Jugar con arena

Un arenero infantil es, según la definición oficial (1), un recipiente de un área de juegos de niños que, delimitado por unos elementos de contención y relleno de arena o grava sirve para fomentar juegos. Extraoficialmente (2)es un área, acotada, donde los niños juegan seguros mientras los adultos continúan, sin ser molestados, con sus actividades habituales.

La escena que mejor resume, en mi opinión, al gueto del que hemos participado durante años es la siguiente: Un arenero infantil en el cual hemos construido castillos de arena adornados con múltiples símbolos (okupa, antifa…). La salida del arenero pasa por recorrer un laberinto del cual desconocemos la forma pero en el que no hay atajos. En el exterior, la izquierda y la derecha del capital se ocupan de sus asuntos sin ser molestados, de hecho, a veces nos utilizan como excusa o justificación en su propio interés.

 

Necesidad crítica al gueto

 

Cada vez que hemos intentado afrontar nuestras limitaciones de forma que pudiéramos intervenir de forma eficaz en nuestro entorno nos hemos perdido. Salir de este laberinto exige tomar conciencia de nuestra situación y hacer un esfuerzo de crítica. Una crítica que cuestione al gueto, del que formamos parte, pues es éste el que crea la ilusión falsa de intervención en lo social. La crítica deberá extenderse a cualquier otro espejismo que nos lleve a creer que avanzamos en nuestro proceso de liberación y que no se corresponda con lo que ocurre realmente.

Si se consiguen hacer visibles las dinámicas del gueto se podrá tomar la suficiente distancia respecto a ellas para poder comprenderlas y se abre la posibilidad de superarlas. Sino, estaremos condenados a vivir y ver a través de la traducción defectuosa que esta perspectiva nos aporta de lo que nos ocurre. Tendremos que ser capaces de observar “las gafas” del gueto para comprender la situación desenfocada en que nos encontramos.

Para poder superar el infantilismo que implica considerar al Estado, al Capital y a la izquierda como únicos responsables de nuestra historia y de nuestras limitaciones, hay que retejer los fragmentos de nuestra experiencia común, integrarlos entre si y en nosotros mismos. Esto también ayudará a comprender como hemos llegado a la situación actual. Relacionando las características actuales del gueto con el contexto de la izquierda y del modelo social en conjunto se puede conseguir una visión más completa de nuestra situación que nos ayude a superarla.

 

El gueto

 

Aunque el gueto es algo escurridizo conviene tratar de encontrar una definición, aunque sea temporal, para entendernos. Ahí va un intento: El gueto es una identidad de transición a la adultez de algunos sectores juveniles a los que, en un principio, les impulsa cierta inquietud por transformar radicalmente la realidad. Estos deseos de cambio acaban siendo neutralizados, una y otra vez, por la propia dinámica del gueto que fomenta el aislamiento y una visión distorsionada del contexto social.

 

Tratar de condensar lo que uno piensa que és el gueto en una o dos frases conlleva el riesgo de simplificarlo todo demasiado, perdiéndose, por el camino, aspectos importantes del asunto. Para intentar completar un poco esta definición se puede percibir el gueto desde tres planos: el de su estructura y componentes, el de la forma que toman las relaciones que se dan dentro del mismo (y con el exterior) y el de su evolución en el tiempo. Se puede hablar así de:

1)la estructura del gueto, como conjunto de personas, colectivos, ocupaciones, distribuidoras, medios de contra-información, eventos institucionalizados propios, bandas de rock-rap-loquesea…con sus características propias.

2)el efecto gueto, como una forma concreta de relacionarse con uno mismo y con el entorno caracterizada sobre todo por una mezcla residual de prácticas y teorías izquierdistas y del contexto social alienante y fragmentario (3) en que se nos desenvolvemos.

3)el ciclo gueto, sería el proceso evolutivo que hace que sectores juveniles de la extrema izquierda (LCR,MC,CNT,CGT) en un momento de conflictividad social baja y de crisis de sus organizaciones (a mediados de los años ’80) decidan reproducir aquí una versión del modelo de la autonomía italiana y alemana de los ’80. Un modelo que proyecta su atención hacia los propios sectores juveniles centrándose, en principio, en la insumisión, la ocupación y el antifascismo. Los temas irán cambiando con el tiempo pero la esencia y prácticas endogámicas no. Si el ciclo del gueto se caracteriza sobretodo por el proceso de repliegue, habría que incluir en él los “despliegues” que se han dado, o se han intentado dar, como la consolidación de los movimientos sociales, el llamado insurreccionalismo o nuestro propio intento de superarlo actual (sus causas desencadenantes, al menos).

 

Orígenes

 

Como se ha comentado mas arriba el gueto surge a partir de una crisis de la extrema izquierda a mediados de los ’80 (escisión CNT-CGT, derrota en el referéndum de la Otan, institucionalización de las asociaciones de vecinos, colectivos feministas y ecologistas…). Esta crisis hace que haya algunos sectores juveniles, del entorno de las organizaciones tradicionales, que deciden separarse de ellas. El carácter de esta separación será formal y precario. Será formal en el sentido de que se sigue actuando desde los mismos valores, visión del mundo, objetivos y hábitos pero con estructuras propias y una estética importada de los okupas de Alemania y Holanda. Su carácter precario se hará visible cada vez que se presenten cuestiones relacionadas con temas para los que “no se sienten preparados” o que no son los habituales de su práctica, entonces la separación se anula. O sea, que se sigue funcionando, de hecho, como las juventudes de la extrema izquierda, en sentido general.

 

Características y consecuencias

 

Si profundizamos en las características del gueto nos encontramos con que las tiene propias, otras compartidas con el resto de la izquierda y otras compartidas, también con el resto de la sociedad.

La seudo-intervención es un aspecto típico del gueto. Implica creer que se participa, hacer como que se hace, pero en realidad llevar adelante solo actividades endogámicas. La creencia en el éxito, dar por supuestas transformaciones que, presuntamente, se están logrando es solo una extensión del autoengaño anterior. Otra variante de la misma es la confusión entre objetivos y resultados, el creer que “lo estamos haciendo” sin tener en cuenta los resultados reales: cualquiera que cuestione el logro de objetivos es probable víctima de la propaganda oficial.

Otra de las características propias del gueto es la convicción de que, cambiando la propia conciencia, se está cambiando el mundo. Si creemos que la sociedad es una proyección de nuestro yo y que, si nos transformamos a nosotros mismos esta se transformará, olvidamos la importancia que tienen las estructuras de dominación y el carácter colectivo de cualquier transformación social. Lo colectivo y lo individual son aspectos interrelacionados e interactivos, pero nuestro peso en la evolución de los acontecimientos es muy limitado.

Las organizaciones clásicas de la extrema izquierda se organizan sobre la base de sus respectivas ideologías. En el gueto abunda, sin embargo, una visión fragmentaria e inconexa del mundo: la estética suele sustituir, en la mayor parte de los casos, a la ideología como elemento aglutinador, la superficialidad es su pegamento.  Al obrerismo de la izquierda tradicional se le han añadido otros sujetos colectivos más acordes con los tiempos actuales: el gueto utiliza a presos, inmigrantes, precarios, vecinos, etc. como sujetos colectivos a “salvar”. Todo ello se suele hacer sin cuestionar la validez o eficacia del modelo obrerista. El vanguardismo típico de los grupúsculos de izquierdas se ha mantenido, si bien tiene un carácter más individual hoy, el sentimiento de superioridad típico del gueto es una buena muestra de ello. El sectarismo y la competencia propios de las organizaciones de izquierda han dado paso al individualismo típico del contexto actual que intensifica el aislamiento en el que nos movemos. En la organización tradicional la autocrítica era la antesala de la expulsión disciplinaria o la escisión. Hoy, sin embargo, la autocrítica está mal vista en el sentido de ser agresiva, hostil y aguafiestas: así se tratan de neutralizar sus efectos.

Los cambios en el contexto social en que se desarrolla el gueto hacen que algunas de sus características sean comunes a las del resto de la sociedad. Los ciclos de negocio capitalista se han hecho cada vez mas cortos, las empresas aparecen y desaparecen, los sectores de interés cambian, etc. Esto ha generado una cultura cortoplacista que se ha extendido a todos los ámbitos de la sociedad y de nuestra vida. El inmediatismo se impone. Lo que no satisface a corto plazo se deshecha, quién se queda parado no sale en la foto. Las consecuencias de esta cultura de la mutación permanente hacen que tengamos dificultades para mantener compromisos duraderos y que se extienda la desconfianza respecto a la lealtad en otros o en nosotros mismos. Las relaciones, el pensamiento y las dinámicas tienden a hacerse cada vez mas superficiales, si uno se deja llevar.

El cambio permanente, entendido como una necesidad para mantenerse conectados a la sociedad, genera incertidumbre y esto tiene consecuencias en nuestra capacidad para prever y desarrollar proyectos con un mínimo de continuidad. La incertidumbre permanente contribuye a la confusión que supone creer que se evoluciona, que se avanza, cuando en realidad estamos atrapados como ratones en su noria. Así desarrollamos una tendencia a la ambigüedad, a no pringarnos demasiado, como mecanismo defensivo ante posibles cambios en el escenario en que nos movemos.

Creer que nada tiene continuidad dificulta nuestra capacidad para desarrollar una conciencia propia y la determinación necesarias para autogestionar nuestras vidas. Al tener dificultades para tomar conciencia de nuestras necesidades se hace aun más difícil desarrollarnos como individuos autónomos, se fomenta un vacío interior que nos lleva a aferrarnos a las identidades que tenemos asignadas en la sociedad y en nuestro entorno cercano, el gueto por ejemplo.

Las empresas, en los últimos años, han cambiado. Las necesidades del mercado y de la competencia han hecho que la estructura empresarial se reorganice de arriba hacia abajo. De la estructura jerárquica clásica se ha pasado a una estructura en red, con nódulos o islas vinculados por relaciones de dominación. Esto permite a las cúpulas empresariales ejercer su poder y hacer los cambios que quieran en partes de la empresa sin asumir responsabilidades por las consecuencias: los choques se dan en los niveles inferiores de la jerarquía y todos tratan de escurrir el bulto, pasándose la patata caliente de la responsabilidad de unos a otros. La cultura que rezuma de esta forma de organización provoca un repliegue de los individuos hacia identidades, reales o ficticias, más cercanas: guetos, la vida familiar, etc. Así mismo se fortalece la cultura organizativa de la delegación y se tiende a usar esas comunidades para diluir la propia responsabilidad.

La sustitución de la industria por el comercio y la hostelería como sectores laborales mayoritarios ha hecho que un tipo concreto de cordialidad invada nuestras formas de relación. Es el tipo de cordialidad forzada del camarero, su sonrisa y su aparente saber escuchar que ocultan las relaciones de dominación que se ejercen entre empresario, cliente y trabajador. Nuestras formas de relación, impregnadas de este tipo concreto de cordialidad, este buenrollismo, huyen del conflicto, prefieren el lenguaje vacío, los clichés o la ideología antes que asumir los riesgos que supone tener un pensamiento propio, exponerlo y ser consecuente con él. La hostilidad o la cerrazón también sirven a veces como recubrimiento para lo que acabo de describir pero, creo, que es más común en nuestro entorno la máscara sonriente.  La incomunicación que esto provoca anima el individualismo del “sálvese quien pueda”.

El desarrollo inicial del capitalismo se produjo al tiempo que el de la ilustración burguesa. Ambos impulsaron la idea de la razón analítica como guía de todo acto humano. Simultáneamente fomentaron la separación de la colectividad respecto a la naturaleza., la idea de que estamos orgánicamente ligados a la misma es un obstáculo para el negocio. El entorno natural se convirtió en algo separado que está ahí para ser usado. La ciencia se convirtió en verdad única rectora del proceso de explotación del ecosistema y las personas. La última broma del capitalismo moderno es su supuesta conciencia ecológica, que pretende hacer negocio con todo lo “verde”, sin renunciar a continuar con la destrucción  del ecosistema.

La idea que tiene una sociedad de la naturaleza determina la manera en que los individuos nos relacionamos con nuestros impulsos inconscientes, nuestro cuerpo y el entorno social. Una consecuencia de la alineación respecto al entorno natural es tener dificultades para distinguir nuestros propios impulsos y necesidades reales de las que nos cuela la publicidad o la normativa social. La tendencia a dejarnos manipular y a manipular que se da entre nosotros es otra de esas consecuencias

La progresiva integración de las nuevas tecnologías tanto en el mundo laboral como en nuestras rutinas extralaborales han hecho que se empobrezcan conocimientos y habilidades básicos que, en otras épocas, permitían una mayor autonomía. La ola tecnológica nos arrastra, si no le oponemos resistencia, a convertirnos en espectadores aislados e impotentes de nuestras propias vidas. El ciber-activismo como forma de pseudo-intervención es una consecuencia más de esta transformación.

La perspectiva actual de la izquierda y del gueto se ajusta a las condiciones psicológicas apropiadas para el trabajo temporal en empresas flexibles y en condiciones de riesgo constante: un yo maleable cuyos fragmentos dispersos se pueden ajustar y reajustar a las necesidades cambiantes del capitalismo y del poder.

 

Alienación y fragmentación

 

Si se admite la sospecha de que muchas de las dificultades a las que nos enfrentamos están relacionadas con la separación, con la alienación, entonces convendría examinar un poco este término. En la génesis de alienación podemos encontrar pistas sobre su evolución posterior e implicaciones actuales. Desde sus comienzos está ligada a aspectos religiosos. En la Edad media se usaba para hablar del abandono de atributos divinos cuando el dios se encarnaba, también para señalar la separación del pecador respecto al dios y, en otras ocasiones con esta expresión se referían al alejamiento del espíritu respecto del cuerpo en momentos de éxtasis religioso.

Rousseau habla de alienación en dos sentidos, como alejamiento del hombre respecto de la naturaleza y como transferencia de autoridad, a través del contrato social, a las instituciones. Hegel recoge este sentido jurídico de la palabra y también el del espíritu que, al hacerse material, se despoja de su divinidad y el del pecador que, con sus actos, se aleja de su misma esencia. Con el desarrollo de la teoría revolucionaria moderna (socialista, comunista, anarquista…) el concepto adquiere un carácter social e histórico. A partir de ése momento, desde los sectores interesados en la transformación de la sociedad, se entiende que la alienación es producto de una forma de relación social determinada. Una manera de relacionarse establecida por el modelo de sociedad vigente. Es mas, para muchos, constituye la esencia misma sobre la que se perpetúa el sistema y, no se puede pensar en cuestionarlo sin, al mismo tiempo, poner en cuestión esa forma de relación social.

La alienación respecto del entorno natural, de la colectividad y de uno mismo se da en distintas épocas con distinta intensidad. Pero el capitalismo, por sus mismas características, necesita de estas separaciones para reproducirse convirtiendo nuestra actividad y a nosotros mismos también, en mercancías. Del conflicto de nuestros deseos, necesidades y miedos más profundos con las leyes, normas y valores dominantes surge la neurosis. La sociedad capitalista es, en este sentido, una industria de producción en masa de neurosis de distintos tipos.

Solemos percibir el entorno natural como una fuente de materias primas a explotar, un jardín botánico grande en el que investigar y experimentar o un parque temático verde por el que perdernos, pero pocas veces sentimos que formamos parte de él y que él forma parte de nosotros de forma orgánica. El ecosistema se convierte, así, en una cosa gestionada por unos pocos para su propio beneficio pero, las consecuencias, las sufrimos el resto. Lo mismo pasa con la facultad para decidir bajo qué normas se rige la convivencia en sociedad que queda monopolizada por las instituciones políticas. El trabajo asalariado, por su parte, institucionaliza nuestra separación respecto del producto de la propia actividad, respecto del proceso mismo y respecto de nuestras propias necesidades creativas. La salud, las relaciones personales, la cultura… los múltiples aspectos de la alienación abarcan todos los ámbitos de nuestra vida. El desarrollo de esta secuencia de separaciones culmina con la alienación respecto a uno mismo. La necesidad de adaptación a las exigencias del sistema hace que acabemos identificándonos, exclusivamente, con nuestra máscara social, necesaria para la supervivencia, pero que, sin embargo, no representa más que a una parte de nosotros mismos. Con ello se genera un vacío interior, se aniquila la propia vida y nos convertimos en personajes huecos en busca de guión. La despersonalización, en ése momento, queda consumada.

Dependiendo de la época y el sitio se desarrollan más unas formas de alienación que otras. Con ellas, asociadas, se reproducen determinados tipos de neurosis colectivas. Esto no se contradice, sin embargo, con la existencia de neurosis individuales variadas en un mismo contexto, sencillamente unas se confirman a otras y se refinan entre si.

En la antigüedad el poder de la casta de guerreros y del clero se apoyaba en la apropiación, por estos sectores, de la administración de la sociedad y de la visión del mundo y su gestión en régimen de monopolio. El resto, al ser desposeídos, alienados, de esos aspectos de la realidad se vieron simultáneamente sometidos a sus decisiones. De ahí se puede deducir que todo sistema de dominación tiene como componente necesario la alienación. Eso no significa, sin embargo, que esta no se transforme con el tiempo.

Las formas actuales de alienación se desarrollaron a la par que el modelo social vigente. Las necesidades del capitalismo industrial-mercantil emergente entre los siglos XV y XVII  hicieron surgir las creencias y formas culturales necesarias para su asentamiento y extensión. El protestantismo y el renacimiento fueron algunas de las más importantes. En 1619 René Descartes tuvo una visión mística según la cual el alma y el cuerpo eran realidades distintas y separables. Esta iluminación repentina proyecta sus sombras hasta nuestros días: una visión escindida que genera realidades divididas en todos los aspectos del vivir. Las emociones y la razón son separadas en un proceso que es impulsado y, a la vez impulsa, la alienación respecto de la naturaleza y la comunidad. La sociedad capitalista se desarrolla al mismo tiempo que la ciencia desplaza a la poesía al ámbito de lo artístico o lo personal. En esta época se construyen muchos internados donde una sociedad cada vez más obsesionada con el control y la acumulación ira encerrando a los que no encajan con su visión racionalista del progreso: vagabundos, rebeldes, locos, prostitutas, etc.

La imposición del modelo industrial-mercantil implicó el aceleramiento exponencial de las tendencias alienantes que desembocan en la situación actual. La estructura de carácter (4) construida sobre esta base nos hace más difícil ser conscientes de nuestros propios intereses. El miedo a la libertad, la necesidad obsesiva de orden, el temor a tener que pensar y decidir o la ansiedad frente al placer auténtico se mantienen ocultos a nuestra percepción. La propaganda del sistema cae entonces en terreno fértil mientras que las teorías y prácticas revolucionarias son desplazadas a un lugar marginal. Quienes no están dispuestos a entregarse se verán enfrentados con un tipo de  neurosis concreta, síntoma de la lucha interna que se da en quien pretende la liberación que no llega y se niega a aceptar la neurosis colectiva socialmente impuesta.

Hay quien ha definido la situación actual como de anomia. Esta es descrita como un estado en el que se da un desfase entre metas y medios institucionalmente permitidos para desenvolverse. Dicho desfase conlleva una quiebra en el sistema de valores socialmente aceptados lo que convierte a la comunidad en una masa amorfa y maleable.

En este contexto empiezan, ya en los inicios del capitalismo, a surgir varias cuestiones. Si el modelo social conlleva la alienación individual y colectiva eso implicaría que este sistema nos convierte en seres enajenados. Entonces quienes quieren transformar la sociedad no deberían dejar la salud en manos exclusivas de especialistas pues esto implicaría arriesgarse a perpetuar las condiciones que provocan el problema. De la misma manera, es difícil enfrentarse a las estructuras de poder partiendo de la enajenación total, luego las luchas deberían integrar los aspectos separados para ser realmente transformadoras. Esta integración tendría que abarcar al entorno natural, a la comunidad, las emociones, deseos y miedos… todo engarzado en una conciencia unitaria que se traduzca en una práctica coherente.

Algunos de quienes se han interesado por la alienación del individuo han priorizado los aspectos sociales o otros los personales de cara a la transformación de las relaciones entre individuos o de estos consigo mismos. Sin embargo la situación actual muestra que la elección no puede ser entre sociedad liberada o individuos sanos. El proceso debe ser simultáneo y dialéctico. La elección real es entre individuos sometidos y enajenados en una sociedad anómica o la lucha contra la opresión, la explotación y la alienación por una comunidad de individuos libres y autodeterminados.

Las formas de relacionarse con la realidad surgidas del dualismo cartesiano son modos particulares de ver el mundo y de vivir fragmentarios y alienantes. Por eso la lógica occidental tiene tantas dificultades para comprender la estructura y el funcionamiento de procesos no mecánicos. El modo lineal de conocimiento establece solo una o dos relaciones entre aspectos de una realidad que es compleja, es el modo que corresponde a la cadena de montaje. Este método esta ideado para la producción capitalista y el control social. La “herramienta” de comprensión no está diseñada para lo que buscamos. A través del método analítico-racional se puede entender parte de lo que ocurre a nuestro alrededor. Hay otros aspectos de la realidad que necesitan, por ejemplo, mayor presencia de las metáforas, de las expresiones de creatividad o de la comunicación no verbal para ser transmitidas porque éstas se adaptan mejor al contexto en que se dan. El conjunto del proceso de comprensión y comunicación debería, en alguna de sus fases, ser integrado en su área de intersección: nosotros mismos y nuestra experiencia cotidiana.

No hay fenómenos socio-económicos o psicológicos aislados y tampoco hay deseos o temores que se puedan separar del contexto que los provoca. La comprensión de estos procesos pasa por encontrar las relaciones que mantienen entre si sin confundirlos. Si no se hace esto se corre el riesgo de desarrollar formas de conocimiento sin vida, prácticas forenses. El lenguaje fascista, el estalinista o el publicitario son buenos ejemplos de éstas prácticas. Los tres tienen en común ser formas acentuadas de comunicación alienada que crean modos de percepción fragmentaria. En ellos se parte de una lógica mecanicista y determinista y se salta, a continuación, a remover los deseos ocultos, las angustias y las necesidades insatisfechas del receptor con el objetivo de dominarlo. En estos “idiomas” no hay síntesis ni integración armónica entre las distintas facetas de la realidad, solo hay manipulación. Los publicistas son junto con los intelectuales, los artistas o los científicos los encargados de diseñar las visiones del mundo socialmente aceptadas. Son los creadores de sentido, del marco cultural y de valores en que nos desenvolvemos. Tratar de conseguir una perspectiva global e integrada de lo que acontece implica recuperar esta parte secuestrada del conocimiento..

Una percepción descompuesta del entorno genera una práctica parcial, restringida y estreñida. Ésta, a su vez, realimenta a la primera. Teniendo esto en cuenta se entiende, por ejemplo, que luchas que tienen mucho en común no consigan reforzarse mutuamente. También se comprende mejor que individuos con intereses comunes tengan dificultades para comprenderse y solidarizarse entre si. Toda lucha nace, en principio, de un conflicto parcial, lo que obstaculiza sus vínculos con otras y con la totalidad es la alienación en la que viven sus protagonistas y la fragmentación de sus perspectivas. Estas circunstancias que son comunes a toda la sociedad, incluido el gueto, solo podrían superarse encontrando las maneras de superar las divisiones. Hay que excavar túneles y tender puentes que relacionen distintas parcelas de realidad y cada una con el conjunto. Esto no es ninguna novedad, a cada forma de dominación ha correspondido una oposición tanto teórica como práctica. Un paso necesario para tratar de superar el escenario actual pasa por revisar estas experiencias de lucha, en su relación con la alienación y la fragmentación, en sus fortalezas y debilidades.

 

La crítica

 

La crítica debe ser a fondo porque sino nos arriesgamos a que la dinámica del gueto (como la de la sociedad en general) acostumbrada a perpetuarse a costa de absorber, sin digerir, todo cuestionamiento, nos impida superar sus límites. Un ejemplo posible de esto podría ser la implantación de una moda “antigueto” como última tendencia guay que reprodujese las características típicas del gueto (delegación, el aislamiento, la superficialidad, etc.) pero que etiquetase como “gueto” todo aquello que “no mola”. Otro ejemplo podría ser quedarnos atrapados en la critica al gueto como una forma inconsciente de resistencia a superarlo: hay que hacerlo visible, si, pero para que éste deje de influir de forma subterránea o a la vista en nuestra práctica cotidiana. En línea con lo anterior se podría encasquillar la crítica en un ataque al gueto como algo externo, un chivo expiatorio que nos impidiese comprender hasta que punto marca nuestra dinámica.

Se puede dar que, por el efecto péndulo típico de la deriva del gueto, nos quedemos atrapados en falsos contrarios a lo que criticamos: lo cerrado frente a lo público, la impulsividad frente al buenrrollismo, etc.

La crítica al gueto se ha usado, en alguna de las pocas ocasiones que se ha hecho pública, para justificar la propia integración en las normas sociales, para dar el salto a organizaciones izquierdistas clásicas y también para justificar el propio aislamiento (no afrontando los problemas de comunicación). Creo que el valor de un trabajo crítico sobre el gueto dependerá, en gran parte, de la intención con la que se haga. Será el contexto, la propuesta positiva que lo acompañe, la que servirá para entender desde donde (y para qué) realmente se hace la crítica. Señalar los peligros de una crítica insuficiente es solo una razón más para creer en la necesidad urgente de comenzarla.

 

 

Conclusiones

 

El gueto funciona como un arenero infantil de la izquierda del capital. Esa izquierda, que reproduce hoy la estructura del lobby, la franquicia y una institución oficial cualquiera, no va a oponerse realmente al capitalismo. Desde sus planteamientos y su práctica solo podemos reforzar el sistema. La crítica teórica y práctica del capitalismo debería, creo yo, partir de la crítica al gueto, base de la crítica a la izquierda y al sistema en su conjunto. Esta crítica debe, en su proceso, tratar de superar lo criticado, o sea, intentar no reproducir los hábitos y limitaciones que pone en cuestión.

Las transformaciones del capitalismo definen las condiciones en que se reproduce el gueto, la izquierda y la sociedad en general. Estas condiciones son, principalmente, la alienación y la fragmentación.

Si queremos aprovechar, de alguna manera, las posibilidades que se dan en nuestro medio de intervenir en sentido revolucionario, debemos explorar como salir de este arenero. Deberemos recorrer el laberinto que nos separa del entorno, dejando atrás identidades y construcciones imaginarias. Deberemos plantearnos como superar la alienación y la fragmentación que nos convierten en títeres de los intereses del capitalismo.

 

Valencia , marzo del 2011

 

 

 

(1)- La norma NTJ 09S: 1998 “Areneros en áreas de juegos” y la NTJ 13R: 1998 “Higiene de los areneros en áreas de juegos infantiles”.

(2)- Michael Marien “La transformación como el Síndrome del Arenero” (1983).

 (3)- Sobre estos dos conceptos se habla mas abajo.

(4)- Aquí sigo la definición de carácter que hace Richard Sennett en su libro “La corrosión del carácter”.

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