[Chk García] Mercancía y capital. Es posible su extinción (Primera parte)

Nota introductoria. El siguiente articulo surgió de la reflexión sobre una situación evidente en los movimientos anticapitalistas: la falta de propuestas reales de combate contra el Estado y el Capital; por supuesto no estamos diciendo que no las haya, existen y avanzan, sin embargo, creemos hace falta esclarecer algunos de los principios adoptados, uno de ellos es precisamente el ‘anticapitalismo’, para plantear una estrategia integral, efectiva que nos de la victoria a los de abajo y a la izquierda.

En esta reflexión, que como hemos dicho intenta aportar argumentos para dar base a un planteamiento anticapitalista, parte dos propuestas simples pero estratégicas: para luchar contra el modo de producción hay que combatir la ideología capitalista; para luchar contra la ideología capitalista hay que combatir al modo de producción. Para luchar contra el estado hay que combatir las relaciones de obediencia dominio; para luchar contra las relaciones de obediencia dominio, hay que combatir al estado. De esta manera nosotros pensamos, que dentro de la cadena “Explotación-mercancía-

capital-explotación”, el eslabón más débil es el del trabajo, por cuanto cada vez  más el trabajo sea autónomo, sustentable, libertario (de liberador de placer por satisfacción) y ético (en su relación con la naturaleza y la humanidad)  entonces, en la misma medida, culturalmente e ideológicamente, cada vez seremos más libres. Y al mismo tiempo, mientras cada vez más abandonemos las formas del pensamiento dominante, su lógica, sus ritmos, sus valores, sus normas, sus estructuras, entonces, en la misma medida, cada día seremos más capaces de impulsar procesos autonómicos, los cuales decididamente comienzan desde que decidimos negarnos a que nos sigan humillando, que nos sigan despreciando, que nos sigan reprimiendo, que nos sigan obligando a vender nuestra fuerza de trabajo. Sin embargo, la declaración de zonas autónomas y general, el impulso a procesos autonómicos (que combaten directamente al estado y al modo de producción), es una estrategia cuya efectividad estamos aun por ver, no porque no se estén dando logros revolucionarios, sino porque el propio estado y el capital están haciendo todo lo imposible por tratar de aislar y reprimir a los movimientos sociales que los impulsan. En otros artículos hemos abordado esa cuestión.

De otro lado, en la lucha contra la ideología capitalista y las relaciones de obediencia dominio, tenemos una situación en contra que es muy difícil contrarrestar -incluso, por medio de la educación liberadora . Nos referimos por supuesto a la convivencia contradictoria entre el sistema capitalista y las regiones autónomas. Las interacciones entre una región y el sistema se dan en al menos dos niveles: al nivel de las relaciones de poder, es decir, para el caso que aquí nos interesa, con el choque entre el estado y los caciques locales contra los movimiento autonómicos; y al nivel de las relaciones de intercambio, por cuanto autonomía no es sinónimo de autarquía y por lo tanto, es imprescindible la realización de intercambios (culturales e ideológicos, pero particularmente, comerciales) de las regiones autónomas con el sistema social entero. Y es precisamente en ese rubro que los movimientos anticapitalistas padecen una fuerte debilidad, a saber, que la circulación del dios dinero-mercancía está directamente condicionada por el mercado capitalista, por las burguesías y por el Estado, a la aceptación de una lógica de vida capitalista. Ante esta situación, bajo el objetivo claro de combatir al estado y al capital y sus ideologías, nosotros proponemos la puesta en circulación de una moneda que sea propia de los movimientos anticapitalistas y que tenga como fin principal el de impulsar un intercambio justo y recíproco, lo cual evidentemente no se puede con el dinero-mercancía actual porque tras de el hay una serie infinita de relaciones de explotación que lo sustentan. Es así que nosotros consideramos en este texto que la desaparición de la mercancía y el capital, son posibles.

Lamentablemente esta propuesta, que seguimos dándola como viable, tiene varios problemas teóricos evidentes, y que han suscitado diversas criticas. Para cuando escribimos este texto, en enero de 2007, nosotros considerábamos que toda mercancía era resultado de un proceso de explotación, lo cual es falso, al menos para ciertas mercancías que se derivan de procesos de trabajo autogestivos, que también se producen con el afán de intercambiarse. Es decir, que con la extinción del capitalismo no se extinguirían todas las mercancías, sino aquellas derivadas de procesos de explotación, y principalmente el dinero-mercancía. En este sentido, la puesta en circulación de otra moneda, incluso a nivel mundial, nos permitiría concretar una serie de relaciones de intercambio que podrían ser vitales para apoyar el fortalecimiento de los procesos autónomicas a partir del impulso al trabajo autogestivo dentro de las zonas autónomas existentes en el mundo (con educación, técnica y tecnología). Además sería muy interesante que de entrada cualquiera pudiera producir sus propias monedas, como se produce cualquier otro objeto con valor de uso para poder satisfacer algunas carencias.

Esperamos que con esta breve introducción, el presente texto siga produciendo reflexiones, controversias, críticas y comentarios, de ser así, el objetivo se habrá cumplido: discutir y dar sustento a los postulados anticapitalistas que enarbolan los movimientos sociales de abajo y a la izquierda.

Gracias.

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1) Necesidad y explotación.

Empezemos de entrada con la cuestión de la necesidad. El trasfondo de toda necesidad es la carencia. Si necesitamos de vivienda, de trabajo, de alimentación balanceada, de vestido, de diversión… es porque carecemos de estos satisfactores -de manera permanente. Dentro del mundo de las sociedad capitalista, todo satisfactor (mercancía) sólo puede ser conseguido mediante su compra. Si no podemos comprarlos se debe a que el salario que recibimos por la venta de nuestra fuerza de trabajo no alcanza para acudir al mercado y obtenerlo. Las mercancías elevan en gran parte su valor de cambio, en la medida en que son más o menos apreciadas por la sociedad. Es decir, si un automovil o un kilogramo de tortillas tienen un alto costo -por arriba de su valor real (trabajo socialmente necesario), se debe, en parte, a que para la sociedad en general representan valores de uso “imprescindibles” para vivir. En este sentido, si por la venta de nuestra fuerza de trabajo recibimos del capitalista un salario raquitico -por abajo de su valor real , no obstante que trabajamos muchas horas más que no son retribuídas (por el patrón), entonces, debe sernos obvio de donde proviene la riqueza de los ricos: de nosotros los trabajadores. Con la venta de las mercancías, con la venta lucrativa de los satisfactores que necesitamos para vivir, ellos recuperan su inversión -entre la que contamos el salario, y además obtienen plusvalía, es decir: capital. De la constante inversión de capital resultan dos fenómenos, la especulación y la acumulación. Ambos, aun cuando están en indirecta relación con la escasez, el acaparamiento, o la sobreproducción, tienen como base, directamente, la explotación y necesidad de miles de millones de personas en el mundo.

2) Estado liberal o Estado Social = capitalismo.

La apariencia del sistema capitalista recae siempre en la mercancía, en todo aquello que podríamos comprar con dinero. La base principal del sistema, nos dice Marx, es que los capitalistas tienen la propiedad de los medios de producción. El despojo de los medios de vida a comunidades, familias e individuos ha sido una constante durante toda la historia de la humanidad. Las primeras guerras al igual que las guerras de hoy, tienen en común el interés de unos cuantos (sea una ciudad, sea una comunidad, sea una casta, sea una clase) por despojar de los medios de vida a poblaciones enteras. A lo largo de cientos de siglos ha habido distintas modalidades de Estado (ciduades-estado, señoríos feudales, etc.) pero todas ellas tienen en común su pertenencia a un grupo social específico dominante. Que los Estados sean estructuras presentes de dominación, se debe a dos cuestiones principales, al cobro de impuestos a las comunidades subyugadas y al monopolio de la violencia física.

Má recientemente -hace apenas unos tres siglos, hemos sido testigos de al menos dos tipos de Estado, el estado liberal y el estado social. El estado liberal permite la explotación de recursos a empresas particulares, dentro de su territorio. El estado social, es la gran y casi única empresa que explota los recursos en su territorio. El estado liberal utiliza los impuestos cobrados a las empreseas particulares para enriquecer a la burguesía, una fracción de la cual esta en poder del Estado y fortalecer las instituciones de control social en detrimento de la sociedad en general. El estado social utiliza los impuestos cobrados para hacer funcionar sus instituciones, a veces creando un grotesco aparato burocrático, a veces canalizando los recursos para el desarrollo de la sociedad; y para fortalecer las instituciones de control social (pj la URSS).

Contra la propiedad particular e individualista de los medios de producción, Marx y muchos de sus seguidores, difundieron la idea del “Socialismo” -que no es otro que el Estado Social: la propiedad social de los medios de vida. La característica principal del Estado social y que tiene en común con el estado liberal, es que se siguen produciendo mercancías, es decir, no elimina las relaciones de explotación en su territorio, luego entonces, el supuesto compromiso del Estado social, es que la plusvalía producida por el proletariado va a ser utilizada para el bien común -el estado es pues un mal necesario que irá desapareciendo, nos dice Lenin. Desde la segunda mitad del siglo XX, ha habido momentos algidos entre quienes defienden al estado social frente al estado liberal y viceversa. La guerra fría, el enfrentamiento de dos poderosos estados totalitarios, nos ha dejado grandes experiencias que nos permiten comprobar la hegemonía del sistema capitalista de producción (explotación-mercancía-capital-explotación), más allá del tipo de estructura social que se tenga y por supuesto de la ideología con la cual se legitime. Ante esta situación, grupos de las respectivas burguesías nacionales se vieron en la necesidad de compatibilizar ambas propuestas, de ahí nació la socialdemocracia. La tercera vía: control de los medios de producción nacionales pero con participación de inversiones privadas y “distribución de la riqueza”. No obstante, los grupos más reaccionarios y fascistas de la burguesía lanzaron la propuesta del neoliberalismo, que no es otra cosa, que una nueva guerra de conquista y colonización a nivel mundial. La revolución Bolivariana que recorre Venezuela y que “amenaza” con extenderse a Bolivia, Nicaragüa, Ecuador, etc. nos hace pensar que esta próximo un nuevo enfrentamiento de gran envergadura al interior del propio sistema capitalista, pero que, lamentablemente, no entraña un cambio sustancial a las relaciones sociales de producción. Es cierto, es importante que estos estados formen un bloque antiimperialista, antiyanqui, sin embargo, lo más importante sería que se declarasen efectivamente anticapitalistas y no nadamás socialistas. (Entiendase ahoraporqué el subcomandante Marcos declara que no le interesan los procesos que arriba se llevan a cabo en esos países, sino los que abajo y a la izquierda se estan organizando contra cualquier forma de dominación…)

3) La economía informal.

Sea en cualquier parte del mundo, uno de los grandes problemas que aquejan a los Estados, es la cuestión del desempleo. En la medida en que ha ido creciendo la población, en esa medida también ha quedado rebasada la capacidad de los empresarios -entre los cuales contamos al Estado, para crear fuentes de trabajo. Hay que decir, sin embargo, que la población no necesita nadamás trabajo, necesita trabajo bien remunerado con el que pueda comprar sus satisfactores. Lamentablemente las conquistas de luchas síndicales pasadas y que estan en proceso de desaparición, han creado una capa dentro del sector obrero (entre los que contamos a los líderes de sindicatos), que recibe ciertos beneficios de seguridad social estatales y un salario constante; lo cual en gran medida impide su identificación con otras luchas sociales que reclaman mejores condiciones de vida. Conforme ha ido elevandose la taza de desempleo, también han ido produciendose tres fenómenos de magnitud importante: la migración a centros industriales y urbanos ubicados en algunas partes del mundo, como Estados Unidos, Europa o Japón; el comercio informal y por supuesto el narcotráfico -aunque este último no nos interesa tratarlo aquí. Ambos, que obviamente no podemos abstraer de las relaciones capitalistas en los que se sutentan, hacen posible la sobrevivencia de millones de gentes. El principal problema para el Estado, derivado de esta situación, es que ni unos ni otros pagan impuestos. Los impuestos -decíamos atrás, además de la corrupción, son las grandes fuentes de ingreso del Estado. Es conocido que los migrantes envían dinero a sus famiias que viven en sus países de origen. Cuando estas remesas son enviadas mediante instituciones bancarias o similares, pagan impuestos al Estado. En el caso de México, por ejemplo, casi la mitad del PIB proviene del cobro de impuestos por remesas. No obstante miles de dólares entran a México sin pagar impuestos -afotunadamente, pues es bien sabido que una de las principales razones para migrar es el salario -con el cual comprar satisfactores básicos. (Tal vez en ambos países se trabajan ocho horas, pero en Estados Unidos el pago por hora es almenos cinco veces más de lo que se paga en México.)

Respecto del comercio informal, hay cuestiones importantes que incluso tiene un caracter mundial. La producción capitalista produce muchos articulos de consumo totalmente evanescentes, o inútiles, o de moda, no obstante estos articulos se comercian a nivel mundial a grandes escalas. La ciudad de México, y particularmente la zona centro de la ciudad, es un gran mercado informal. Miles de productos venidos de China, Corea, Estados Unidos, etc, son vendidos al por mayor y a precios accesibles, en grandes cantidades. Las fábricas donde se producen estos articulos de consumo estan caracterizadas por ser grandes industrias maquiladoras donde se emplea a miles de gentes, las cuales reciben un salario humillante. A la par, entre quiénes realizan la venta de la mercancía, es entre quienes se reparte la plusvalía producida por esos miles de obreros. Un tanto por ciento para el dueño exportador, un tanto por ciento para aduanas (impuestos), otro tanto en corrupción y finalmente un tanto más para los comerciantes informales que todos los días llenan calles enteras. La ganancia obtenida por estos últimos, en relación a los empresarios es por supuesto mucho menor, pero si podriamos compararla con el salario que recibe el propio obrero que las produce. En este sentido, tanto éste como el otro, apenas y pueden solventar su propia sobrevivencia.

En la medida en que tanto el comercio informal como la migración (y el narcotráfico) han comenzado a representar grandes problemas para el Estado, en esa medida también se están impulsando medidas para contrarrestarlos. Una propuesta importante, de la cual el gobierno mexicano es su principal promotor, es el Plan Puebla Pánama. Este plan contempla la inversión de capital privado para la construcción de grandes corredores de maquiladoras y de turismo donde sean empleados todas esos millones de gentes que ante la pobreza y el desempleo, tienen miras de migrar a otro país, principalmente Estados Unidos. De esta manera se estarían matando tres pájaros de un tiro: mayor pago de impuestos, menor desempleo y menor migración.

Sin embargo, esta propuesta neoliberal que en apariencia pudiera parecernos viable -ja!, esconde la intención de continuar con el proceso de despojo de los pocos aunque enormemente valiosos, medios de producción que tenemos y que se han conservado gracias a la ferrea resistencia de cientos de comunidades campesinas e indígenas -de las cuales proviene la mayor parte de la población que migra a las ciudades. Si en los últimos años el Estado ha reforzado sus instituciones de control social, se debe no solamente a la guerra que lleva contra el narcotráfico, sino principalmente a la guerra declarada en contra de todas esas comunidades y regiones que organizadas estan decididas a no permitir que las despojen de sus bienes colectivos e históricos. La amenaza neoliberal que recorre nuestro continente y muchas partes más del mundo, ha desatado enfrentamientos de gran envergadura contra del propio sistema capitalista. Sin embargo, la cuestión más importante es, a todas luces, si nosotros, los trabajadores que somos de abajo y a la izquierda -la resistencia-, tenemos o no, una propuesta, real, que deje atrás las relaciones de producción capitalistas, es decir, un sistema productivo que deje de producir mercancías, que deje de apropiarse del trabajo del obrero, que deje de explotar la naturaleza, con el que se solventen las carencias y necesidades de millones de personas en el mundo. De esto va a tratar la segunda parte de este articulo.

Enero 2007

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