[Sofia C.] Apreciaciones políticas e ideológicas al 15-M

En muy pocos días ya se ha hablado mucho acerca de lo que está ocurriendo entorno a las acampadas y el movimiento virtual-real. Se ha dicho que se trata de un movimiento autonomista; de inteligencia colectiva; de una revolución de clase; de una coordinación social libertaria; de un fenómeno de moda; de un complot geek o de una hacker-conspiración. Lo interesante de todo esto es que ninguna de esas versiones llegan a ser totalmente excluyentes, las personas, como los intereses y las visiones del mundo (ideologías), se están moviendo y están mutando. El panorama en las acampadas es algo similar a lo que ocurre en las mentalidades, se transita, se cambia de opinión, se consensúa, se organiza, se actúa. Las identidades si es que las hay se traspasan entre ecologistas, feministas, anarquistas, etc.

Se tiene la sensación de estar participando en un hecho histórico trascendental (y lo es) y también se tiene la perspectiva de ser parte protagonista de un fenómeno en un momento y circunstancia privilegiados, en el que apremia tomar las mejores decisiones sin equívocos, aprovechando la fuerza que se ha alcanzado y en el que cada cosa que se dice y se hace, construye el futuro tanto del movimiento, como de la vida política de las personas y las ciudades. Las comparaciones entre mayo de 2011, con mayo del ’68, parecen buscar las exaltaciones del sentimiento de subversión, el ingrediente de vitamina.

A que mejora la vista, que abre los ojos, es como diría Galeano, el entusiasmo que nutre la fuerza social. Finalmente somos seres sensibles, que lejos de la romería sinsentido, aprendemos, fomentamos la creatividad, la imaginación, el cariño, la comprensión y solidaridad con los hermanos de clase. Somos tan responsables de lo que hacemos en conjunto, que nos preocupamos porque las cosas más nimias funcionen a la perfección.

Partiendo de las individualidades, cada quien con sus propias perspectivas sobre el diagnóstico de lo que se tiene y el cambio que se espera, vamos adoptando, transformando, cediendo y sintetizando posturas en busca de fines colectivos. Es cierto que no tod@s están dispuest@s a todo, que hay tensión y roces políticos. El que dice introspectivamente no voy a más y el que se repite constantemente haremos la revolución. Aquí el análisis de la radicalidad tiene su pertinencia en cuanto a la división que existe por l@s que buscan un cambio en el sistema electoral y l@s que buscamos un cambio en el sistema sin apellidos. ¿Qué es o que está ocurriendo? Pues prácticamente una conexión social simultánea sin precedentes, apoyada por los medios tecnológicos. Es una puesta en colectivo a gran escala de una organización por parte de un sector seriamente afectado e indignado por las crisis económicas recientes. Es un primer paso de inconformidad hacia la situación de precariedad. Pero también es un acto de concienciación y de apropiación de una cruel realidad que much@s por comodidad o indiferencia no se habían atrevido a conocer ni a confrontar anteriormente. Es la explosión multitudinaria de reflexiones que ya se gestaban en el descontento particular silenciado y que ahora han coincidido en la necesidad de conectarse con l@s otr@s much@s descontent@s silenciad@s. Es el salto cualitativo de la inconformidad en solitari@ a la necesidad de inconformarse con la fuerza de la unidad.

Sobre la procedencia de la indignación

Algunos Forward o reenvíos recientes que circulaban masivamente por nuestros correos en los que se aludía a la pasividad española, o con el fenómeno Wikileaks con sus descubrimientos, que nos dejaban a la sociedad global todavía más en ridículo, por estar en medio de una contemplativa quietud permisiva de los opresores, terminó por preparar el terreno de la indignación. Se iba gestando la inconformidad ante la falta de empleo creciente, ante el nuevo reparto del pastel electoral por parte de políticos y banqueros, en el que la población sólo tenía la opción de señalar, pero nunca de decidir. Ante la inminente reforma laboral aprobada “en lo oscurito”, ante las movilizaciones en el resto de Europa que parecían gritar “hasta los países mejor posicionados en la Unión Europea nos movilizamos y España que es parte del rezago económico ni se inmuta”. El orgullo peninsular, de la sociedad que históricamente ha dado muestras de rebeldía organizada, de irrupción en la toma del poder por parte del sector laboral se había visto afectado, frente al ejemplo de una Grecia reactiva y corrosiva, víctima del rezago del estado de bienestar y de los acuerdos financieros de los organismos internacionales FMI y BM, que no posponía su salidas a las calles. Un compañero acertadamente decía: “Nos han echado de los tajos a la puta calle, pues entonces, ¡a la calle nos vamos!” El movimiento cuenta con la asistencia de miles de personas a tiempo completo, porque no hay empleo. Es la evidencia más tácita de la crisis actual. Los ejemplos de Islandia también pesan demasiado sobre la memoria colectiva en éstas movilizaciones, así como las recientes rebeliones en Libia. Sin duda un paisaje de convulsión social y del cáncer capitalista.

La sociedad en el Estado español, que se ha sabido organizar sindicalmente con una memoria que pesa sobre todo en el último siglo, y que había mantenido latente la necesidad de denunciar su indignación, por fin daba señales de desobediencia con alaridos de repudio a la clase del elitismo político.

Desde que estallara la burbuja financiera que puso en jaque a Estados Unidos, desde que los propios ideólogos economistas del capitalismo anunciaran la bancarrota y crisis mundial, en Europa se perfilaba el destino para la sociedad y en especial para la española. Aquí donde el boom inmobiliario surgido de una estafa, pasaba factura a l@s ciudadan@s con recortes a los derechos de l@s trabajadoræs, con despidos en masa, con una creciente y progresiva disminución del ingreso económico, se producían al mismo tiempo las formas de contención televisiva para el descontento social. La propagación de sentimientos nacionalistas, auspiciados por el triunfo deportivo del mundial, con emisoras que promovían inmoderadamente el cotilleo de la farándula, mientras disimulaban la gravedad en la aplicación de leyes en el marco estructural como la del Plan Bolonia, con la finalidad de vinculación agresiva entre universidad y empresas. El bombardeo de campañas electorales no era inocuo de descalificaciones a movimientos independentistas y otras artimañas políticas para ganar adeptos, en éste proceso los buitres contendientes, se han valido de todo para posicionarse y legitimarse de forma artificial ante la incapacidad de hacerlo de forma real. La fabricación de enemigos públicos y la fabricación de hazañas loables por parte de los partidos y sus representantes de forma descarada, han intentado en los últimos días ganar la confianza y anuencia de la escasa población que asiste a votar.

Éste es el contexto en el que un par de freaks de la informática lanzan una convocatoria por Internet a sumarse a un programa de acción por la democracia real, cuyos principales ingredientes de cooptación fueron la negación de una ideología política y la renuncia a la participación como miembros de una firma organizativa ya conocida. Pese a que los llamados por parte de las organizaciones de izquierda en Salamanca y otras ciudades no han sido pocos, además de su activismo insistente por cambiar el estado de cosas con infinidad de carteles, volantes, octavillas, mítines y conferencias, no se ha llegado a la capacidad de sumar a un mayor número de simpatizantes. La incredulidad de much@s hacia las organizaciones históricas que vienen trabajando desde hace tiempo, impedía que acudieran al llamado a protestar por las reformas desde meses atrás.

Los iniciadores o como se les ha llamado padres de Democracia Real Ya! (que posteriormente se desvincularían porque como declararon, el movimiento ya no sigue sus principios sino que ha reconstruido una dinámica y lógica propias, ajenas a la intención original), se las ingeniaron para que el mensaje llegara al mayor número de personas, algo así como las campañas electorales, usando sus métodos electrónicos de difusión o como la publicidad empresarial, infiltrándose como virus a millones de páginas de redes 2.0 y a direcciones de correo electrónico, manteniendo una conexión horizontal, eso sí muy distinta a la verticalidad en que funciona el sistema político y económico presente.

El traspaso del hactivismo al activismo, se fue sucediendo en Centros Sociales Okupados como “El Patio Maravillas” en Madrid, donde nos hemos dado cita infinidad de colectivos por causas variadas contra la represión. Después del “Patio” se siguieron haciendo pequeñas asambleas, sumando más y más gente, hasta la historia ya conocida a partir del 15M. No se puede decir que el motor de la movilización se encuentre en un par de personas, cuando hay condiciones extremas de precariedad y donde el futuro parece no alentar a ningun@. Las condiciones objetivas se habían dado y estábamos y seguimos esperando que las subjetivas alcancen su máximo nivel.

Sobre las expectativas, los límites y alcances.

Nada está escrito, pero si son muchas ya las dignidades ofendidas. Los alcances del movimiento darán hasta donde dure el descontento y las fuerzas. Está claro lo que se pretende y cuáles son los principales enemigos: los especuladores de la banca, la clase de élite política y el sistema económico. Las formas de enfrentarlos son diversas y en construcción, pero definitivamente cada movimiento, en cada pueblo y cada región tendrá que secundar las reivindicaciones para construir una revolución que será internacional o no será. La revolución de l@s trabajadoræs es inconcebible desde las fronteras nacionales.

Lo que el movimiento de los indignados está provocando, ya cuenta sobre las enseñanzas sociales. Un estallido de hartazgo en el expediente mundial, mella sobre las futuras movilizaciones. Pero el debilitamiento está ahí, acechando y al cual las autoridades están apostando y con ello evitarían intervenir por la fuerza con algo que de forma automática quede desvanecido. También el miedo acecha. Más es el miedo a que tanto esfuerzo finalmente no cambie nada, que el miedo a que vuelva a suscitarse una carga policial. Duele más profundamente volver al estado inerte de automatización y reproducción del sistema, que el ardor en el cuerpo producido por las pelotas de goma.

Ahora más que nunca urgen las estrategias políticas, la reafirmación bajo cualquier identidad, pero reafirmación a fin de cuentas de la posición de clase. La radicalidad está dada, ninguno de los 16 puntos acordados desde la capital y aprobado en el resto de acampadas es mínimamente admisible desde la institucionalidad gubernamental, no deja otro remedio que apropiarse de ellos desde la base. No se puede pedir, se debe exigir. No posicionarse no cuenta, no representaríamos ninguna amenaza para el sistema si dejamos de ser presión para nadie. Tomar la calle no es suficiente, como bien decía un lema madrileño, tenemos que planificar tácticas adecuadas al clima político del momento y para ello existen muchas alternativas que van desde una todavía marginal propuesta de huelga general, pasando por acampadas intermitentes y manifestaciones, un emplazamiento al gobierno por la vía legal, hasta el planificado trabajo de base en los barrios, sin descuidar la plataforma virtual que nos ha coordinado en una armoniosa sinto-sincro-nía.

Los desvinculados y escépticos iniciadores del movimiento no han entendido que su propuesta estaba condenada a irse de las manos, que no se puede seguir controlando cuando hay miles de mentes pensantes, cuando las decisiones ya no dependen de las directrices que proponen unos iluminados. Cuando la desconfianza popular expulsa a los que les gusta ordenar. Cuando las acciones provienen de abajo y no de arriba. Ahora el movimiento sigue creciendo, se sigue escribiendo una historia sin fin y los derroteros de la misma dependen de sus autores. Ahora será imposible negar lo que está pasando, se está aprendiendo y el conocimiento devendrá en acciones.

Estarán más perdidos quienes sigan defendiendo el añorado estado de bienestar, que ahora más que nunca en el grado de capitalismo avanzado como tal, le es imposible otorgarles, habrá otros a los que les cueste más entender que la dulce realidad no volverá. Entre tanto a seguir reivindicando y organizando.

¡Que no, que no, que no nos representan!

¡El pueblo unido, funciona sin partidos!

¡Lo llaman democracia y no lo es!

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