Huelgas políticas y política de huelgas

Grecia, Italia, Portugal, Irlanda, Iberoamérica, Turquía, Haití…Son muchos los lugares del mundo donde parece haber movimiento en contra de la situación que vive la humanidad. No sólo son los países del llamado “tercer mundo” los que están sufriendo las consecuencias de la transformación, a manos de los Estados y el capital, de todo lo que nos rodea, incluso de la relaciones entre personas, sino que también las zonas del “mundo desarrollado” se están terciarizando. Este proceso no será idéntico al de los países productores de materias primas o de energía, sino que será a través de la eliminación progresiva de los derechos, adquiridos o concedidos, de la clase trabajadora, su alienación e individualización y el desmantelamiento de todo el tejido productivo. En estas circuntancias los países indutrializados pueden optar por varias vías, entre ellas dejar morir de hambre prácticamente a su población o intentar distraer a la gente con subsidios y empleos temporales.

 

Ante esta situación, la clase trabajadora en su totalidad debe reflexionar sobre el destino que le espera si no se mueve rápido, pero también ha de pensar al lado de quién lucha para que sus esfuerzos no sean en vano y los cambios que se consigan no sean más de lo mismo. La historia reciente de la humanidad está llena de fracasos de las clases menos favorecidas en ese sentido. La Revolución rusa y la Transición democrática española son dos claros ejemplos de por qué no debemos apoyar a gente que dice estar luchando por nosotros, cuando lo que en realidad pretenden es aprovecharse de nuestra fuerza para subir escaños en el poder. En la actualidad ese peligro de que las luchas de les trabajadores se libren en favor de unos cuantos líderes está tan presente como en cada momento histórico de cambios drásticos en el poder.

 

Diciembre del 77, abril del 78, junio del 85, diciembre del 88, mayo del 92, enero del 94, junio de 2002 y septiembre de 2010. Todas las movilizaciones producidas desde la llegada de la democracia han supuesto un duro varapalo a la clase trabajadora. No se han conseguido más que los objetivos pactados de antemano entre poder y sindicatos “representativos”. La prueba es que cada día nos acercamos más a un modelo de sociedad individualizada y dominada por el pensamiento único: la democracia es el único sistema político posible. La respuesta en la calle se ha perdido, igual que la organización en el trabajo. Por tanto, ¿todas las huelgas convocadas después de los Pactos de la Moncloa han servido para algo?.

 

Antes de responder a esta pregunta hay que preguntarse si los paros de 24 ó menos horas pueden considerarse Huelgas. A mi entender, una huelga es una herramienta de los trabajadores para hacer frente a un problema grave. Requiere un compromiso especial, una preparación y un convencimiento por parte de todes les participantes de que va a ser algo útil, ya que se pierden salarios, derechos, el puesto de trabajo e incluso cosas peores. Por tanto una Huelga no puede salir nunca de la decisión de unas cuantas personas que se erigen en dueños del destino de los trabajadores, una huelga nunca puede salir de las cúpulas sindicales. Las huelgas se convierten en un pulso entre dos fuerzas que han de estar cercanas a la igualdad. En una Huelga General convocada desde arriba, nunca puedes conocer el estado de ánimo de las bases porque no tienesningún contacto con ellas, por tanto el riesgo de fracaso es elevado. ¿Cómo se decide entonces convocar una Huelga General? Tiene que hacerse necesariamente desde las personas que están en los tajos, que son las que conocen la situación que se vive y las que pueden decidir si será o no efectivo el enfrentamiento. La organización en el trabajo permite conocer las fuerzas con las que se cuenta en cada momento, permite planificar la defensa contra las posibles represalias, incluso prever qué pasará si se consiguen los objetivos. Sin embargo, una huelga que no parte desde abajo y que no tiene en cuenta las fuerzas que se tienen está prácticamente condenada al fracaso.

 

Las Huelgas convocadas tras los pactos de la Moncloa han servido para afianzar el sindicalismo de representación, pero en nigún caso han mejorado las condiciones de los trabajadores con respecto a los beneficios de las empresas y el Estado. Si bien es cierto que las condiciones objetivas de alimentación, vivienda y sanidad han mejorado mucho, no lo es menos que esta mejora se debe al sistema económico imperante, que necesita que alguien tenga dinero para comprar los productos que, o bien se fabrican en países del tercer mundo, o bien las materias primas se extraen de éstos países. Es un sistema basado en el creciemiento contínuo, que esquilma los recursos naturales y acaba con las poblaciones que no les interesan a los Estados y las multinacionales. Este modelo económico es el que están apoyando y sustentando los sindicatos oficiales. ¿Cómo lo hacen? Democráticamente, es decir, depositando la “confianza” de millones de trabajadores en unos cuantos ladrones con chaqueta y corbata, que van a decidir durante mucho tiempo todas las cuestiones que puedan afectar a tu trabajo: convenios, condiciones higiénicas, despidos…Las personas afiliadas a estos sindicatos no tienen voz en los mismos, por tanto es muy difícil que se pueda discutir sobre unos problemas que no están en el orden del día de las mesas de negociación. ¿Cómo se convocan las Huelgas? De la misma manera, decidiendo unas cuantas personas lo que es mejor para el resto de la clase trabajadora. En tiempos en los que aún quedaba algo de conciencia de lucha podía funcionar más o menos, pero hoy día es imposible que una convocatoria como esta, que no es más que un amago para intentar asustar a los políticos y empresarios para poder seguir negociando, surta efecto y la gente salga a la calle. Pero la relalidad es que se siguen convocando, con una finalidad política (entendida como el “trabajo de los políticos”), con lo cual la Huelga pasa de ser una herramienta de los trabajadores a un medio de los políticos para llegar a acuerdos que no benefician a la clase trabajadora: se hace “política de Huelgas”.

 

Los sindicatos oficiales hacen “política de Huelgas” desde siempre, ya que buscan a través de éstas una mejor posición en la negociación con las empresas y los Estados. Si los sindicatos no representan a les trabajadores sino a sus propios dirigentes, las negociaciones no beneficiarán a la clase trabajadora. Sin embargo, los sindicatos oficiales no son los únicos que hacen “política de Huelgas”. CGT, ELA, CIG y muchos otros sindicatos minoritarios, corporativos y de dudoso corte obrero, unidos a múltiples agrupaciones politicas, hacen uso también de esta estrategia de los grupos de poder. Participar del sistema político, ya sea recibiendo subvenciones, ya sea “jugando” a las elecciones sindicales, ya sea dando cualquier otra concesión al Estado, es fortalecer el sistema y es dirigirse al mismo lugar de los sindicatos mayoritarios y partídos políticos. Por tanto vas a funcionar de la misma manera que ellos, por lo que no hay ninguna diferencia entre unos y otros a la hora de convocar huelgas del mismo estilo, abocadas al fracaso, buscando réditos políticos y afiliación, ninguneando a las personas que conforman las organizaciones y arriesgando su situación sin contar con ellas.

 

Quizá nos haga falta un ejercicio de memoria y recordar por qué se convocaban en años anteriores las Huelgas, desde donde partían y qué se obtuvo de ellas. Algunas personas dirán que no hay que anclarse en el pasado, que hay que evolucionar, pero las mismas no tendrán reparos en defender ese ecuerdo de épocas pasadas para defender cosas como los liberados o la unión estratégica con otros grupos, ambas cuestiones nefastas para la clase  trabajadora. Una Huelga consiste en dejar de producir durante un tiempo, establecido o no, para hacer frente a un problema más o menos concreto, sea o no laboral. En el siglo XX se producían Huelgas en solidaridad por un despido, para pedir aumentos de salario, para mejorar la vida de los trabajadores…y para oponerse al levantamiento militar del 36. La represión ejercida contra ellas era brutal, pero es que el daño que provocaban también lo era, ya que la huelga en una empresa concreta se extendía a otras del mismo ramo, cercanas o en las que trabajaban compañeres del mismo sindicato y duraban el tiempo necesario para conseguir los objetivos o para que fueran derrotados. No obstante, la correlación de fuerzas daba esperanzas de lograr la victoria, ya que era mucho el apoyo con el que se contaba.

 

Varias de las huelgas que se convirtieron en generales pasaron a convertirse en insurrecciones, como el 1917 y 1934 (para saber más, infórmate sobre la Semana Trágica y la Revolución de Asturias).

 

Menos nos costará recordar lo sucedido antes, durante y después de las huelgas post­franquismo. Con la cercanía de la democracia, las organziaciones obreras buscaban el reconocimiento de las libertades sindicales que les habían sido nagadas durante la dictadura. En 1977, en un período considerado por muchas personas como pre­revolucionario, con las muertes de los trabajadores en Vitoria y los abogados de CCOO en Madrid a manos de enemigos políticos muy recientes, se firman los Pactos de la Moncloa, acuerdo mediante el cual los dos grandes sindicatos actuales, CCOO y UGT, firman un pacto de no agresión que dura hasta nuestros días. Esto tiene la consecuencia de que mucha gente abandona los sindicatos, descontenta con la actuación de los dirigentes. Poco tiempo después se convoca una Huelga General por la libertad sindical, que para los “oficiales” ya estaba asegurada, por lo que la Huelga sirvió de escaparate para ellos. La CNT se vió fortalecida por el abandono de los sindicatos mayoritarios de gran parte de sus bases, pero no ganó nada en la convocatoria. En 1978, con una situación a nivel europeo muy complicada, la Confederación Europea de Sindicatos convoca un paro de una hora en todo el continente por la alta tasa de paro. En España se secunda pero no tiene repercusión. En 1985 se abre un periodo de gobierno del PSOE que va a “sufrir” cuatro Huelgas Generales. La primera, el 20 de junio del 85, fué convocada contra la reforma de las pensiones. A pesar del aparente buen seguimiento y la unión a la convocatoria de los sindicatos “minoritarios”, la reforma siguió adelante y se pasó de dos a ocho años el periodo para calcular la cantidad a percibir por jubilación. Más adelante, en diciembre del 88 se convoca la que dicen es la mayor huelga de la democracia, quizá influenciada la descripción por el apagón de Televisión Española, único en la historia. En esta ocasión se detuvieron las reformas que iban encaminadas a cambiar el modelo de contratación juvenil, para hacerlo más precario, abaratar el despido y cambiar el mercado laboral. A pesar de la aparente “victoria”, se seguirían mermando las condiciones laborales de la juventud año tras año. Más tarde, en mayo del 92, debido al recorte de las prestaciones por desempleo y al primer “decretazo” se convocó otra Huelga General, la cual no sirvió de mucho, ya que al año siguiente CCOO y UGT firman la nueva Ley de Huelgas, que la convierte en una pantomima, y el gobierno saca el decreto ley que reforma las percepciones por desempleo. En el año 1994 se hace una convocatoria de huelga por parte de CCOO, UGT, USO, CIG y CGT, contra los recortes sociales y las políticas del gobierno, la cual no tiene ningún efecto a pesar del supuesto buen seguimiento. Ocho años tendrían que pasar para que la situación en el país fuera suficientemente negativa como para otra convocatoria de Huelga General. En 2002, UGT y CCOO vuelven a pedir a les trabajadores que les apoyen en sus protestas contra las reforma propuestas por el PP en el nuevo decretazo. Estos cambios tuvieron que ser anulados después en el Tribunal Constitucional, ya que la movilización no consiguió nada. A pesar de ello, muchos de los cambios propuestos por el PP quedaron intactos. En 2003, en plena crisis del gobierno Aznar, CNT, CGT y Solidaridad Obrera se unen para un fin común, parar la guerra de Irak. UGT y CCOO no secundaron esta Huelga General, solamente pararon unas horas. El seguimiento en esta huelga fué testimonial y permitió a los empresarios hacer unas buenas listas negras con los nombres de los afiliados que secundaron la movilización, a la par que dió una imagen de falta de fuerzas de la clase trabajadora, incluso de sectarismo. Las movilizaciones posteriores contra la Guerra de Irak, promovidas por los partidos con intereses políticos, fueron bastante exitosas, pero sólo reflejaban la repulsa por las asesinatos en Irak, cuando años después, con el PSOE gobernando, las tropas españolas se extendían por todo el planeta. La última llamada a la movilización de manera interesada, la del 29 de septiembre del 2010, dió de nuevo la imagen de una clase trabajadora aletargada, apática, que no tiene ganas de luchar, que no se fía de nadie, pero que sigue acudiendo a las urnas para solucionar sus problemas. Es una clase trabajadora si valor, sin esperanzas, pero con el estómago lleno y los pies calientes, suficiente para que nadie se mueva. Es posible que dentro de un tiempo pasemos hambre, pero también es muy posible que no, por lo que las personas que están esperando una revolución por las condiciones objetivas quizá no la vean nunca.

 

Sin embargo se siguen sucediendo las convocatorias de Huelga General en todas partes. Las movilizaciones que vemos en los diferentes países son promovidas por sindicatos afectos a los disitintos regímenes imperantes. Para no entrar en disputas territoriales, nos centraremos en la zona española. En los últimos meses se ha estado especulando sobre la convocatoria de Huelga por parte de CCOO y UGT, la cual parece que, al menos de momento, no se va a producir. En los territorios de Galicia y Euskadi los sindicatos nacionalistas tienen un componente social más amplio, lo cual les permite que su convocatoria de movilizaciones pueda ser más efectiva. En Cataluña parece que es CGT el sindicato que se ha lanzado a convocar la Huelga. Todos estos sindicatos tienen algo en común: usan las huelgas como intrumentos que les den réditos políticos y de poder. Ninguna de ellos piensa que la huelga pueda servir para algo, pero convocan con la intención de que se les vea y la gente se sume a su causa, usandola no como herramienta de lucha sino como medio de propaganda, desvirtuando su contenido.

 

Si hacemos seguidismo a estos sindicatos, lo único que vamos a lograr es que les trabajadores perciban que el movimiento obrero está débil. La situación es de falta de lucha, debilidad, individualismo, apatía…por tanto si empleamos una de las armas más potentes no vamos a ser capaces de sostenerla entre las pocas personas que a día de hoy nos movemos. La huelga tampoco es una mera protesta, que es en lo que se ha convertido con el paso del tiempo; es un enfrentamiento estre obreres y patrones que trata de solventar problemas que la clase trabajadora se encuentra. Las huelgas se hacen para ganarlas, o al menos con ese ánimo. Para eso se plantean desde los tajos, organizando la resistencia, previniedo la represión y fijando objetivos. ¿Qué objetivos tienen las huelgas actuales?. No podemos seguir participando de las huelgas políticas impuestas desde arriba, como tampoco podemos formar parte de la política de huelgas que llevan a cabo los partidos y sindicatos alternativos.

 

Ante esta situación no cabe situarse en el derrotismo. La huelga no es la única herramienta de la clase trabajadora. Sólo les trabajadores han de decidir usarla y sólo les trabajadores saben cuál es el momento oportuno, así como también tienen que saber usar otras estrategias de presión y concienciación. Una de las características más importantes de la clase trabajadora, la solidaridad, ha desaparecido casi por completo, por lo tanto uno de los retos es recuperarla, al menos en parte, para poder hacer efectiva otro arma de les trabajadores como es el boicot a los productos, empresas o a lo que se necesite en cada momento. Otra herramienta clásica, el sabotaje, se emplea muy poco, casi ha desaparecido, pero es una manera muy buena de hacer daño a las empresas, de un modo más sencillo y rápido. Éstas y otras formas de lucha son totalmente válidas para les trabajadores, pero somos nosotres mismos quienes hemos de decidir cuándo las usamos.

 

Parece que las personas tienen la mentalidad de que si no se acude a una huelga no estás haciendo nada. Todo lo contrario. El día a día es la clave para que la conciencia colectiva de lucha y cambio social crezca. Las personas que sintamos que las cosas pueden ser de otra manera debemos saber comunicarselo a las de alrededor, honestamente. Cada una debe ser conciente de lo que puede arriesgar en su trabajo, en qué momento debe dar la cara y en cual debe pasar desapercibido. Si en huelgas como estas, convocadas desde arriba, sin ningúna probabilidad de victoria, un compañero de trabajo no hace huelga no es un esquirol. No seremos esquiroles si no secundamos huelgas convocadas sin contar con nuestra opinión y nadie debería sentirse presionado por un llamamiento de este tipo. Si entramos en enfrentamiento directo con las personas que tenemos a nuestro alrededor, que no secundan convocatorias como estas, quizá no tengamos la oportunidad de explicarles por qué entendemos que las huelgas son otra cosa. Si vamos a llamar esquirol a cualquiera que vaya a trabajar en esa jornada, tengamos en cuenta que quizá la próxima vez que nos vea no nos escuche o no quiera coger nuestra propaganda. Tenemos muchos motivos para criticar a las personas que no luchan, pero no tenemos niguno para criticar a alguien que no secunda una huelga como esta.

 

Si el trabajo se hace desde las bases, siendo sinceros en lo que transmitimos, tanto con las personas a las que nos dirigimos como con nosotres mismos, siendo honestos y serios, constantes y tenaces, vamos a lograr afianzar un movimiento libertario fuerte, con unos cimientos sólidos. Será entonces cuando podremos convocar Huelgas Generales de verdad. Mientras tanto, lo único que vamos a lograr secundando estas convocatorias es desprestigarnos a nosotres mismos, separarnos de les trabajadores y llevarnos muchos disgustos innecesarios.

 

David

http://www.klinamen.org/analisis/huelgas-politicas-y-politica-de-huelgas

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