El Sol sale por todas partes. Por la liberación de espacios

Todos hemos visto lo que ha sucedido en Madrid desde el día 15 de Mayo, pero quizás no lo comprendemos o valoramos totalmente: la ocupación y liberación de la Puerta del Sol ha abierto una grieta en la muralla del orden establecido, de la rutina y hasta del sentido común domesticado por la que se ha colado el espíritu de la libertad, concretado en las asambleas, las comisiones y los grupos de trabajo y su funcionamiento horizontal basado en la libre discusión de los acuerdos y los delegados rotativos, así como en la solidaridad, la comunicación real y el apoyo mutuo, en la democracia real, en suma, que estamos intentando reinventar y experimentar como el mejor medio y el más legítimo para adueñarnos verdaderamente de nuestro destino, sin la dictadura del dinero ni la tutela de los políticos.

Sin embargo, todo este proceso y lo que todavía pueda venir a continuación como tanto y tantos anhelamos, se basa en un principio que debemos recordar, asumir y reivindicar. Si por fin estamos juntos en esta plaza que deja de ser lugar de tránsito entre los templos del consumo para recuperar su vocación de ágora libre y de corazón donde laten los sueños de la ciudad, ha sido por un acontecimiento ilegal que a la vez funda una legalidad nueva: el hecho consumado de la ocupación de Sol como forma de protesta pacífica, y la firme y decidida consolidación de tal ocupación a pesar del desalojo de la madrugada del martes, de las amenazas y del aguacero del miércoles, de la intimidación de la Junta Electoral y del calor del fin de semana. Porque desde el punto de vista de la ley del más fuerte que hoy nos domina: ilegal fue la toma de la Gran Vía y de otras calles y plazas tras la manifestación del 15 de mayo y la resistencia que se llevó a cabo, expresión legitima de la rabia acumulada por tantos días desperdiciados y explotados y tanta tristeza, e ilegal fue la sentada de los manifestantes galvanizados por la revuelta en la noche del domingo, e ilegal fue la carpa del lunes y la reconquista de Sol del martes y la instalación de más carpas esa misma noche…y la concentración preventiva del miércoles ante la certidumbre de una nueva expulsión que sólo detuvo la marea de gente ilegal dispuesta a plantar cara a esa ley que ya no reconocemos como nuestra…y el colmo de la ilegalidad fue mantener y reforzar hasta un punto difícil de imaginar la acampada en plena jornada de reflexión contra los ladridos del PP y de la ultraderecha tertuliana, gesto ilegal donde los haya que tuvo el inmenso valor de revelar y disolver la miseria de la campaña electoral que ya nadie fingía ni seguir ni atender, pues lo importante y lo democrático se cocía en Sol, y no en los mítines ni en la televisión. Y, sin duda, el colmo de los colmos de la ilegalidad es mantener todo esto el mismísimo domingo de las votaciones, y más allá aún, a la semana siguiente, y el llamamiento a la extensión del movimiento y la creación de asambleas de barrios y pueblos, y todo lo que aún está por llegar y llegará.

Y es que el deseo de libertad, justicia y autonomía se impone cuando deja de ser individual e impotente y encuentra cómplices que lo fortalecen contra cualquier obstáculo. Pero esto no puede bastarnos. Una de las exigencias que nos han sacado a la calle y nos han clavado a ella es el problema de la vivienda, pilar fundamental de una vida autónoma de adultos y no de eternos e irresponsables menores de edad, y digna de ser vivida en vez de soportada. Recordemos entonces que, en este instante, hay miles de personas que vegetan y duermen en las calles; que otros tantos no duermen por la noche por el miedo al desahucio, pues el desahucio existe y su terror está haciendo estragos todos los días y todas las noches; que, finalmente, otros muchos más ya han perdido el sueño y la esperanza de habitar una casa si no es en el exilio de las urbanizaciones que se construyen cada vez más lejos de la ciudad que amamos, o aceptando la servidumbre eterna de las hipotecas salvajes o la sangría escandalosa de los alquileres vampiros. Y sin embargo, también alrededor nuestro hay casas en buen estado, bloques de apartamentos recién terminados, locales, cines, hoteles y oficinas abandonados o en desuso pero aprovechables, edificios durmientes y embrujados y vacíos que sólo existen para el sucio juego de la especulación, que les despertará cuando considere que su valor ha aumentado lo suficiente.

Pero si nos hemos reunido en Sol ha sido, entre otras cosas, para denunciar la especulación y combatirla con palabras y con actos, como hemos hecho con toda esta plaza, liberándola del consumismo, de la soledad y del aburrimiento al transformarla en crisol de experiencias y proyectos y alto horno magnético donde se conocen, se mezclan y se funden los desconocidos que antes caminaban solos a ninguna parte. Pues bien, necesitamos casas para vivir y para amar, y más espacios para seguir encontrándonos, hablar y gestar las bases del mundo nuevo, y sabemos cómo encontrar esas casas y esos espacios, y qué hacer con ellos, y cómo defenderlos, y que hacerlo es tan legítimo como lo son nuestros sueños y nuestras esperanzas, pues no se trata de legal o ilegal sino de justo o injusto, de necesario o superfluo y nocivo como todo o casi todo los que nos venden y nos proponen.

Debemos extender por tanto el principio de liberación colectiva que nos ha permitido reapropiarnos de Sol a todo Madrid, a todos sus espacios y lugares desaprovechados que la economía malogra y los políticos olvidan. Las plazas se han de convertir en espacios para hacer política sin políticos, tenemos todo el derecho de reunión y de manifestación en las plazas públicas ya que estas plazas son propiedad del pueblo, por ello, al igual que se ha producido en Sol de forma instintiva, las plazas han de ser espacios sin dinero, sin dirigentes y sin mercaderes, son el germen de un nuevo mundo y el único poder que reconocen es el de la asamblea de su barrio o pueblo. Pero que ese deseo de liberación no se quede ahí. Porque sin casas que habitar ni locales donde reunirnos, no hay asambleas ni democracia real ni nueva sociedad que valga.

Se trata tan sólo de ser conscientes de nuestra fuerza y de nuestros deseos, y de ser consecuentes con todo lo que hemos hecho hasta ahora, y con todo lo que podemos hacer y que haremos.

                                                              Hacia la proclamación de la Comuna de Madrid,

                                                              Todo el poder a las asambleas,

                                                              ¡Lo queremos todo y lo queremos ahora!

Abrasad@s de Sol

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/17737

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