[Grupo Esfuerzo] Texto de presentación para un debate sobre drogas

Nos parece que ha llegado el momento (hace tanto que esto es necesario) de una ruptura, de un antes y un después. Es apremiante que reflexionen sobre ello los que aún no lo han hecho, y que adopten una postura pública los que lo tenemos claro. Hay a grosso modo dos puntos de vista: o continuismo, seguir así, hacerse la manicura mientras los efectos de uso y abuso de drogas se extienden minando la salud física y mental, las capacidades de la gente, o, de una vez por todas tomar cartas en el asunto. Esta última opción es la que defendemos nosotras.

“Optimismo y pesimismo solo son maneras de comportarse ante un problema que previamente debe ser reconocido. No es `optimista´ quien por ignorancia o mala fe niega su existencia y actúa como si nada pasara. Es un inconsciente o un derrotado. Y quien se alarma no es `pesimista´, es alguien que tiene los ojos abiertos y asume responsabilidades.” 1

Los que se posicionan “a favor de las drogas” y, lo que es peor, como el perro del hortelano, en contra de la adopción de medidas que frenen la degradación en nuestros ambientes, arguyen comúnmente que la sustancia no es mala, la responsabilidad de su uso es individual, que cada uno con su cuerpo hace lo que quiere… allá cada cual.

Paradójico y grotesco, en un sistema del que nos quejamos de la falta de libertad, del control total, de la grave limitación de nuestra autonomía, casualmente en esto se queda al margen, elegimos y consumimos libremente, ¿alguien puede a estas alturas ser tan necio o ciego como para creérselo? Por conveniencia tal vez juegan a hacer que se lo creen, como en el cuento del traje nuevo del emperador.

“Nosotros no asumimos el punto de vista del consumidor, sino el del ser humano. No se trata de ese derecho de considerarlo todo, a todas y a todos en términos de consumo, sino de liberarse del destino al que quieren condenarnos los industriales: el de ser corderos que uno lleva a pacer al campo, para después trasquilarlos y, por último, dejar que revienten cuando no haya nada mas que sacar de ellos.” 2

Estas elucubraciones sobre la libertad individual de drogarse, cantinela gastada, esta excusa para continuar con la no intervención, es tan sólo escurrir el bulto, mirar para otro lado, por temor o incomodidad a que lo que algunos hacen (dígase: ponerse pública y notoriamente en cualquier sitio, e incluso mercadear) sea puesto en entredicho, criticado, mal visto y erradicado de ciertos lugares y ambientes. Ése es su miedo.

Por supuesto los primeros interesados en que todo siga igual son quienes viven la cómoda vida del camello, y es que no está mal eso de vivir sin trabajar, es muy cómodo. Un camello vende algo ilegal, no arriesga su libertad para satisfacer una necesidad social como algunos sinvergüenzas sugieren, se sirven de la ilegalidad, puesto que el contrabando multiplica el margen de beneficio: más pasta. Cuando algún camello ha caído, en alguna ocasión, su entorno ha tenido la desfachatez de presentarlo casi como un preso político, por ser su actividad ilegal y perseguida por la policía (cuando debería haber sido perseguida por nosotros). Hace años un grupo anarquista negó el uso del espacio que gestionaba para un concierto en beneficio de un traficante recién encarcelado, los amigos de este les retiraron la palabra. Y es que hay quien prefiere la coherencia y la autenticidad a turbios negocios con daños colaterales. Cuando las cosas se tuercen, lo individual pretende que vuelva a ser colectivo. Por aquí se va a Madrid.

Ha habido gente que ha llegado más lejos, muy por encima del menudeo de polvos. Vieron que había mercado en el gueto para un nivel superior (“para que se lleven el parné otros de fuera, nos lo quedamos nosotros”), lavaron sus conciencias y su dinero fácilmente: los “otros” se quedan con todo, “ellos” sugerían que parte del beneficio revertía en el movimiento… ¡Puaj!, sin comentarios.

La teoría nos aburre, la realidad nos hace fuertes, y la realidad que palpamos y padecemos y la que todos conocemos es sólo una: vidas rotas, cuerpos castigados, mentes y nervios machacados por el uso y disfrute de las drogas, ambientes degradados, avance del hedonismo, relaciones y emociones falseadas. Y es que un sistema que nos roba todo, que destruye las comunidades humanas dejándonos solos ante el peligro, sin principios y sin meta, nos ofrece como consolación para llenar ese vacío una amplia oferta de sucedáneos, chucherías y engaños que nos hacen dependientes, compulsivos y enfermos: drogas a la carta, de la farlopa más pura para los ricos al speed mas guarro para los punkis, pasando por el alcohol, el tabaco o las drogas duras dispensadas con receta. Juegos a la carta, desde los casinos hasta las timbas de taberna, pasando por el bingo, la lotería y las tragaperras. Tecnologías que abducen, desde los móviles y los videojuegos hasta los foros de Internet. Aficiones maniáticas, desde las compras compulsivas hasta el personalizado de coches, pasando por el forofismo deportivo y los ídolos musicales…

Y, claro, podemos decir, por ejemplo, una máquina tragaperras no es mala en sí misma, cada cual es libre de echar o no, yo y mis colegas sólo echamos de vez en cuando el cambio del tabaco y no nos enganchamos, hacer campaña contra ellas es moralista, todos somos mayorcitos y no es malo, criticable ni sospechoso, que además de en casinos y salones de juego, las tengamos en todos los bares de nuestro pueblos y ciudades, permanentemente accesibles, aunque alguna vez se me vaya la mano y me gaste más de lo que quisiera, eso no merma mi autonomía personal ni mi capacidad de lucha, y si otros han arruinado su vida, ése es su problema, no vamos a pagar justos por pecadores… Pues bien, nosotros volvemos a la realidad: la presencia de miles de tragaperras ha creado miles de ludópatas, destruido miles de vidas y llevado ruina y sufrimiento a miles de familias, aparte de llenar las arcas del estado y las de particulares sin escrúpulos. Por eso nuestra postura es: cuantas menos tragaperras, mejor, cuanto más lejos, mejor, todo el dolor y daño que causan no pueden ser ignorados solo porque unos pocos disfruten de ellas y sean tan fuertes y listos como para ser inmunes a sus peligros. Son tantísimos los afectados que es un problema social.

Aunque pasásemos por alto que el consumo de drogas es, en muchísimos casos, lo contrario al cuidado de la salud física y mental… Aunque obviáramos que el tráfico de drogas es la antítesis del comercio justo, que detrás hay mafias, estados, grupos paramilitares, asesinatos, destrucción de la naturaleza, millones para bancos y paraísos fiscales, blanqueo de dinero en ladrillo que ha disparado la especulación inmobiliaria, sobornos, corrupción policial… aún así, podríamos ver a las “mulas” que caen en los aeropuertos, a los yonquis que quedan vivos y su submundo de degradación, a algunos, esclavos de los chabolistas camellos por unas micras al día, a otras, prostituyéndose por unas dosis, vemos los guetos marginales del narcotráfico, que no existen por casualidad y que atizan el racismo, vemos la delincuencia de los enganchados y cómo justifica la misma existencia de la policía y de la autoridad, y vemos las cárceles, donde la mayoría paga su relación con el mundo de las drogas, donde malvive y malmuere tanta gente que no ha sido capaz de tener tanto control, ese control del que algunos alardean y que convierten en su argumento.

La heroína golpeó fuerte, miles cayeron, muchos aún morirán, y los que sobreviven están tocados para siempre… generaciones enteras fueron diezmadas. Al principio era algo novedoso, se tardó un tiempo hasta que, a la vista de sus efectos, el mundo revolucionario y anticapitalista reaccionase, pero reaccionó: –heroína no, heroína y policía, la misma porquería-, panfletos, pegatinas, las letras de las canciones de decenas de grupos… a nadie se le ocurría chutarse ni hacer ostentación de ello, y mucho menos pasar caballo en ciertos ambientes. Eso fue positivo, se evitó que más personas cayeran, se salvó a gente, esa es la verdad, eso es lo que vale, al margen de que la heroína no tenga ideología, de que cada uno sea libre de no probarla o de meterse un buco suicida, la realidad es que fue usada como un arma, y que, aunque tarde, en nuestro ambiente la neutralizamos, hoy ha sido sustituida por otras que han de ser neutralizadas, de ahí la urgencia de conseguir hacer hoy lo mismo con la cocaína y el speed, por eso además hay que extender y contagiar un discurso elaborado y bien argumentado sobre este asunto para que dentro de unos años, cuando nos hayamos librado de ellas, no sean sustituidas por ninguna otra munición. Para que además se tenga claro que todas las drogas tienen su peligro, el costo, la maría, el alcohol, los tripis, pirulas varias,… tienen efectos perniciosos que se ignoran, de los que apenas se habla, pero que muchos conocen a su pesar, aunque sea tabú casi reconocerlo, porque lo que impera sobre todo entre los más jóvenes es atiborrarse y pasárselo pipa (aunque otro punto interesante sería tratar de definir qué es realmente pasarlo bien y qué tiene que ver con pasarlo tal y como nos dicen que hay que pasarlo), quien no se pone es casi un bicho raro. Creíamos que estábamos aquí (nosotros al menos estamos aquí) para pelear, para construir, para defender unos principios, porque creemos en la anarquía y en la revolución, en el apoyo mutuo y en la solidaridad real, por eso nos juntamos, es lo que nos mueve, lo que nos atrae, el bien común, y es por ese bien común y no sólo por pura estrategia por lo que adoptamos esta postura, porque si nos atrajese más la evasión y la diversión amoral, nos sentiríamos libres de responsabilidades hacia nuestros semejantes.

“Toda esa mierda sobre la democracia y las oportunidades con la que los alimentaban era solo para evitar que quemaran los palacios. Claro, de vez en cuando había un tipo que salía del vertedero y lo conseguía. Pero por cada uno que lo conseguía había cientos de miles enterrados en los barrios bajos o en la cárcel o en el manicomio o suicidados o drogados o borrachos.” 3

“El modelo consumista en el que estamos sumergidos se cimenta en los mecanismos que determinan las sensaciones de placer del cerebro: sentimos la necesidad de repetir hasta la saciedad cualquier actividad que nos causa placer, como, por ejemplo, comprar compulsivamente para satisfacer los deseos fugaces. Esta repetición causa adicción y la adicción –un verdadero callejón sin salida– entraña que cada vez necesitamos una repetición mas frecuente y mas intensa de la actividad placentera para disfrutarla con la misma intensidad […] Podemos intentar reprimir las emociones negativas que generamos, pero las emociones reprimidas son una auténtica bomba de relojería. Un día, sin previo aviso pueden estallar a través de la ansiedad y la enfermedad. Resulta más eficaz modificar los entornos que generan el exceso de emociones negativas, aprender a gestionarlas con inteligencia y fomentar las formas de vida que generan emociones positivas.”4

Lo que construyamos será en base a la autenticidad, la coherencia, con compromiso y esfuerzo, o no será. Hacemos un llamamiento, una petición a los que estén con nosotros, para empujar juntos en esta dirección, con todos los medios a nuestro alcance. Por estrategia, coherencia y decencia, porque sin valores no hay futuro, porque es un problema colectivo y ha de afrontarse colectivamente.

Empezando por hacer pública nuestra postura, por un lado mediante textos en los que se exponga pormenorizadamente, por otro, con propaganda más impactante, de lemas, pegatas, carteles… Se podrían declarar lugares libres de droga y mercadeo, señalar camellos y droguerías, y, por qué no, promover grupos de discusión y encuentro entre las interesadas y afectadas, gente a la que causa o causó problemas, hablar, intercambiar experiencias y pareceres, ayudarse. No hace falta ser un politoxicómano agudo para hablar de las drogas, para haberse sentido a disgusto por ellas por el tipo de relaciones que producen. Nadie pretende un juramento de abstinencia total, más bien defendernos juntas, y estar mejor capacitadas para las muchas y complicadas luchas que nos aguardan.

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1,2- De la miseria humana en el medio publicitario, Grupo Marcuse.

3- Hijo de Satanás, Charles Bukowski.

4- Brújula para navegantes emocionales, Elsa Punset

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