Notas preliminares hacia un análisis del “Movimiento de Asambleas Populares”

La convocatoria inicial fue una declaración de independencia y separación de los partidos políticos, la representación y las ideologías. También expresaba el deseo de protestar pacíficamente contra la gestión estatal de la crisis de deuda y contra “todos los que nos han llevado a esto”. Además, una consigna principal era la “democracia real”,  que rápidamente se sustituyó unos días más tarde por  la de “democracia directa”. El esfuerzo inicial, por parte de los organizadores, de establecer un conjunto de normas democráticas específicas para la asamblea fue rechazado por los participantes. Sin embargo, pasados unos días, se establecieron ciertas regulaciones, como el límite temporal de los discursos (90 segundos), el modo en que alguien puede proponer un asunto para discusión (por escrito, dos horas antes del comienzo de la asamblea) y la manera como se elige a los que van a hablar (mediante sorteo). Hay que mencionar también que alrededor del núcleo central de la asamblea general había siempre un montón de discusiones, eventos o incluso enfrentamientos entre los participantes.

Al comienzo había un espíritu comunitario en los primeros intentos  por autoorganizar la ocupación de la plaza y, oficialmente, no se toleraba a los partidos políticos. Sin embargo, los izquierdistas y especialmente los de SYRIZA[1]  se implicaron rápidamente en la asamblea de Sintagma y tomaron importantes posiciones en los grupos que se formaron para gestionar la ocupación de la plaza. Más concretamente, se metieron en el grupo de “secretaría”[2] y en el responsable de “comunicación”. Estos dos grupos son los más importantes porque organizan la agenda de las asambleas, así como el fluir de la discusión. Hay que recordar que esta gente no declara abiertamente su afiliación política y se presentan como “individuos”. Sin embargo, estos políticos son incapaces de manipular completamente una asamblea tan volátil y heterogénea, dado que prevalece la deslegitimación de los partidos políticos. Es muy difícil, no obstante, participar como un individuo en estos grupos concretos, ya que tienes que enfrentarte a los mecanismos de partido en la sombra de los izquierdistas.

Las manifestaciones organizadas diariamente fueron haciéndose cada vez más masivas y expresaban la deslegitimación total del Gobierno y del sistema político en general. En la más grande, participaron unas 500.000 personas (el sábado 5 de junio).

La multitud que está saliendo a la calle todos los días abarca desde trabajadores, parados, pensionistas y estudiantes a pequeños empresarios o antiguos pequeños jefes duramente golpeados por la crisis. En estas manifestaciones en la plaza Sintagma se generó en los primeros días una separación entre los que estaban “arriba” (al lado del Parlamento) y los de “abajo” (en la plaza). Entre los primeros, estuvieron presentes desde el principio grupos nacionalistas y de extrema derecha, que trataron de influir al sector más conservador y/o menos politizado (ya fueran proletarios o antiguos pequeños empresarios proletarizados). Es bastante común que se reúnan frente al Parlamento para ondear banderas griegas, hacer el signo de la mano abierta[3] a los diputados, corear lemas populistas y nacionalistas como “¡Traidores!” o “¡Ladrones!” o incluso cantar el himno nacional. Sin embargo, el hecho de que esta gente sea más conservadora políticamente no significa necesariamente que sea más controlable cuando se intensifican los conflictos con la policía o que se les pueda considerar miembros de los grupos de extrema derecha organizados. Por otra parte, el segundo grupo que forma la asamblea está más orientado hacia la izquierda democrática (patriota, antifascista, antiimperialista), como puede observarse en los comunicados aprobados (consultar http://real-democracy.gr) y es también de composición proletaria (trabajadores parados, funcionarios, estudiantes universitarios, trabajadores del sector privado, etc.)

Los izquierdistas han conseguido organizar una serie de debates sobre la “crisis de deuda” y la “democracia directa” invitando a ponentes procedentes de los sectores académicos de izquierdas (por ejemplo economistas políticos de izquierdas como Lapavitsas) que están relacionados con partidos de izquierdas minoritarios (sobre todo SYRIZA Y ANTARSYA[4]). La organización de estos actos reproduce y refuerza la división entre “expertos” y “no expertos” y el contenido de las presentaciones de los oradores invitados ha estado centrado en una gestión política y económica alternativa de las relaciones capitalistas y de la crisis. Por ejemplo, las principales opiniones expresadas con respecto a la cuestión de la deuda van desde propuestas de “reestructuración de la deuda” hasta la cancelación de la “parte más detestable de la deuda”, o llamadas a una suspensión de pagos inmediata por parte del Estado griego o la salida de la Eurozona y la UE. En cualquier caso, el contenido político expresado en estos actos es el de una ruta alternativa y más patriótica para el “desarrollo del país” y la creación de un Estado socialdemócrata. En otras palabras, estos actos tratan de dirigir el debate hacia un camino alternativo para la reproducción de las relaciones capitalistas en Grecia que llevará a cabo un Gobierno distinto en el que los izquierdistas habrán asumido el papel que merecen… En ocasiones han planteado críticas por parte de los participantes en la asamblea al prominente papel de los expertos en los actos, así como a la concepción de la deuda como un asunto logístico y nacional. Sin embargo, han sido críticas demasiado débiles como para cambiar el rumbo de la asamblea. La propuesta más conocida de una gestión izquierdista de la “deuda nacional” viene de la Comisión de Informes Griegos, constituida por varios políticos, académicos y burócratas sindicales de izquierdas, y que apoya la idea de la cancelación de la “parte más detestable de la deuda”, siguiendo el modelo de Ecuador. La presencia de esta Comisión se estableció en la plaza los primeros días, contra las resoluciones aprobadas para excluir a los partidos políticos y organizaciones con el pretexto de ser ¡una “asociación de ciudadanos”!

Algunos de nosotros nos hemos implicado en una asamblea temática formada por la general, sobre asuntos laborales y de desempleo, llamada Grupo de Trabajadores y Parados. En cooperación con otros compañeros, esta asamblea ha intentado promover la práctica autoorganizativa de la “suspensión de pagos” proletaria, desde abajo, para la satisfacción directa de nuestras necesidades. Por supuesto, esta última es completamente contraria a las propuestas de la izquierda política de “suspensión de pagos de la deuda soberana”. Con este fin se han organizado intervenciones en oficinas de desempleo, llamando a los parados a unirse al grupo en la plaza de Sintagma y tratando de comenzar discusiones con el objetivo de organizar asambleas locales de parados (desafortunadamente, este último objetivo no se ha logrado). También se han organizado tres acciones directas en la estación de metro de Sintagma, en las cuales, en cooperación con un colectivo ya activo en este tema, la llamada coalición de comités “Yo no pago”, se bloquearon las máquinas de validación de tiquets. Los izquierdistas que participan en esta asamblea han tratado de reducir sus actividades a las demandas de la izquierda política, el “derecho al trabajo”, el “trabajo completo, decente y estable para todos”, etc., sin ningún interés real en comunicar sus experiencias de lucha (si es que tienen alguna) y en comprometerse en la acción directa colectiva. Los resultados de esta confrontación quedan reflejados en el comunicado que se produjo y que está disponible en http://real-democracy.gr/en/node/159. Pero el principal problema es que, aparte de nosotros, algunos antiautoritarios/anarquistas y los izquierdistas, la participación de otra gente tanto en las discusiones como en las acciones es casi inexistente, aunque las acciones organizadas han sido aprobadas por la asamblea general.

Esto lleva a otra observación importante sobre la asamblea de la plaza de Sintagma. A pesar de que la asamblea ha tomado estos días decisiones que implicaban la organización de acciones directas, al final muy poca gente ha participado en ellas. Parece que el proceso de democracia directa de votar tan sólo a favor o en contra de una propuesta concreta en una asamblea tan masiva reproduce la pasividad y el papel del espectador/votante individualizado.

Esta pasividad e individualización de una parte significativa de la gente fue superada el día de la huelga general (15 de junio) cuando la necesidad de luchar contra los intentos del Estado de dispersar la manifestación y reocupar la plaza de Sintagma dio lugar no sólo a la participación de miles de personas en los enfrentamientos con la policía, sino también a la expresión de una solidaridad real entre los manifestantes: se liberaba a gente de las manos de los agentes, el equipo médico ayudó a cualquiera que estuviera en peligro por el gas lacrimógeno y los brutales golpes de los agentes, el divertido baile de miles de personas en medio del gas lacrimógeno, etc. Sin embargo, hubo ciertos poderes fácticos, como los medios de comunicación de masas, los partidos de izquierdas y los fascistas, que intentaron fomentar la separación entre los manifestantes por la cuestión de la violencia, acusando a algunos manifestantes violentos de ser provocadores instigados por la policía. Cuando el bloque anarquista/antiautoritario y los bloques de los sindicatos de base llegaron a la plaza de Sintagma, y algunos de los compañeros fueron a la zona frente al Parlamento, un grupo de fascistas utilizaron el lanzamiento de unos pocos (dos o tres) cócteles molotov y empezaron a gritar con megáfonos a los manifestantes que los “kukuloforoi”[5] eran provocadores policiales que debían ser aislados. Este grupo atacó a los anarquistas/antiautoritarios y consiguió que otros manifestantes se implicaran en el ataque. Los anarquistas/antiautoritarios consiguieron hacer frente y responder con éxito a este ataque. Sin embargo, los medios explotaron este incidente pintándolo como un ataque de los anarquistas a los “indignados” (como se llama a la multitud que se manifiesta en la plaza) a fin de fomentar la separación entre manifestantes “violentos” y “pacíficos” dentro del movimiento. Se reprodujo el vídeo de este incidente una y otra vez durante todo el día. Sin embargo, a nivel de la política de la calle, este intento no tuvo éxito, ya que cuando la policía atacó a la manifestación, se encontró con la respuesta de una multitud totalmente mezclada.

Aparte de los medios, los partidos de izquierdas intentaron también fomentar la separación entre manifestantes “violentos” y “pacíficos” a través de su “provocadorología”[6] y las continuas acusaciones y propaganda contra el entorno anarquista/antiautoritario. Sus fines son por supuesto distintos: quieren restringir el movimiento a los límites de la legalidad y pacifismo para poder capitalizarlo políticamente de acuerdo con su idea de participar en un futuro Gobierno que seguirá un camino izquierdista alternativo para el desarrollo del capitalismo griego. No hay que olvidar aquí que el Grupo de Trabajadores y Parados de la plaza de Sintagma, en el que participamos algunos de nosotros, emitió una resolución condenando la “provocadorología” y las falsas divisiones dentro del movimiento, pero el texto nunca se votó como tema de debate, debido a la intervención y manipulación de los organizadores izquierdistas, combinadas con el débil apoyo recibido de otros participantes.

Sin embargo, se han expresado un montón de opiniones referidas al tema de la “provocadorología”, así como al “carácter violento o pacifista de nuestro movimiento”. El carácter dinámico y contradictorio de la asamblea se puede observar en algunas de sus decisiones dos días antes de la huelga general de 48 horas del 28 y 29 de junio. ¡Los organizadores de izquierdas lograron ganar una votación para pedir a las fuerzas policiales que “muestren respeto a los deseos de la gente y al derecho constitucional de la soberanía del pueblo […] y no impidan que la gente proteja su propia Constitución”! Al mismo tiempo, hubo otra resolución que condenaba a “los profesionales de la violencia, que sirven al sistema y no al movimiento”, reflejando la provocadorología izquierdista contra aquellos que no actúan según la ideología de la obediencia a la “ley y el orden”. Por el contrario, un día después, en otra decisión la asamblea votó a favor de “quienes se enfrentan a las fuerzas de la represión. Nadie con un megáfono debería hablar en su contra”. Ese mismo día se desechó la propuesta de “condenar cualquier tipo de violencia durante las próximas 48 horas de huelga”.

Hay que señalar que hasta ahora el “movimiento de las plazas” ha sido realmente efectivo en el sentido de que ha conseguido ampliar el campo de la oposición a la política gubernamental, algo que las huelgas generales convencionales y las huelgas sectoriales aisladas no habían conseguido. Ha obligado a la desacreditada GSEE[7] a convocar una huelga de 24 horas el 15 de junio y otra de 48 horas cuando se iba a votar el segundo “memorándum”[8], y muchos trabajadores tuvieron la oportunidad de participar en las manifestaciones desde por la mañana hasta la noche. Aunque no se consiguió evitar la votación del memorándum, sí que se logró crear una profunda crisis política y de gobierno. Nunca antes, ni siquiera durante los disturbios de diciembre de 2008, el sistema político de representación había estado tan irreparablemente deslegitimado. Sin embargo, los organizadores izquierdistas consiguieron preservar el papel mediador de los sindicatos -al menos a un nivel ideológico- a través de un cartel unitario en el que llamaban a la huelga de 48 horas.

Una primera observación sobre esta huelga es que es imposible hacer un recuento estimado del número de personas que tomaron parte en los acontecimientos que tuvieron lugar estos dos días. Hubo un flujo continuo de gente hacia y desde el terreno de lucha en el centro de Atenas (es decir, la plaza Sintagma y las calles aledañas) y el número de manifestantes fue desde unos pocos miles a hasta 100.000 personas. Sin embargo, la participación en la huelga, en la manifestación y en los conflictos fue algo menor el primer día que el segundo: el número de manifestantes en la plaza Sintagma el martes 28 de junio no superó los 20.000.[9] Ambos días tuvieron lugar duros enfrentamientos entre los manifestantes y los policías antidisturbios en una gran parte de la ciudad alrededor de la plaza Sintagma. Los antidisturbios lanzaron miles de granadas de gases, creando una atmósfera tóxica y sofocante. Es casi seguro que el segundo día la movilización fue más intensa y más masiva.

Según la policía, resultaron heridos 131 agentes, 75 personas fueron detenidas y se les imputaron cargos a 38 de ellos. Según el equipo médico de la plaza Sintagma, más de 700 personas necesitaron primeros auxilios en los centros médicos improvisados en la plaza y dentro de la estación de metro de Sintagma, y unos 100 tuvieron que ser trasladados al hospital. Se atacaron bancos, edificios ministeriales, hoteles de lujo, la oficina de correos de Sintagma y unos pocos comercios y restaurantes.

No hay duda de que, desde el comienzo, el objetivo del Estado era evacuar la plaza, y aterrorizar y dispersar a los manifestantes[10]. Sin embargo, la postura enérgica y persistente de los manifestantes queda perfectamente reflejada con el lema “No dejaremos la plaza”. Como resultado, el enfrentamiento con la policía, material y verbal, fue casi continuo. El primer día, la mayoría de la gente fue expulsada por la policía a las calles que rodean la plaza, con enfrentamientos más o menos largos, hasta que la policía consiguió crear un cordón policial alrededor de la plaza, impidiendo que se acercara nadie. A pesar de eso, unos pocos cientos se quedaron en la plaza hasta bien entrada la noche.

El segundo día, aparte de la concentración en la plaza Sintagma, se intentó organizar bloqueos a primera hora de la mañana para evitar la entrada de los diputados al Parlamento. Aunque fue aprobado por votación en la asamblea de Sintagma, así como por las asambleas formadas en otros barrios de Atenas, desafortunadamente, sólo unos pocos cientos de manifestantes participaron en estos bloqueos, que inmediatamente fueron duramente atacados por la policía, que los desmanteló rápidamente. Así pues, el plan de evitar que los políticos entrasen al parlamento no funcionó. En el caso del bloqueo de la avenida Vasileos Konstantinou, la policía hizo retroceder a los manifestantes a las calles cercanas, donde montaron barricadas y, tras unas horas de tibios enfrentamientos con los antidisturbios, empezaron una larga manifestación que discurrió por las zonas turísticas del centro, para acabar en una gran concentración en la plaza Sintagma. Hay que recordar que la organización de los bloqueos fue totalmente ineficiente, ya que las organizaciones izquierdistas, que habían jugado un importante papel a través de su control sobre los principales grupos de la asamblea de Sintagma, no hicieron nada para asegurar una mayor participación y un enfrentamiento real con la policía. Por supuesto, la actitud de los izquierdistas no es excusa para la incapacidad de la propia asamblea de llevar a cabo sus decisiones y la pasividad de una gran parte de sus participantes.

En cuanto a los conflictos alrededor del Parlamento, el segundo día hubo escenas parecidas a las del primero, pero la policía tuvo mucho más difícil lograr sus objetivos. Miles de manifestantes participaron en los enfrentamientos el segundo día. La mayoría de los manifestantes estaban preparados para ello, con máscaras de gas u otro equipamiento de protección improvisado; muchos llevaban antiácidos, mientras que algunos iban totalmente equipados para luchar contra los agentes. En la mayoría de los casos, había una “línea del frente”, en la que transcurrían las batallas y una “retaguardia” en la que la gente coreaba lemas, ayudaba a los que lo necesitaban e incluso “proporcionaban” gente nueva a la “línea del frente”.

La “gente pacífica” respaldó esos enfrentamientos con la policía: la presencia física de la propia multitud era en sí un obstáculo para las maniobras de la policía. Los manifestantes bloquearon el paso de un grupo de motocicletas de los infames “DIAS” y “DELTA”[11] manteniéndose frente a ellos cuando los policías estaban dispuestos a cargar. Los manifestantes “pacíficos” no estaban asustados por los enfrentamientos, y sólo las continuas cargas, masivas y violentas, de los antidisturbios y los policías motorizados consiguieron hacer que abandonaran las calles alrededor de Sintagma. Contrariamente a lo que muchos habían proclamado los días previos, y especialmente durante los choques con la policía el 28 de junio, éstos no “asustaron” a la “gente”, sino que, en cierto sentido, expresaron la rabia acumulada contra un Gobierno totalmente deslegitimado, la brutalidad de la policía y el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase obrera. Especialmente este día, reaparecieron los rebeldes de Diciembre de 2008 (anarquistas, antiautoritarios, estudiantes, hooligans, jóvenes proletarios precarios) en las calles de Atenas, junto con una parte considerable de la clase obrera más “respetable” y estable, que protestó contra las medidas de austeridad enfrentándose a la policía. Era la primera vez, desde el 5 de mayo de 2010, que ocurría tal cosa.

La huelga de 48 horas tuvo otra semejanza con la revuelta de diciembre de 2008: la alegría. Muchos lemas o cánticos de los manifestantes contra el Gobierno y el FMI estaban basados en lemas o cánticos de las gradas de fútbol, mientras que durante los enfrentamientos con la policía, los tambores animaron a los manifestantes y les incitaron a seguir en sus posiciones.

Ambos días la policía consiguió “limpiar” los alrededores y las calles centrales a última hora de la noche, y sólo unos pocos “tercos” se quedaron toda la noche en la plaza.

Los miles de personas que participaron en los enfrentamientos, así como su diversidad, desafiaron en la práctica las teorías conspirativas de los partidos y organizaciones de izquierdas y de los medios de comunicación sobre los  “provocadores” o las “bandas paraestatales”, y demostraron lo ridículo de la propaganda dominante acerca de esos grupos “específicos” que siempre “crean el caos”, etc. Mucha gente se dio cuenta de la necesidad de lanzar piedras, de hacer hogueras[12] y de montar barricadas en las calles contra los agentes armados, furiosos e implacables que ejecutan las órdenes del capital y su Estado.

Este cambio fue también el resultado de la superación de las (normalmente verbales) confrontaciones entre los manifestantes “no violentos” y los “violentos”, durante las movilizaciones del último mes. Muchos “no violentos”, especialmente los mayores, se dieron cuenta finalmente de que detrás de las “capuchas” de los “provocadores” había gente joven normal y corriente, llena de rabia. En un caso, vimos a una mujer de unos sesenta años hablando amistosamente con un “enmascarado” de 16 años sobre el “derecho a responder a la policía”, mientras que al mismo tiempo manifestantes “indignados” bien vestidos discutían con “manifestantes violentos” sobre temas parecidos. En otros casos, la gente “no violenta” con problemas respiratorios recibieron la ayuda de manifestantes “encapuchados” bien preparados. La violencia es sólo un tema más en las continuas discusiones y disputas sociales y políticas que están surgiendo dentro de la multitud movilizada, y juegan un importante papel en la forma que están tomando las movilizaciones y las actitudes contradictorias de muchos manifestantes. Podemos afirmar que estas disputas crean una limitada esfera proletaria pública en la que se ponen sobre la mesa asuntos teóricos y prácticos.

Otro aspecto importante de los días de rabia fue la combinación de disturbios y fiesta. Durante las luchas había música en vivo, la gente cantaba y, como hemos mencionado anteriormente, ¡en algunos casos las batucadas acompañaban los contraataques contra los antidisturbios! La tarde del 28 de junio, hubo un concierto a pesar de las luchas y los gases, y los manifestantes bailaban mientras la policía lanzaba gas lacrimógeno a la plaza. Las expropiaciones de pastas, tartas y helados de una franquicia de cafeterías en la plaza dieron a la lucha un sabor dulce el día 29, aunque el grupo de provisión de comida más tarde condenó el saqueo desde los megáfonos, probablemente después de haber sido reprendidos por algunos “organizadores” de izquierdas. Esa misma tarde, un gran grupo, formado principalmente por miembros de SYRIZA, intentó evitar que la gente amontonara piedras para utilizarlas contra un posible ataque de los antidisturbios. Sin embargo, al no tener un plan alternativo para afrontar el ataque, pronto desistieron en su empeño. Poco más tarde, se retiró el equipo de sonido con el pretexto de que podría resultar dañado. La decisión de retirar la “voz” de la movilización en ese momento particular, cuando los enfrentamientos con la policía en los alrededores de la plaza aún eran rabiosos, minaba claramente la defensa de la plaza. Algunos minutos más tarde un montón de antidisturbios invadieron la plaza y en una operación de barrido particularmente violenta consiguieron dispersar a la multitud hacia la estación de metro. Sólo unos pocos cientos volvieron e incluso menos se quedaron en la plaza por la noche.

Hay que mencionar también que la sensación de rabia contra los políticos y la policía está creciendo realmente. Aparte de los enfrentamientos, bastante extendidos, esta rabia también se refleja en las condenas verbales que uno puede oír aquí y allá: “deberíamos quemar el Parlamento”, “habría que colgarlos”, “deberíamos tomar las armas”, “tendríamos que visitar las casas de los diputados”, etc. es digno de mención que la mayoría de estas declaraciones vienen de gente mayor. Varios casos de “detenciones” de secretas por parte de montones de personas también revelan el grado de rabia acumulada: la noche del 29, los manifestantes retuvieron a un secreta dentro de la estación de metro de Sintagma intentando detenerlo, hasta que voluntarios de la Cruz Roja intervinieron y le ayudaron a escapar (según algunos rumores, no llevaba arma cuando se fue…).

En cuanto al papel de los sindicatos (GSEE-ADEDY), excepto por su convocatoria de huelga general de 48 horas, que fue más o menos el resultado de la presión desde el “movimiento de las plazas”, en realidad no jugaron un papel importante. Es característico que sus bloques sólo atrajeron a unos pocos cientos, y el segundo día, cuando ya se había aprobado el paquete de medidas de austeridad, GSEE organizó su concentración a última hora de la tarde en otra plaza del centro de la ciudad (¡que al final sólo fue un paseo hacia la plaza Omonia, que está en la dirección contraria!) Además, el 30 de junio, la GSEE, fiel a las teorías conspirativas, publicó un comunicado de prensa en el que condenaba “la destrucción y los disturbios premeditados entre “encapuchados” y la policía, que cooperaron contra los trabajadores y los manifestantes […] La GSEE condena cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, y exhorta al Gobierno a asumir sus responsabilidades…”. Por otra parte, ADEDY adoptó una postura más cauta: en sus comunicados de prensa del 29 y 30 de junio, condenó el “barbarismo del Gobierno” y “la brutalidad policial” contra los manifestantes, ¡e incluso convocó una concentración para el 30 de junio en la plaza de Sintagma que nunca organizó!

Algunos puntos generales concernientes al movimiento contra la imposición de las medidas de austeridad más duras desde la II Guerra Mundial:

1)                  El nacionalismo (sobre todo en una forma populista) es dominante y está favorecido tanto por varios grupos de extrema derecha como por partidos de izquierdas e izquierdistas. Incluso para muchos proletarios o pequeño-burgueses golpeados por la crisis que no están afiliados a partidos políticos, la identidad nacional se presenta como el último refugio imaginario cuando todo se viene abajo rápidamente. Detrás de los lemas contra el “Gobierno vendido y extranjero” o por la “salvación del país”, la “soberanía nacional” y una “nueva constitución” subyace un profundo miedo y alienación para el cual la “comunidad nacional” es una solución unificadora mágica. Los intereses de clase se expresan a menudo en términos nacionalistas y racistas que producen un cóctel político confuso y explosivo.

2)                  La manipulación de la principal asamblea en la plaza Sintagma (hay otras cuantas en varios barrios de Atenas y ciudades griegas), por miembros de partidos y organizaciones de izquierdas “de incógnito”, es evidente y un obstáculo real a cualquier dirección de clase del movimiento. Sin embargo, debido a la profunda crisis de legitimación del sistema político de representación en general, ellos también tienen que ocultar su identidad política y mantener un equilibrio entre un discurso general y abstracto sobre la “autodeterminación”, la “democracia directa”, la “acción colectiva”, el “anti-racismo”, “el cambio social”, etc. por una parte, y el nacionalismo extremo y el comportamiento a lo matón de algunos individuos de extrema derecha que participan en grupos de la plaza por otra parte, y todo esto de una manera no tan exitosa.

3)                  Una parte significativa del medio antiautoritario, así como una parte de la izquierda (sobre todo los marxistas-leninistas y la mayoría de los sindicalistas) mantienen distancias con respecto a la asamblea o son abiertamente hostiles a ella: los primeros la acusan de tolerar a los fascistas frente al Parlamento o a los miembros del grupo de defensa de la asamblea y de ser un cuerpo político pequeño-burgués y reformista manipulado por ciertos partidos de izquierdas. Los últimos la acusan de ser apolítica, hostil a la Izquierda y al “movimiento obrero sindicalizado y organizado”.

Una cosa es cierta: este movimiento contradictorio y volátil atrae la atención de todas las partes del espectro político, y constituye una expresión de la crisis de las relaciones de clase y de la política en general. Ninguna otra lucha se ha mostrado en un modo más explosivo y ambivalente en las últimas décadas. Lo que todo el espectro político encuentra inquietante en este movimiento asambleario es que toda la rabia proletaria (y pequeño-burguesa) acumulada y la indignación no se expresa a través de los canales de mediación de los partidos políticos y los sindicatos. Por tanto, no es tan controlable, y es potencialmente peligrosa para el sistema de representación política y sindical en general. Así pues, el papel de la “provocadorología” es crucial: sirve como un exorcismo, una calumnia contra una parte creciente de la población que, exiliada en la tierra de nadie de la “actividad paraestatal” debe ser desactivada. En otro nivel, el carácter multiforme y abierto de este movimiento pone en la agenda el asunto de la autoorganización de la lucha, incluso si el contenido de esta lucha sigue siendo vago. El debate público sobre la naturaleza de la deuda es un asunto espinoso, dado que puede dar lugar movimiento por la “negativa a pagar” del Estado griego (algo que va bastante más allá del horizonte político de los partidos, los sindicatos y la gran mayoría de la izquierda extraparlamentaria, estatista como es). Después de la sangrante votación del Programa a Medio Plazo, no está claro qué dirección tomará el movimiento de las asambleas en un momento en que todas las certezas parecen fundirse en el aire.

TPTG
11/7/2011

Traducción: Editorial Klinamen


 

[1] NdT: Syriza es una coalición de partidos de izquierda formada en 2004. Su partido principal es Synaspismos, que surgió a finales de los 90 de la ruptura de una coalición entre el KKE y otros partidos de Izquierda.  Actualmente tiene 13 diputados en el parlamento griego.

[2] NdT: Parece ser equivalente a las comisiones de dinamización que se han organizado en muchas asambleas del 15-M.

[3] NdT: El signo de la mano abierta, en griego moutza o faskeloma, es el principal gesto de insulto en Grecia.

[4] NdT: ANTARSYA, acrónimo griego del Frente de la Izquierda anticapitalista griega, es una coalición de izquierdas formada en 2009. En griego, ANTARSYA suena igual que la palabra que significa ‘motín’.

[5] NdT: El término ‘koukouloforoi’ (se lee “kukulofori”) significa literalmente ‘enmascarado’ o ‘encapuchado’ y es el término habitual que utilizan los medios para referirse a los manifestantes violentos.

[6] NdT: Los autores se refieren al clásico mito izquierdista de que los disturbios siempre son provocados por infiltrados policiales o que los disturbios siempre le hacen el juego a la policía, lo que obviamente no significa que no haya provocadores policiales e infiltrados en las manifestaciones que puedan en algún momento provocar disturbios.

[7] NdT: Confederación General de Trabajadores Griegos, el principal sindicato griego de trabajadores del sector privado.

[8] NdT: El memorándum es el acuerdo entre la UE, Grecia y el FMI en el que se acuerdan los recortes y condiciones que debe llevar a cabo Grecia para recibir un segundo rescate. Se votó y aprobó el 29 de Junio en el Parlamento Griego.

[9] El hecho de que la mayoría de la gente decidiera hacer huelga el segundo día de la huelga de 48 horas, cuando se votaba el “programa de consolidación fiscal a medio plazo”, reveló enfáticamente el carácter ideológico y  engañoso de las llamadas izquierdistas a una huelga general indefinida. La gran reducción en los ingresos y los recursos de los trabajadores, combinada con una crisis general de los sindicatos, hace que tal perspectiva sea totalmente imposible, al menos a corto plazo, tanto a nivel objetivo como subjetivo. Por tanto, las llamadas izquierdistas a una huelga general indefinida están faltas de cualquier contenido real y son utilizadas como propaganda pseudomilitante a fin de ocultar su total incapacidad y/o deseo de comprometerse en la organización de acciones directas relevantes y prácticas que promuevan la “suspensión de pagos” proletaria desde abajo. Los cuadros de todos los partidos y grupúsculos izquierdistas están mucho más interesados en mantener sus posiciones institucionales en los distintos sindicatos, asociaciones y organizaciones no gubernamentales, que en promover cualquier actividad antagonista de clase que sea real.

[10] Como más tarde quedó de manifiesto en los medios, este objetivo ya se había planeado y decidido el martes en una conferencia de alto nivel de mandos de la policía griega, y demuestra tanto la importancia que el Gobierno dio a la votación de las nuevas medidas de austeridad, como el absurdo de la teoría de la “provocación” a los agentes mediante la violencia. Además, a partir de las acaloradas discusiones entre los antidisturbios y los manifestantes podemos sacar la conclusión de que esos cuerpos deben de haber recibido algún tipo de entrenamiento ideológico por parte de oficiales, de modo que no tuvieran dudas morales a la hora de ejecutar las órdenes: el argumento mayoritario era que la mayoría de los manifestantes eran “funcionarios que han perdido sus privilegios”…

[11] NdT: DIAS y DELTA son cuerpos especiales de la policía griega que van en moto.

[12] NdT: Los manifestantes muchas veces hacen hogueras porque se supone que neutraliza los gases lacrimógenos, haciendo el ambiente más respirable.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/18205

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: