser redefinida bajo la luz de las nuevas presiones.

En lo que atañe al desarrollo del trabajo, comenzaré por tratar de delimitar el contexto de la Posmodernidad, y los diferentes significados que comprende. En segundo lugar, explayaré las ideas más corrientes del Anarquismo, para darle luego una interpretación más ajustada con la realidad social contemporánea. Por último, concluiré expresando, quizás, todas mis esperanzas en el futuro, haciendo hincapié en la fortaleza fundamentalmente práctica del Anarquismo.

Desarrollo:

La Posmodernidad se presenta ante mi generación no como un malestar, sino como un modo de vida concreto. Probablemente, el hecho de no haber vivido ninguno de los procesos históricos emancipadores (frustrados, podría decirse) sea la causa de que la realidad sea oteada como algo “eternamente natural”. La vida es inconcebible sin la televisión, sin computadoras, sin celulares, sin automóviles, sin electricidad, sin, sin, sin. No obstante ello, en nuestro alrededor (para los que nacimos con la posibilidad de aquellos “lujos naturales”) captamos que algo no anda demasiado bien. De aquí y de allá llegan noticias, o ruidos mejor dicho, de injusticias, de guerras, tanto actuales como pasados. Y cuando realmente nos interesamos por las cuestiones sociales, se nos aparece una máxima que huele, más o menos, a “todo está perdido”. La Posmodernidad es definida como Caos, como la pérdida de los ideales que movilizaron la historia durante los últimos doscientos años, el timón se ha roto y navegamos hacia ninguna parte, es decir, naufragamos o ya no navegamos. El control democrático (control tan ansiado por los Ilustrados) de la Sociedad, se esfuma ante el mundo real. Dentro de este caótico sentir, se pueden dilucidar ciertos ejes contextuales, los cuales pasaré a señalar.

La situación Post-Moderna:

En primer lugar, se encuentra la paulatina desaparición de la fe en todos aquellos proyectos, desde el Liberal hasta el Socialista, pasando por las Vanguardias artísticas, que se fueron gestando desde la Revolución Francesa, momento histórico en donde el hombre se abría a la tarea de dirigir su destino hacia un futuro mejor. En un principio, esta fe era depositada en la razón, pero especialmente en las ciencias y su desarrollo, que permitían develar el mito que rodeaba a la naturaleza. Cada descubrimiento era celebrado como un progreso más hacia la verdad. En consecuencia, la tecnología era el factor necesario que, de una u otra forma, conducía a la Utopía, ya sea en las ideas más liberales, como en las socialistas. La máquina reemplazaba al hombre, dejándole a éste tiempo libre para el ocio; o era el detonante que terminaba con la hipocresía social, llevando a las masas a una Revolución. De cualquier modo, la convicción estaba puesta en el Progreso.

Con el aporte de Karl Marx, el desarrollo histórico pasó a tener un fuerte sentido materialista y determinista. Su interpretación de la historia permitía comprender los procesos reales que se daban en el seno de la Sociedad Capitalista Industrial, en donde el proletario, la base de la organización social, adquiría un papel central en la emancipación en contra de la reificación. Su discusión con los economistas clásicos, demostraba que la razón era útil para desenmascarar las arbitrariedades que traía consigo el mito burgués. De sus interpretaciones erigieron las Vanguardias. El marxismo-leninismo encabezó la batalla por imponer, lo que de otro modo sería un proceso lento pero inexorable: el Comunismo. Mientras que en medio de una crisis social terrible la Primera Guerra Mundial convocaba al fratricidio, el Socialismo llamaba a una Revolución Socialista y solidaria, que terminara por destrozar los cimientos del maldito Capitalismo, desviado del Proyecto Ilustrado hacía ya tiempo. Dadá, al principio, y el Surrealismo, después, también radicalmente críticos, iniciaron, con intenciones similares, la rebelión en el Arte. Su misión era atacar la institución burguesa del arte, porque ella legitimaba los valores aburguesados de la elite, impidiendo a la masa desembocar en el ámbito político. Devolviendo el arte a la vida, con la validación de la expresión de la masa en el mundo del arte, se estaba dando lo que Walter Benjamín después denominaría la “Politización del arte”(1), es decir: democratizando lo estético se invitaba al pueblo a tomar las riendas con sus propias manos, pues, ahora, sus opiniones valían tanto como las de los poderosos burgueses. Hay que agregar que estos “Proyectos Alternativos” recuperaban una parte esencial de lo ilustrado, que era, sin dudas, el sentimiento romántico expresado en la Utopía y en la fe. “Aún con todas sus críticas a la modernidad burguesa y sus formas de vida, y sus creencias, las vanguardias creían más que nada en esas promesas instauradas por la Modernidad ilustrada burguesa.”(2)

No obstante, las Vanguardias fracasaron. Tanto en la Revolución de los Soviets, como en la del Inconciente, se encontraron con una sociedad que no había reaccionado como ellos esperaban. Mientras que la primera sucumbía ante su propio autoritarismo, la segunda veía cómo su objetivo era absorbido por la versatilidad del Sistema, provocando un efecto contrario al esperado. Ambas terminaron siendo víctimas del Capitalismo tardío y su poder financiero, en donde el proletario era desplazado gradualmente de la escena política; y el hedonismo coincidía con el valor universal de la autorrealización humana y el individualismo a ultranza. La caída del muro de Berlín representaría simbólicamente el fin del régimen Soviético, momento en el cual todo el movimiento Comunista se vio debilitado. Para este entonces, el mundo intelectual se había despertado a cachetazos del sueño Ilustrado: Contra el injusto Capitalismo, el movimiento alternativo por excelencia, que se había gestado durante el Siglo XIX y gran parte del XX (en este último período, ya como “Socialismo Real”), acababa de derrumbarse.

En segundo lugar, en lo tocante al momento Posmoderno, el Capital Financiero comienza a desarrollarse con gran intensidad y a ser visto como modelo económico por excelencia. Luego de las últimas chispas revolucionarias que tuvieron lugar en el Mayo Francés en el 68, entra en escena el Neoliberalismo, propulsor de la Sociedad Post-Industrial, en donde la sociedad analizada por Marx, la Sociedad del Trabajo (encargada, básicamente, de fabricar proletarios), es reemplazada por la inversión constante de dinero ficticio en los Bancos Mundiales y la apertura de las economías en los países capitalizados. Comienza el momento de la Globalización. La desaparición del Estado keynesiano lleva a la pérdida del control de los hombres sobre las sociedades. El verdadero Poder del Capital se expresa ya no en la elite correspondiente a cada Estado-Nación, sino en su concentración a escala planetaria en diferentes partes de la tierra.

El duro golpe que constituyó la caída del Marxismo, sumado a la aplicación de economías tendientes a la fisiocracia y la consecuente desaparición del Proletariado Industrial de la escena política, significó, no sólo la pérdida del actor político clave para el cambio de rumbo, sino también la claudicación de la razón para dar cuenta de los nuevos hechos que despertaban en la sociedad; pues la esperanza no solo se desvanecía con la derrota del Comunismo, sino también con la vorágine desalmada del Capital.

En tercer lugar, dos siglos después de la Gloriosa Revolución de 1789, se comprende, como una deshonrosa traición, que la tecnología trae más destrucción y muerte que salvación. La utilización de la ciencia y la técnica tanto para la Guerra como para el desarrollo inescrupuloso de prácticas de venta para el consumo masivo, despiertan el escepticismo de todos en aquella vieja Utopía. Los intelectuales de la Escuela de Frankfurt, en plena Segunda Guerra Mundial, tratan de averiguar porqué, si el mundo había ingresado en la luz de la razón, la humanidad había caído en un oscuro nuevo estado de barbarie. El aporte de estos pensadores es excepcional. Develan que la ambición de la Razón por saberlo y controlarlo todo termina por reificar a la Madre Natura, sometiendo a los cuerpos naturales bajo su dominio, incluyendo al humano. La Razón que nos liberaba de los falsos fundamentos del mito, muestra su otra cara, aún más peligrosa: La Razón Instrumental(3). Concepto que define la utilización de las Ciencias y Técnicas al servicio particular de la Dominación. “El campo de concentración y la película de Hollywood”, son los casos paradigmáticos, dirán, de esta Razón. Hoy, el uso de su potencial está estrictamente dirigido al “cálculo del efecto” sobre las masas, es decir, la intención, macabra, de manipular las subjetividades, canalizándolas hacia los valores simbólicos fabricados en cliché bajo el sello corporativo de la gran Industria del Amusement. Un claro, pero no por ello menos terrible, ejemplo de esta desgracia es el Funcionalismo Norteamericano de los años 30, en adelante(4). Sus investigaciones revelan, como en la ficción, las mismas torcidas intenciones del Partido, reemplazando tranquilamente las telepantallas por televisores y radios, y la semana del odio y la propaganda estética por la publicidad, en la novela del magnánimo y tuberculoso Eric Blair, 1984(5). La Industria Cultural, absorbe casi toda tentativa de negación al sistema. En términos de Williams, cada nueva actitud emergente, es más o menos rápidamente neutralizada y transformada en mercancía, pasando a formar parte de la Hegemonía(6). Ejemplos sobran: El Che en todas las remeras, el negocio de las tachas de los AnarcoPunks, discos de A77aque bajo el sello monopólico de “Pop Art”, o los de Ska-P en “BMG-RCA”, las siglas RDA en tacitas y pines varios, etc

En la situación Posmoderna, gracias a la Razón Instrumental, asistimos a la Civilización de la Guerra, pero particularmente a la imposibilidad de sostener una posición crítica y sincera de la realidad, por estar socavada nuestra identidad por la Fábrica de “lo siempre nuevo pero siempre igual”. Sus fundamentos se basan en retroalimentar nuestro hedonismo: el bien y el placer pertenecen, conjuntamente, al status quo.

La apertura del arte a las masas, sumada al lema “todos los estilos para todos los gustos”, acaban por justificar un relativismo de valores, o en consecuencia, una pérdida de los mismos. ¿Cómo puedo decir que lo mío es mejor que lo tuyo si todo está bien? Y si todo está bien, ya nada está mal. ¿Desde qué posición y con qué derecho puedo juzgar un gusto? “Para los gustos no hay nada dicho”, dice una máxima popular. Todo y nada, es lindo y feo. Terrible consecuencia: Lo que de ahora en más produzca la Gran Industria podrá ser absorbido pasivamente y sin ningún remordimiento. El Capitalismo, la situación, mis pertenencias, se justifican con solo quererlo. Así, el Sujeto Crítico que par excellence se había constituido y buscaba potenciarse en los principios de la Modernidad, cae en su propia trampa. Se ha estupidizado o tiende a ello. Los tutores y maestros despreciados por los Ilustrados autodidactas, han sido reemplazados por los agentes de la “Policía del Pensamiento” y su maquinaria Cultural. Esto es muy grave, pues si la autoconciencia ya no es capaz de expresarse, reproducirse y contagiarse, entonces el Proyecto Moderno ha entrado en un coma terminal. Si “todo vale”, vale la ignorancia. ¡Salvajismo el que nos espera! ¡Adiós Civilización!

¿Quién dice que hay que emanciparse? La Antropología Social y Cultural(7), desde Malinowsky en adelante, nos ha demostrado que la Cultura Occidental no era el único camino por donde la humanidad tenía que pasar. Otro tipo de organización social, basados en otros valores, era posible. Estudios sobre otros sistemas “económicos” como el Kula o el Potlach, ponían en evidencia la capacidad del ser humano para basarse en otras “reglas”. Y aunque el Relativismo Cultural haya sido puesto en duda por los Neo-marxistas por hacer la vista gorda de las cuestiones del Poder, aún sigue siendo cierto que no hay un solo Orden Universal de Valores que las personas persigan. En la teoría de Pierre Bordieu(8), lo que permite la “capacidad de discernimiento” entre el bien y el mal, lo lindo y lo feo, un “buen gusto y un mal gusto”, no es el “alma”, sino las disposiciones que tenemos para evaluar, apreciar, clasificar, etc. (los Hábitos). Los Hábitos se aprenden desde la niñez y se internalizan hasta el punto de creer que son –arbitrariamente– “Naturales” (o “Divinos”): es, entonces, un Capital Incorporado. Lo que determina a ese Capital, son las “condiciones sociales de existencia”. Éstas últimas, a modo de resumen, son los ámbitos en donde crecemos: la Sociedad; dividida analíticamente en Campos… Entonces, ya podríamos concluir que el deseo de emancipación enraizado en la “naturaleza” del hombre, no es tal cosa: todo es un maldito relato, como cualquier otro. Esta muerte de los valores y la pérdida del Sujeto Crítico, supondría un cuarto elemento que incitaría al abandono de los sueños.

Pero aún suponiendo que todavía se quisiera recuperar la vieja actitud –y esto como un quinto elemento–, habría que tomar en cuenta que la aceleración de los tiempos y el acercamiento de los espacios, traen consigo nuevos efectos que dificultarían la rearticulación de un único metarrelato liberador. Lyotard, parafraseado por Picó, dice que “… la multiplicación de las máquinas de información afecta y afectará a la circulación de los conocimientos tanto como lo ha hecho antes el desarrollo de los medios de circulación de los hombres, primero el transporte, y los massmedia (sonidos e imágenes) después.”(9) Las revoluciones tecnológicas, cada vez más cerca una de otra, provocan la aparición de nuevos “juegos de lenguaje en base a una heterogeneidad de reglas”(10) y ponen en tela de juicio aquél Sujeto Crítico de la modernidad y su capacidad emancipatoria a través de la Dialéctica del Espíritu (el Logos como fuente Progreso). Pues ahora el Sistema se autolegitima optimizando, técnicamente, “la producción, la memorización, la accesibilidad y la operatividad de las informaciones”.

Hace no más de cien años atrás, antes de la llegada de las novedosas Supertecnologías y el eterno presente, la cultura del libro y el panfleto tenían un significado poderoso sobre las personas. Un manifiesto comunista o anarquista, circulando entre el vulgo y los lugares más recónditos, aunque también en las ciudades, podían dejar una importante huella e incorporar a las masas a los grandes movimientos, unificándolas bajo objetivos específicos. El discurso narrativo, propiamente dicho, era, por definición, casi el único capacitado para elaborar o alcanzar ideas, e incitar al debate crítico, cuando no revolucionario, en el ámbito de la vida diaria. La propaganda desparramada durante más de ochenta años en España (sumada al fragor revolucionario de época), confluyó en el despertar popular como conciencia de oprimidos (más que de clases), ante el levantamiento militar encabezado, más menos, por el falangista y fascista Francisco Franco Bahamonde. El Manifiesto Comunista de 1848, editado sucesivas veces en Europa, terminó por constituir y organizar al temible y legendario Proletariado Mundial contra las infamias de la Propiedad Privada. El poder del discurso razonante y narrativo, era innegable.

Hoy, basta transitar una tarde por pleno Once, para darse cuenta que los papeles sólo están para hacer basura. En su reemplazo (y no en su auxilio precisamente), llegaron las radios, los teléfonos, los televisores, las computadoras, la comunicación satelital, Internet, y demás derivados. La técnica de la información nos ofrece “relatos parciales… lenguajes y variables que sirven circunstancialmente en términos de eficacia para cada una de las situaciones que uno vive”(11). Asistimos a la era de la desnarrativización constante.

Entonces, cinco elementos básicos (Crisis de metarrelatos alternativos, Capitalismo post-Industrial, Razón Instrumental, pérdida creciente de valores, revoluciones tecnológicas) son los que configurarían la situación Posmoderna, momento de escepticismo y, en el peor de los casos, desesperanzadora: La vil Maquinaria, lentamente (¡y cada vez más rápido!) se perfecciona a sí misma.

El debate

Pero más allá de las simples personas que se movilizan por las metrópolis, ataviadas a su conciencia práctica(12), los intelectuales han realizado diagnósticos diversos sobre este clima que se ha traducido en un debate de las Ciencias Sociales. Así, Joseph Pico(13), reconoce tres posiciones más representativas de dicha discusión: Daniel Bell, perteneciente a la sociología neo-conservadora americana, que propugna la recuperación de los valores protestantes que reinaron en la era del Capitalismo Industrial; Jürgen Habermas, representante de la teoría crítica alemana, en la versión Reformista, que continúa defendiendo la fe en el Proyecto Ilustrado; y Jean-François Lyotard, post-estructuralista francés, en la versión Posmoderna, que niega dicho Proyecto en cuanto que el Gran Discurso del progreso histórico y su idea sobre el hombre Ilustrado, tienden a desaparecer desde la década del `60 del Siglo XX.

En primer lugar, Daniel Bell, en su libro Contradicciones culturales del Capitalismo, se presenta formalmente en contra del giro que la modernización cultural ha tomado respecto de la modernización societal. La moral narcisista posmoderna ha provocado que los individuos quieran vivir el aquí y el ahora, arrastrando consigo la pérdida del sentido de lo social y de la fe en el progreso. Existe un problema entre la producción Capitalista y la Libertad individual, en donde la segunda se desarrolla al máximo y se somete al placer, entrando en contradicción con la primera. Los gritos de revolución son ahogados por los deseos de autoestimulación. Hace responsable de este desfase a las Vanguardias artísticas de principios del siglo XX (especialmente al Surrealismo), que desde que lograron integrar el arte a la vida, democratizaron el hedonismo corrompiendo los valores de una sociedad racionalmente organizada y trabajadora, volcándola hacia la irracionalidad de la Cultura del Consumismo y la feroz competencia individualista. El valor Excelencia (del latín excellentia, del verbo excellere –que significa destacar) es lo que resalta en la cultura posmoderna. La búsqueda de la Excelencia se traduce en todos los ámbitos de la vida y refiere más a un logro concreto en un momento dado, a un triunfo puntual, que a un valor duradero: actitud en perfecta armonía con la sociedad individualista en la que vivimos(14). De este modo, el Proyecto Ilustrado ha sido herido de muerte por el movimiento alternativo vanguardista surrealista, al haber atentado contra la moral del trabajo y el progreso lógico y disciplinado.

La solución propuesta por Bell a esta situación, en donde el problema ha sido la pérdida del valor ética-disciplina, es la de restablecer la religiosidad. Retornar a la Cultura del Trabajo expresada en la ética protestante de Juan Calvino. Muchos de los principios del calvinismo se corresponden con las etapas iniciales del Capitalismo, en particular aquellos que señalan que la economía, la industria y el trabajo penoso forman parte de la virtud moral, y que el éxito en los negocios es una evidencia de la gracia divina. En La confesión de Westminster (1647)(15), expresión sistematizada de la teología puritana, Calvino señala que Dios, absoluto y trascendente, crea y gobierna el mundo sin que los hombres puedan comprender sus designios. El predestina para cada uno de ellos la salvación o la condenación, sin que puedan cambiar su sentencia; pero más allá de su destino, el mortal está obligado a exaltar la Gloria de Dios en la tierra y a construir su reinado en ella. La moral calvinista considera todo lo terrenal, la naturaleza del hombre y su carne, pecaminoso, y por eso la única salvación posible proviene de la gracia divina. “Los calvinistas intentaban despejar esa incertidumbre buscando en el mundo señales que aclarasen su destino, y así, por ejemplo, el éxito en los negocios era prueba de que el Creador había elegido su salvación.”(16) De este modo, el empresario capitalista se veía atrapado en la paradoja del deseo de acumular sin límite, sin descanso, y un cierto ascetismo que odiaba el gasto inútil y la ostentación. En vez de aprovechar el dinero y disfrutarlo viviendo opulentamente, el empresario capitalista parecía actuar movido por la vocación del trabajo bien hecho. El trabajo de sol a sol garantizaba al hombre el éxito y atenuaba la angustia de la inseguridad de su destino(17).

La otra posición en este debate es la de Jürgen Habermas, que, en su artículo Modernidad: un proyecto incompleto, asegura que el Proyecto Ilustrado no ha fracasado, au contraire, todavía no ha sido consumado. Ante las acusaciones de los neoconservadores, Habermas defiende las hazañas surrealistas diciendo que “en realidad, la cultura interviene en el origen de estos problemas de modo solo indirecto y mediado”(18), “La modernidad estética es sólo una parte de la modernidad cultural”(19). Para él, la decepción de las Vanguardias se manifestó en dos errores: El primero, fue que la destrucción de la esfera del arte trajo consigo la destrucción completa del arte, cuando se desestructura la forma ya nada queda en pie; y segundo, que “la existencia racionalizada no puede salvarse del empobrecimiento cultural solo a través de la apertura de una de las esferas… La rebelión surrealista reemplazaba a sólo una abstracción”.(20) La lectura que Habermas hace de la modernidad cultural y su problemática, para sostener estos argumentos, se basa, según las ideas de Max Weber, en que las tres esferas (Cognitivo-Instrumental; Moral-Práctica; Estético-Expresiva) se han ido desarrollando autónomamente conforme a sus reglas y lógicas propias, pero que en vez de enriquecer la vida cotidiana con sus resultados (algo con lo que soñaba Jean Antoine Condorcet) terminaron por convertirse en “segmentos manipulados por especialistas y escindidos de la hermenéutica de la comunicación diaria”(21). La salida a la trampa consistiría en “volver a vincular diferenciadamente a la cultura moderna con la práctica cotidiana”, mediante “la creación de una interacción libre de presiones de los elementos cognitivos, morales, prácticos y estético-expresivos”: “El proceso de comunicación necesita de una tradición cultural que cubra todas las esferas”(22). La modernización societal puede ser reconducida a través del desarrollo de, por ejemplo, instituciones que permitan su control. Pero para lograrlo, y fiel a su tradición crítica, Habermas dice que debe realizarse una revisión de los procesos de racionalización, para encontrar aquellos procesos selectivos de racionalización que han culminado en esta realización deformada de la razón en la historia. Considera que lo que ha falseado el pensamiento filosófico tradicional ha sido la falta de una racionalidad del tipo social; así, por ejemplo, todos aquellos movimientos que no fueron vinculados a una economía política, deben ser vistos como reacciones defensivas ante los procesos de racionalización total: los movimientos feministas, ecologistas, etc. ante el marxismo estructuralista-ortodoxo. Así, niega rotundamente que la solución consista en que las esferas se desarrollen autónomamente del modo clásico, tal como lo propone la idiosincrasia sociológica de Bell y sus seguidores. Por ello, también, propone darle otra lectura a las intenciones del Surrealismo, acercándolas a las conceptualizaciones positivas del “arte reificado” de Walter Benjamín y a las obras teatrales de Bertolt Brecht, que suponen un uso real, consecuente y hasta combativo del arte moderno; y ejemplifica con la historia, recogida por Peter Weiss, de un grupo de obreros políticamente motivados que, en Berlin de 1937, “ávidos de conocimientos… iban y venían entre el edificio del arte europeo y su propio mundo hasta llegar a iluminar a ambos”(23). Considera que los neoconservadores americanos “no pueden abordar las causas económicas y sociales del cambio de actitudes hacia el trabajo, el consumo, el éxito y el ocio. En consecuencia, responsabilizan a la cultura del hedonismo…”(24) Este tipo de análisis lleva a vincular infundadamente toda mentalidad de oposición con “diversas formas de extremismo”, como por ejemplo: “entre modernismo y nihilismo, entre regulación estatal y autoritarismo, entre crítica del gasto militar y rendición al comunismo, entre la liberación femenina o los derechos homosexuales y la destrucción de la familia, entre la izquierda en general y el terrorismo, el antisemitismo y el fascismo…”(25).

Por último, critica a los post-estructuralistas porque “sobre la base de actitudes modernistas, justifican un irreconciliable antimodernismo”(26), pues han adoptado una postura crítica que termina destruyendo el propio sujeto en el que se sostenía el Proyecto Ilustrado. Y aquí encontramos la tercera posición del debate. Los post-estructuralistas franceses, fundándose en el contexto de una sociedad ya invadida por los adelantos técnicos, afirman que los lenguajes se han reproducido basados en multiplicidad de reglas. Para Lyotard, la cultura del libro ha dejado de ser, y ahora el Poder atraviesa cada rincón de la cotidianeidad humana: la naturaleza del saber ha sido afectada en dos de sus principales funciones, la investigación (aparición de ciencias interdisciplinarias) y la trasmisión (introducción de tecnologías en la vida diaria, que facilitan la comunicación)(27). De esta manera, según Michel Foucault, la colectividad panóptica (aquella que todo lo vigilaba, a la vez que intentaba pasar lo más desapercibida posible) se ha perfeccionado al punto de que las viejas conceptualizaciones sobre el Poder se han vuelto incapaces de comprender sus mecanismos. La relación entre este nuevo Poder y las personas es totalmente nueva y sutil. Por ello, cualquier gran discurso Ilustrado y totalizador encierra serias desconfianzas, pues la fragmentación de los individuos ya es un hecho. “El gran consenso se convierte en un valor anticuado y sospechoso. Lo que no ocurre con la Justicia. Es preciso, por tanto, llegar a una idea y una práctica de la Justicia que no esté ligada a la del consenso.”(28)

Dado el panorama, Derrida, Foucault, Deleuze, Lyotard, y otros post-estructuralistas, se aprestan a la tarea de la des-construcción, que, según Wellmer, expresa: un rechazo ontológico de la filosofía occidental, una obsesión epistemológica con los fragmentos y fracturas, y un compromiso ideológico con las minorías en política, sexo y lenguaje.(29) “En vez de ofrecer una teoría política general, los post-estructuralistas nos han suministrado análisis específicos de situaciones concretas de opresión. Su atención se centra en la locura, la sexualidad, el psicoanálisis, el lenguaje, el inconsciente, el arte, etc.; pero no sobre un criterio unitario acerca de lo que es política o de las modalidades de su conducción en el mundo contemporáneo.”(30) Por ejemplo, Derrida, recurriendo al Psicoanálisis y la Lingüística, cuestiona la idea de que un texto tiene un único significado inalterable, las intenciones de un autor al hablar no pueden ser aceptadas sin condiciones ni crítica. Esto multiplica el número de interpretaciones legítimas de un texto. La deconstrucción muestra los numerosos estratos semánticos que operan en el lenguaje. La esencia de la estrategia desconstructiva es la demostración de la autocontradicción textual. Afirma que el modo tradicional o metafísico de lectura impone un número de falsas suposiciones sobre la naturaleza de los textos. Este divorcio entre la intención del autor y el significado del texto es la clave de la desconstrucción. Esta metodología analítica es aplicable a la literatura, la lingüística, la filosofía, el derecho y la arquitectura.(31) Estos “desconstructores posmodernos… rehuyen todas las metanarrativas emancipadoras, las sustituyen por una multiplicidad de juegos de lenguaje y se aprestan a desconstruir la lógica modernizadora”(32).

El Anarquismo:

Pasaré ahora a tratar de definir el Anarquismo. La palabra anarquía deriva de dos voces del griego antiguo: αυ (an) αρξη (arjé), y significa, aproximadamente, ausencia de autoridad o de gobierno. Los anarquistas, desde siempre, anhelaron vivir en Acracia, una sociedad completamente antijerárquica y sumida en –valga la redundancia– la anarquía. Esta organización social “posiblemente provenga de una legendaria saga utopista occidental, que ya desde el 1500, en la vasta literatura utópica, postulaban un mundo distinto a conquistar, donde todos trabajasen y creasen, cumpliesen con las obligaciones que fijaba la sociedad y tuviesen amplio tiempo libre para dedicarse también al arte”(33); y que no es ni más ni menos que la Sociedad Comunista, sociedad sin clases, con la que soñaba Marx (el estado final del marxismo). Este rechazo a cualquier tipo de estructura tendiente a la opresión (como Dios o el Estado) no es un simple capricho romántico bajo una actitud maniática, sino que tiene sustento en una óptica tan interesante como sencilla. Cuando un simple individuo se trasviste con algún manto jerárquico que “legitima” la toma de decisiones en el lugar de otros, automáticamente corre peligro –porque la posibilidad ya se ha concretado– de degenerar y corromperse, exaltando sus deseos personales en detrimento de la Sociedad. Para los anarquistas, el problema no radica en, por ejemplo, el policía corrupto, sino que es la Institución policíaca (ya sea tanto la Burguesa como la Socialista Autoritaria-Marxista) la que está podrida en sus cimientos, desde que ha sido mandada a nacer. A su vez, el Estado, sea del color que sea, tiende a la burocratización, a la formación de un uniforme ejército de tecnócratas que terminan por volverlo eterno. Los Libertarios, concientes de esto, buscan eliminar aquellas trabas a su mínima expresión, tratando de evitar que la Corrupción derive en formas que entreguen Poder a seres potencialmente imperfectos. La visión sobre el hombre como “el ser que se corrompe” encierra la vieja idea de Jean-Jacques Rousseau del Buen salvaje; un punto débil y susceptible a discusión por parte de todo conservador, pero que creo que la antropología contemporánea, al menos por otro camino y bajo otras formas, termina por validar.

En este sentido, “da absoluta prioridad al juicio individual; por eso hace profesión de antidogmatismo. No nos transformaremos en jefes de una nueva religión –escribió Proudhon a Marx– aunque esta religión sea la de la lógica y la razón”(34). Podría decirse que es la Voluntad el verdadero motor de la acción, es la que mueve las cosas, es la que hace revoluciones. La coerción sólo adquiere forma en la defensa; es decir, cuando alguien intenta imponerse sobre otro, la violencia como respuesta se vuelve necesaria: de este modo se diferencia del pacifismo más dócil. Pues, el anarquista odia. Detesta con todo su ser lo impuesto, la falta de Libertad: de este modo se diferencia del relativismo permisivo. Y condena la injusticia, provocada por el orden social existente: de este modo se diferencia del conformismo insensible. Me contaba un viejo libertario español (hoy –paradójicamente– abogado), con quien tuve la suerte de trabajar, que las Milicias Antifascistas, organización creada durante la Guerra Civil Española, se regían por un sistema de reclutamiento voluntario. Los que decidían ir al frente a combatir, se alistaban por propia decisión, y podían optar, sólo si así lo querían, por un trato de corte militar y autoritario; e incluso podía darse de baja, siempre y cuando no estuviera en ese mismo momento combatiendo en alguna columna, pues, una vez enrolado se había comprometido con la responsabilidad de “combatir, en el frente”. Otro ejemplo de lo que la Libertad significa para el anarquista, puede verse en los “largos de ficción” filmados durante ese mismo periodo por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) española, en el que abordaban géneros tradicionales, como el melodrama, la comedia y el musical, pero con una mirada muy particular, libertaria. Estos folletines no moralizaban sobre la conducta de sus personajes. Estibadores, prostitutas, artistas callejeros e incluso ladrones y rufianes (todos arquetipos pertenecientes al campo popular) son observados con franqueza y simpatía, de igual a igual, sin ser juzgados desde ningún púlpito. Puede resultar paradójico, pero lo que sucede es que la Anarquía no es un término duro. Difícilmente pueda decirse, sencillamente: “La Anarquía es…”, sin olvidar algo de su constitución. Hay, sin duda, un grado de tolerancia por lo diverso mucho más amplio que en el Marxismo. Una especie de Igualdad en la Diversidad es respetada, pero, sin olvidar que “al Fascismo no se lo discute, se lo destruye”.

Con todo, el anarquismo aboga por el anti-representacionalismo (neologismo que, por lo feo que suena, debo admitir que acabo de inventar). La representación significa someterse a la duda, es entregarse a la fluctuación, es regalar el derecho que constituyen a los hombres como seres libres. Niega la representación y se juega el todo por la participación: su lema es la Acción Directa. La Autogestión y la Horizontalidad valores son que mantienen a raya la intrusión del Poder. Porque “ahí, donde nadie obedece, nadie manda”. Sin embargo, el Anarquismo tiene también su faceta organizativa, lo que lo ha “dividido” (división un tanto ambigua, si se analiza a fondo la cuestión) en Individualistas y Societarios. Nada muy diferente, los primeros se desviven en negar todo movimiento que cercene la Libertad, y los segundos intentan organizarse, tanto en la lucha contra el Capital como en la situación pre-socialista o pos-revolucionaria. Esto, al contrario de debilitar la corriente, habla de la versatilidad y la fortaleza de la misma, en tanto que no excluye –a la vez que amplía el espacio de lucha– a las demás tendencias: es sabido que gran parte de los anarquistas, sino todos, apoyan a los movimientos independientes que se alzan en contra del Sistema y las injusticias, sin la necesidad de afiliarlos a un Partido Unico y haciendo las victorias de aquellos, propias. Así, el anarquismo acompaña, más menos, a los movimientos que no tienen relación directa con el tema del Poder Económico Estatal, pero sí con el Poder y la Desigualdad en general. Voy a omitir adrede la parte de la organización social como intento tendiente a alcanzar la Utopía, no porque no pueda aportar nada (al contrario, pueden sacarse grandes ejemplos prácticos de la práctica revolucionaria de la España de 1936), sino porque me desviaría innecesariamente a donde quiero llegar: dije que iba a trazar las ideas más generales del anarquismo (aparte de que la excluyo, también, más por una cuestión de tiempo que de espacio). Por eso me contentaré solamente con nombrarlas: el Mutualismo Proudhoniano, el Colectivismo Bakuninista y el Comunismo Libertario (Kropotkin, Malatesta y otros); y con decir que todas ellas, tienden al Federalismo y la Internacionalización. Y que el anarquismo fue aplicado al sindicalismo (el anarcosindicalismo).

La Anarquía no es tan sencilla de aprehender, como el Marxismo o la Religión. Para ser un erudito del primero existe El capital, para serlo de la segunda, existen Las Biblias. No existe el manual del Anarquista. Ello se debe a que ella no es, en sentido estricto, una doctrina; su razón de ser es el “ensayo y error” (por así decirlo): tan libre como su nombre. Por ello, podría definirse también como el libreflujo de ideas críticas y autocríticas, razón por la cual jamás lo Libertario será viejo, y será por siempre nuevo. Una cosa es segura: siempre, cada “ensayo y error”, apunta a la liberación corporal y mental de los individuos, del modo menos coercitivo posible: El Estado socialista es inconcebible.

El Anarquismo Post-Estructuralista:

Suena terriblemente contradictorio. Un movimiento nacido y encarnado en el Proyecto Ilustrado moderno mezclado con la teoría anti-moderna de la “filosofía” francesa contemporánea. Esta extraña idea proviene del profesor neoyorquino, asociado de filosofía en la Universidad de Clemson en Carolina del Sur, Todd May. “Propone llegar a considerar el post-estructuralismo como una forma contemporánea de anarquismo.”(35) Lo agregué en el presente trabajo porque creo que tiene una lectura interesante respecto de la situación posmoderna.

Para él, las actitudes de los post-estructuralistas coinciden en algunos puntos con los lineamientos generales del Anarquismo: en la medida en que el “anarquismo puede ser definido como la lucha contra la representación en la vida pública”, “no sólo el poder estatal o el económico son quienes merecen desconfianza, sino todas las formas de poder ejercidas por un grupo sobre otro”; permitiendo “un acercamiento más descentralizado a la intervención política” por parte de la gente. Así, actuación local, resistencia, libertad de acción individual, “Caos voluntarista”, son actitudes que se desarrollan dentro de situaciones específicas y alientan diferentes modos de intransigencia contra la opresión; de este modo, “lo que el anarquismo provee al postestructuralismo es un gran armazón dentro del cual situar sus análisis específicos”.

Sin embargo, considera que buena parte del pensamiento francés-posmoderno, se centra en la crítica de la teoría del sujeto, mientras que el anarquismo tradicional se funda sobre el concepto de que el individuo posee una reserva que es irreductible a los ordenamientos sociales del poder. Los post-estructuralistas aseguran que el fracaso de las Vanguardias se produjo, justamente, por la capacidad del Capitalismo para manipular las subjetividades. Un tanto así lo demuestran las conceptualizaciones de la Escuela de Frankfurt y la constante modernización societal presente. “En definitiva, la reserva de autonomía individual ha sido absorbida por los sistemas de opresión y, por tanto, no está adaptada para formar la base de un cambio social… El anarquismo tradicional, en sus conceptos ideológicos -y, además, por el hecho de tener conceptos fundacionales- traiciona las intuiciones que constituyen su [propio] núcleo. Toda ideología es una forma de representación y, por tanto, el anarquismo como crítica de la representación no puede ser construido sobre una base de conceptos cerrados y dados para siempre.”(36) “Por lo tanto, la teoría post-estructuralista es más coherentemente anarquista de cuanto la teoría anarquista haya dado prueba de ser. La fuente teórica del anarquismo -el rechazo de la representación mediante medios políticos o conceptuales- encuentra la más precisa articulación de sus fundamentos en los teóricos post-estructuralistas… Los anarquistas tradicionales señalaban los peligros de una dominación de la abstracción; los post-estructuralistas han tenido en cuenta estos peligros en todas sus obras.”

Concluye diciendo: “Lo que buscan, sea el anarquismo tradicional o el post-estructuralismo contemporáneo, es una sociedad -o mejor, una serie de sociedades- en la cual a las personas no se les diga quiénes son, qué quieren y cómo vivirán; estando ellas en condiciones de decidir estas cosas por sí mismas. Estas sociedades constituyen un ideal y, como los post-estructuralistas reconocen, un ideal probablemente imposible. Pero es en los tipos de análisis y en las luchas que tal ideal promueve -análisis y luchas tendentes a abrir espacios concretos de libertad en el campo social- que reside el valor de la teoría anarquista, sea tradicional o contemporánea.”(37)

Conclusión:

En el transcurso de este trabajo, me empeñé en demostrar que la Posmodernidad es un concepto ambiguo. Entiendo que Posmoderno sigue siendo Moderno en la medida en que la sensibilidad humana sigue reaccionando ante lo que son las injusticias. Y que Moderno no eran solamente los Metarrelatos más difundidos, sino absolutamente toda la lucha por encontrar una convivencia ética que abarque a la totalidad de los seres vivos, no sólo los humanos, de esta tierra. Quizás este sea otro Gran Discurso al cuál suscribo gratuitamente, pero lejos está de convertirse en un determinismo histórico; y lo que señalar quiero, no es una guía de acción, sino una actitud a tomar frente a la adversidad descontrolada que siempre existió. De modo que la desesperanza se la dejo al Posmoderno pesimista intelectual.

Yo nombré cinco elementos básicos que configurarían la situación Posmoderna: Crisis de metarrelatos alternativos, Capitalismo post-Industrial, Razón Instrumental, pérdida creciente de valores, revoluciones tecnológicas. Bien, lo que me interesaría aclarar es que si bien considero que sí ingresamos en una situación Posmoderna, especialmente por la entrada en escena de las Super-tecnologías y la pérdida de la Cultura Narrativa, creo que lo Moderno no ha muerto en absoluto, pues la batalla y la esperanza por algo distinto sigue en pie. Pero dejando de ser oscuro cuando me expreso, quiero decir que mientras la Modernización Societal sigue su curso (como siempre lo ha hecho), la Modernización Cultural debe despertar de su rigidez y abrirse a nuevas alternativas. No sé si es adecuado que utilice esos términos, pues no me convence la retórica de las tres esferas. Probablemente porque no las entiendo demasiado bien y por eso me resultan sospechosas. Pero más allá de ésta teorización, prefiero pasar, a continuación, a fundar las razones por las cuales yo aún creo en el cambio, frente a la situación real (ya no deseo llamarla Posmoderna y me apuro en abandonar el sintagma).

Hay quienes suelen afirmar que la realidad es imposible de modificar. Ello no por la rigidez del mundo material, sino por la esencia maldita subyacente en el Hombre. Las justificaciones aseveradas por todos ellos (desde liberales, pasando por conformistas, hasta pesimistas) se sostienen en que el mundo es, su configuración social, “naturalmente” dado. Así, definen: “El ser humano, se adapta a su ambiente. Y su mecanismo, ha sido, históricamente, el dominio y la explotación del hombre por el hombre. La pobreza, la desigualdad y la injusticia son males necesarios (como ineludibles, por el “instinto negativo” de la humanidad) y la realidad, no es otra que el reflejo de la “naturaleza del Ser”. De esta manera, el Hombre y su Mundo (su ambiente) son naturales.

Basándome en la definición de Cultura de la Antropología Social y Cultural, como el lugar de todo lo aprendido y transmisible, como los valores y las creencias, y a la vez de relaciones entre seres, niego aquella tendencia de ver la actitud negativa del hombre como algo natural. Quiero decir, al viejo interrogante de “qué es social y qué natural en el hombre”, ofrezco como respuesta que todo lo que haga el ser humano es Social, porque él nace, crece y se desarrolla en una Cultura determinada. Un buen ejemplo del contraste entre diferentes Sociedades Culturales, es el Asado Argentino versus la Vaca Sagrada India. Pero esto no es sólo una contra-afirmación reaccionaria. En lo que sí hay acuerdo en la mayoría de la comunidad antropológica (incluso en la T. Evolucionista), es en la UPB (Unidad Psico-Biológica del hombre): ella es, sin más, la similitud morfológica, las mismas necesidades físicas y la capacidad de desarrollar pensamiento (procesos superiores de la mente). Dentro de este marco, digo yo: Natural es la Capacidad de desarrollar tal o cuál pensamiento y actitud (Hetero, Homo, Bi, Swinger, etc), así como tal o cuál organización social (Capitalista, Comunista, Religiosa, Anarquista, etc.). Refutamos, de este modo, también al Darwinismo Social. Normal es la Cultura histórica donde se sitúa el hombre y su sociedad. Normal hoy día es la Pobreza, la Competencia, la Heterosexualidad, la Represión, el Capitalismo, la Industria Cultural, etc. Todos ellos son Sociales, y si llegaran a ser Naturales, no lo son más que la Igualdad, la Solidaridad, la Homosexualidad, la Libertad, el Comunismo, la Libre Asociación, etc. Otro ejemplo notorio, es el que ofrecen los idiomas: El Inglés no es más natural que el Francés, el Español o el Chino, pues Natural es la Capacidad psico-fisiológica de desarrollar habla. Ante la posible confusión, prefiero reservarme el vocablo Natural a nuestra Capacidad fisiológica y psíquica; y de modo análogo, el vocablo Social a los Posibles Derivados de la mencionada Capacidad. Así quiero demostrar, no el “Buen Salvaje”, pero sí que “el hombre es el lobo del hombre” es un mito instrumental. Creo que no hay razones para decir que el Mundo, tal cual hoy, debe ser siempre. Si somos Sociales y si, especialmente, otras sociedades fueron posibles, entonces sobran razones para edificar un cambio.

En sí, la destrucción de los Valores presenta una problemática particular. “¿Puede la secularización expandirse ilimitadamente sin atacar la base ideológica que sostiene y alimenta la solidaridad social? La Sociología nos enseña que la plena vigencia de un sistema de creencias y valores vividos acríticamente es el cemento espiritual de toda sociedad.”(38) No lo creo. La crítica sistemática sirve para develar sistemas opresivos de valores dentro del seno de una propia sociedad, a la vez que tienden a destrozar su etnocentrismo cultural (etnocentrismo ejemplificado especialmente en la historia de occidente). Como contrapartida, en la medida en que la pérdida de un valor me cause un dolor físico, o una angustia, indeseados, intentaré volver a aferrarme a él. Incluso en Sociedades Irracionalistas (religioso-mitológicas) las personas se movían racionalmente; la diferencia radicaba en que existían otros valores a los que suscribían. La destrucción de un valor, supone la imposición o creación de otro. Sólo cuando el hombre se haya convertido en una máquina, habrá dejado de ser hombre, y ya nada habrá de hacerse. “La vida entre los clones no valdría la pena vivirla”(39). Pero, también considero que la Dialéctica no es aplicable a todo. En ese sentido, los Románticos tenían razón. ¿De qué me sirve saber que el mar está formado de muchos “H2O” cuando lo estoy contemplando y, más precisamente, disfrutando? Las sensaciones son irreductibles, sólo son. Y aquí, podría alegarse que el misticismo y la fe no son susceptibles de crítica. Pero, justamente, la idea de Dios me supone un rechazo en la medida en que otros mortales se esmeran en describirlo, por eso sostengo que el misterio absoluto es lo que alimenta de verdad. Pero (y volviendo al tema), el punto es que las personas hacen lo que hacen porque de un modo u otro se consideran “humanas”. El propio Fascista cree que la suya encierra la verdad, por eso decía lo de la crítica descentralizadora. De este modo, a este trastorno de valores lo considero casi necesario. Para ponerlo en otros términos, ingresamos en la “Duda Hiperbólica cartesiana”. Y ahora sí: aquel que se comporte como el “individualista” en busca de la Excelencia, lo hará bajo la exhortación de abandonar los valores de Libertad, Igualdad y Solidaridad que conforman a todo ser “humano”.

Con la caída de los metarrelatos, creo que se está generando, o al menos puede generarse, una nueva Resistencia o Vanguardia. Ella estaría conformada, sencillamente, por todos. La gente común. La idea de proletariado industrial dividía, conciente o inconcientemente al Pueblo, en partes fijas. Ni siquiera el Lumpenproletariat se salvaba de la selección. La vuelta del arte a la vida, a pesar de su destrucción, termina por alcanzar a todos la posibilidad de combatir las nuevas formas de poder. Este tipo de “contrapoder” ya estaba idealizado en Bakunin, cuando decía que la “buena Juventud” se pondría del lado del oprimido y apoyaría su lucha por la liberación. Este contrapoder es invisible, es acéfalo, ya no es masa, sino multitud. El Anarquista es extranjero siempre, adonde quiera que vaya: Sólo Acracia es su Tierra Prometida; y eso coincide con la resistencia que no tiene nombre. Hay un movimiento “artístico” actual que arranca sonrisas (al menos a mí), y propone una mirada diferente a la del teórico Craig Owens, respecto del sello del autor en su obra. Se ha hecho llamar Luther Blisset o Wu-Ming (Sin-nombre en mandarín). “La documentación sobre Luther Blisset es, a esta altura, una obra literaria en sí misma, construida por personas de todo el mundo, unidas en su desaprensión hacia la idea de autor y de derechos reservados. Esto facilitó la circulación masiva de textos que, de otra manera, hubieran sido censurados, jamás hubieran accedido al mundo editorial, o resultarían carísimos. El versátil Blissett también hace dibujos, animaciones, movidas callejeras y hasta emisiones autómatas de radio (como la de Indymedia en Madrid). Sus homónimos más radicales no son amigos de las ideas dominantes, y concibiendo el arte como herramienta de acción, se han ganado el mote de terroristas, agitadores y revolucionarios”(40)

El Post-Estructuralismo termina descubriendo que “el Poder está en todos lados”, en consecuencia, dar cuenta de ello, predispondría al mundo a decantarse por alternativas concientes. El anarquismo permite toda una gama de actitudes (pues considero que la anarquía es una actitud) que asisten a dichas alternativas. Por ejemplo, consumir de la red del Comercio Justo supondría la puesta en práctica de aquella intención. Así, progresivamente, el mundo se llena de Libertarios sin que ellos mismos lo noten. Pues, en cada actitud de rebeldía, hay un potencial anarquista. Al igual que Neo, cuando veía numeritos por todos lados (La Matrix), yo tiendo a encontrar anarquía por doquier. En este sentido referí, más arriba, a los Dispositivos Kontrakulturales.

Se puede hablar mucho. Se puede hablar sobre intentos de vivir éticamente en la choza del mundo. Y para ello buscar falencias en el mundo actual. O sobre no dejar a nadie considerarse humano, si no presta atención a la problemática social. Invitarlos a callarse o gritarles su negligencia. O contra la razón instrumental y el atentado de la revolución tecnológica narcotizante; saber qué es lo que nos quieren vender y no dejarse doblegar. Hasta puedo llegar a decir que hice un uso positivo de la Industria cultural: desde pequeño, yo siempre fui un gran consumidor del superhéroe Batman, cuando me topé con el Socialimo en mi juventud, degeneré en un pensamiento de tendencia Anarquista (Batman + Socialismo = Anarquía). Y otros delirios. A esta altura, ya no me extraña la supuesta hibridez entre el anarquismo y el post-estructuralismo. Entre la Modernidad y la Post-Modernidad. Todos, de alguna manera, apuestan al futuro. Por lo que me queda por decir que Daniel Bell, es el único que, verdaderamente, me causa mucho asco.

Tratando de redondear: No voy a ser un hipócrita y decir que estoy feliz de que el proyecto alternativo Marxista haya fracasado, sin embargo, que el régimen paranoico estalinista haya terminado me parece una victoria. Por otro lado, hay que agradecerle a Marx por haber incluido el materialismo en los análisis sociales. Sin embargo, considero que toda lucha real contra la Injusticia no debe, de raíz, transformarse en la competencia por el Poder, sino que debe constituirse en la beligerancia, a muerte, contra el Poder.

La Libertad a la que aspiro conseguir, es expresada en la noción que Agnes Heller toma de Norbert Elías respecto del “Cuerpo”(41). Su idea de que la “Civilización” (una mezcla entre lo higiénico y lo ético) termina rechazando al cuerpo hacia los ámbitos privados y particulares, a la vez que lo hacemos en favor de la Sociedad, lo público y lo Universal, me parece apropiada. Para esta Sociedad, lo que hagamos con nuestro cuerpo será de incumbencia personal, pero para sobrevivir, hay que entregarlo a la rueda de la fortuna del Mercado Laboral; terrible contradicción y sagaz engaño: Falsa Libertad. Recuperar el cuerpo significaría, entonces, recuperar las calles, los espacios públicos, pero especialmente, el Cuerpo como idea central de Liberación, contra la degeneración del Espíritu que tiende a dominarlo todo. Representa, para mí, la mejor idea de Libertad Real.

Por otro lado, sigo pensando que el problema central es el Estado que, intervensionismo más o menos, termina siempre por legitimar la Propiedad Privada, elemento fundamental de la organización social burguesa y símbolo máximo de la desigualdad social; o acaba justificando, en nombre del Socialismo en general, los peores totalitarismos que uno pueda imaginar. Pero también debo ser conciente de que ni la desaparición automática del Estado, ni la destrucción del fundamento económico burgués, nos va a traer a Acracia a nuestros pies. “Si el capitalismo y el Estado fueran los únicos culpables, entonces su eliminación por sí misma nos abriría la puerta a la sociedad utópica. Pero debemos tener recelo de las soluciones fáciles. Una de las lecciones de la lucha contra el racismo, la misoginia, los prejuicios sobre gays y lesbianas, etc., es que el poder y la opresión no son reductibles a un solo lugar y a una operación singular.”(42) Es necesario generar la conciencia, antes que la revolución. Si el Poder está en todos lados, entonces los espacios de lucha se amplían. No sólo paralelamente a la lucha contra el Capitalismo, también estratégicamente, hay que apoyar a todos aquellos movimientos que tienden a recuperar los espacios públicos y a acrecentar las posibilidades de libertad humanas. Estratégica porque, por ejemplo, y aunque suene duro, prefiero esta pseudo-democracia antes que la cárcel colectivista roja, pues me permite mucho más margen de acción a la hora de fomentar un progreso serio. Jugando con los conceptos madre de la Revolución Francesa, Libertad, Igualdad y Solidaridad, la iluminación de uno lleva a la degeneración de todo intento serio por traer un mundo mejor. Así, en las Sociedades donde se exalta sólo la Solidaridad, tiende a perderse de vista la Igualdad y la Libertad: tal es el caso de las sociedades religiosas. En las que se incita a la Igualdad; la Libertad y la Solidaridad son socavadas: el Socialismo de Estado. Y donde la Libertad: el Capitalismo. Por último, me animo a decir que la Anarquía, por más situación Posmoderna que se presente, jamás fenecerá, ella es acéfala y corresponde al deseo de Libertad, por ínfimo que sea, de todo ser, y por ello nunca será aplastada. Pues para el anarquista, la Libertad Real es inseparable de la Igualdad; ataviadas en pura Fraternidad.

Y mientras todos los demás hacen la venia a héroes y presidentes, nosotros celebramos a la hormiga y su trabajo. (*)

(*) Fuente: Pablo Alejandro Hsu, “Del caos y la anarquía. De la posmodernidad al anarquismo”, ensayo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.

Notas Finales

1.- Cf. Benjamín, Walter, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Discursos Interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1982, p.57.

2.- Casullo, Nicolas, “El tiempo de las Vanguardias artísticas y políticas”, Itinerarios de la Modernidad, Eudeba, Bs. As., 2004, p.84.

3.- Véase Horkheimer y Adorno, “Prólogo a la primera edición alemana”, Dialéctica del Iluminismo, Sur, Bs. As., 1970.

4.- Véase Klapper, T. Joseph, Efectos de las comunicaciones de masas, Aguilar, 1974.

5.- Cf. Orwell, George, 1984, Bureau Editor, Bs.As., 2002.

6.- Véase Williams, Raymond, Marxismo y Literatura, Ed. Península.

7.- Cf. Rosato, Constructores de Otredad, Eudeba, Bs.As., 2004.

8.- Ibid.

9.- Picó, Joseph., “Introducción VI”, Modernidad yPosmodernidad, Ficha 1, Casullo, p. 42.

10.- Ibid.

11.- Casullo, Nicolas, op.cit.

12.- Véase Williams Raymond, op.cit, “La hegemonía”, p.131.

13.- Picó, Joseph, op.cit., p.41.

14.- Cf. Roman, J., “Excellence, individualisme et légitimité”, Autrement, n.86, Cátedra Filipi, G., p. 61.

15.- Ibid.

16.- Ibid.

17.- Ibid.

18.- Habermas Jürgen, “Modernidad un proyecto incompleto”, El debate modernidad-posmodernidad, Puntosur, p.136.

19.- Ibid., p. 138.

20.- Ibid, p.140.

21.- Idem.

22.- Idem.

23.- Ibid, p.142.

24.- Ibid, p.136.

25.- Ibid, p.135.

26.- Ibid, p.142.

27.- Cf. Picó, Joseph, op.cit., p.43.

28.- Idem.

29.- Idem.

30.- May, Todd, “Post-estructuralismo y Anarquía”, A Rivista Anarchica, http://www.punksunidos.com.ar.

31.- Véase Encarta 97, “Deconstrucción” y “Derrida”.

32.- Pico, Joseph, op.cit., p.45.

33.- Casullo, op.cit., p.74.

34.- Guèrin, Daniel, “prefacio”, El anarquismo, Utopía Libertaria, Bs.As., p.31

35.- May, Todd, op.cit.

36.- Idem.

37.- Idem.

38.- Picó, Joseph, op.cit, p.46

39.- Chomsky, Noam, “Anarquismo, Marxismo y esperanzas para el futuro”, Red & Black Revolution, 1995.

40.- Lorenzo, Analía, “Luther Blissett”, Hecho en Bs.As., 2004, pp.10-11.

41.- Heller, Agnes, “La modernidad y el Cuerpo”, Biopolítica, 1995, Ed. Península.

42.- DeWitt, Rebecca, “Anarquismo Post-estructuralista: una entrevista con Todd May”, http://www.nodo50.org/bpji/arch02.htm.

 

http://elanticristodistro.blogspot.com/2011/02/del-caos-y-la-aanarquia-de-la.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: