El consenso de mínimos

Sabía que el movimiento DRY/acampadas era reformista, pero lo de ayer me dejó toda la noche rezando a san Durruti.

Os contaré algo que pasó anoche. Un chaval subió al estrado a opinar en la asamblea informativa que no le parecía bien la actuación de la comisión de acción la noche de las elecciones; ésta había decidido esa misma noche ir a donde se reunían el PP y el PSOE para celebrar el resultado de la fiesta del Sistema, a fin de pitarles y calentarles un poco. Este chaval se quejaba de que la acción podía ser vista como una falta de respeto a los que han votado a esos partidos, que con acciones como ésa la ciudadanía no se va a poner de parte de las acampadas, y que la acción no había sido aprobada en la asamblea informativa. Algunos le aplaudieron y otros le pitaron. Más tarde encontramos al chaval discutiendo con algunas y algunos de la comisión de acción; los de la comisión le achacaban la poca precaución que había tenido de desinformar a la asamblea sin consultarles primero lo que había pasado realmente. También argumentaban que no podían haber avisado en la asamblea informativa de lo que iban a hacer porque entonces el despliegue de antidisturbios hubiera hecho imposible la acción. Una amiga salió en defensa del chaval apasionadamente, afirmando que las acampadas son pacíficas y que todo debe votarse en la asamblea general. Insistió en que ella había estado allí desde el primer día e insinuó que ese tipo de acciones desprestigian el movimiento. Uno de los de la comisión de acción, que debe ser un militante del anarquismo murciano porque le he visto varias veces liderando manifestaciones, le contestó lo siguiente: que no se puede ir al ritmo que marcan los medios, que el riesgo de criminalización siempre está ahí, que no se puede hacer una revolución lanzando flores sino que hay que perder la comodidad y la seguridad, que en las comisarías españolas se maltrata a los anti-sistema, que está todo muy bien montado como para cambiarlo tan fácilmente, que cuando acabara esto del 15-M ella dejaría de luchar pero él seguiría en la brecha.

Sirva esto como ejemplo de las tensiones que se están produciendo entre reformistas y revolucionarios, entre pro-sistema y anti-sistema, entre pacifistas radicales y agitadores, y de cómo están confluyendo todos los puntos de vista en las acampadas. En cualquier caso, hoy quería hablaros de lo que me dejó temblando anoche: el consenso de mínimos.

El consenso de mínimos es la nueva corriente que está surgiendo por las acampadas. Lo que sostienen sus defensores es que el espíritu del 15-M se ha perdido, que las acampadas se están dispersando en temas que no interesan a la mayoría de la población, y que hay que volver a estos tres puntos esenciales:

  • Modificación de la ley electoral.
  • Separación del poder político y judicial.
  • Fin de la corrupción política.

El objetivo es conseguir un 100% de consenso de la población española sobre estos tres temas, conseguir que se aprueben, y una vez conseguidos y disponiendo de una “democracia real”, podremos reivindicar otros temas de manera más fácil.

Si esto triunfa será el fin no sólo del movimiento de protesta del 15-M, sino de cualquier posibilidad de revolución real en los próximos años o incluso décadas. Será mucho peor el remedio que la enfermedad.

En primer lugar, el razonamiento detrás de estas tres reivindicaciones es furiosamente pro-sistema: no vivimos en una democracia porque el voto de todos no cuenta lo mismo o porque algunos jueces son nombrados por políticos; una vez solucionado eso, entonces disfrutaremos de una verdadera democracia y podremos presentar nuestras reivindicaciones ante los políticos que, ahora sí, nos representarán con total legitimidad. Vislumbro un futuro en el que las movilizaciones sociales pueden perder fuerza, especialmente las anti-sistema, debido a que ya no habrá razón para actuar al margen de la política porque ésta será perfectamente representativa. Si este discurso cala entre la población, una vez más el poder constituido habrá conseguido asimilar una protesta para salir reforzado.

En segundo lugar, no existe consenso posible entre el lobo y las ovejas. Cualquier propuesta en la que coincida el 100% de la población no puede ser beneficiosa para el proletariado, ya que en ese 100% podemos encontrar a patronos terroristas, a grandes fortunas parásitas, a liberados que viven de calentar el asiento, a banqueros criminales, a militares, a policías, a políticos profesionales, etc. El discurso ciudadanista que nos ha invadido desde hace unos años insiste en que tenemos que remar en una sola dirección y que la democracia consiste en oír todas las voces. Falso. Existe una cosa que nuestros abuelos conocían perfectamente, que se llama lucha de clases. Los trabajadores estamos rodeados de enemigos por todas partes, a los cuales no sólo no hay que escuchar sino que hay que excluir de cualquier asamblea, puesto que sus intereses son exactamente opuestos a los nuestros. El victimismo de la izquierda es bochornoso, así como su intento de conciliar al pueblo con una serie de parásitos que en cualquier mundo coherente serían ajusticiados por masas enfurecidas.

En tercer y último lugar, en este consenso de mínimos radicales no figuran puntos que considero tan elementales como la anulación de la reforma de pensiones, la anulación de la reforma laboral, el fin de los paraísos fiscales, la abolición de la monarquía… por no hablar de otros no exactamente relacionados con el movimiento pero también fundamentales, como la abolición de la tauromaquia o el desmantelamiento de las centrales nucleares. ¿Pueden existir puntos más básicos que estos? ¿Pueden existir reclamaciones de justicia más elementales? Si no hablamos de esto, ¿de qué estamos hablando? ¿Y por qué si el manifiesto del 15-M (lo que originó todo esto) hacía propuestas infinitamente más combativas (en comparación), el consenso son estos tres puntos? ¿Qué está pasando?

Una vez más, la izquierda llorica y victimista gana. “Revolución”, leo en una gran pancarta sobre la asamblea. Dejadme que llore yo también, pues.

http://elgritoinfinito.blogspot.com/2011/05/el-consenso-de-minimos.html

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Una respuesta to “El consenso de mínimos”

  1. Pequeñas críticas:

    la corriente del consenso de mínimos, no es un reformismo de izquierda en ningún sentido (no es izquierda parlamentaria, ni socialdemocracia keynesiana, ni izquierdismo, ni la izquierda extraparlamentaria con pretensión de antisistema, marxista o trotskista; todos estos proponen reformas sociales mas o menos radicales, aunque a largo plazo se quede reformismo, mantenimiento y mejora del estado de bienestar)

    la corriente del consenso de minimos no tiene nada de izquierda ni de izquierdista, es un tipo especifico de ciudadanismo creiente en el liberalismo político, centrada en la redacción de un sistema representativo ideal, la separación de poderes ideal y promesas de fin de la corrupción o leyes ideales xa evitar esta. Estos en las asambleas estan vetando qualquier referencia a los recortes sociales, de una manera muy oscura, argumentando con la necesidad de consenso y de centrarse en unos puntos concretos, cuando en verdad el consenso de mínimos es su ideologia. Sopecho sean gente tipo UPyD, o similares

    no tienen nada q ver esa gente (q aceptan incluso medidas y recortes neoliberales segun convenga, q dicen no ser de izquierdas ni de derechas) con los diferentes tipos de reformismo social izquierdista (muxos de los cuales sí estan haciendo presión xa q sí se hace un consenso de mínimos, al menos sí contenga puntos de defensa contra los recortes sociales)

    no simplifiquemos todo calificandolo de reformismo o victimismo izquierdista

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