[A. Landariz] El factor humano

EL mundo actual se caracteriza por una acusada separación entre las formas organizativas que constituyen el tejido institucional de la sociedad (cada vez más impersona­les y autoritarias) y los intentos cons­cientes de crear modos de contestación radicales y autoorganizados. La filoso­fía política que guía a estos últimos parte de la afirmación de un espacio de libertad, donde se intentan desarrollar valores diferentes y un pensamiento-acción crítico frente a la realidad. Este ámbito de la vida social suele estar for­mado por pequeñas experiencias de carácter abierto, informal y heterogé­neo, relacionadas entre sí en forma de redes más o menos estructuradas.

Esta naturaleza asamblearia e igualitaria, que posibilita potencialmente una activa participación, refleja también la interesan­te tensión entre el afán por mantener la fuerza del pro­yecto colectivo (antagónico con la idea de protagonis­mo o liderismo) y la decisi­va importancia de la perso­nalidad individual y de las relaciones interpersonales en la configuración de la idiosincrasia del grupo.

Resulta complicado definir qué es lo que lleva a una persona a integrarse en un proyecto colectivo de tipo marginal. En la mayoría de los casos hay una mayor o menor conciencia de que el fruto palpable y cercano de la lucha va a ser escaso o quizás nulo. Se pueden citar como factores la edad, el compo­nente subjetivo, emocional y utópico del ser humano, o la caída de los grandes mitos políticos y la vuelta a lo cercano. Es precisamente en este ámbito donde la posibilidad de autorrealización y cre­cimiento moral, de apoyo, de seguridad y de raigambre están más presentes. La persona tratará de hacer frente a inquie­tudes y problemas sociales, pero siem­pre amparada por ese sentimiento de sentirse a gusto con lo que hace y con quienes le acompañan.

La combinación de sentimientos, deseos, ideas y proyectos configura unas relaciones complejas en las que pueden producirse situaciones proble­máticas. Estas son el fruto tanto de los condicionamientos individuales como de la propia dinámica que se genera en el interior de los grupos.

DINÁMICA DE GRUPO

Un grupo supone la suma de dife­rentes personalidades individuales, pero también la adopción de unos mecanismos de actuación u otros. Ambos extremos condicionan la vida del grupo y pueden llevar al buen enten­dimiento y la solidaridad o a la incom­prensión y la creación de vicios de funcionamiento más o menos incons­cientes. Estos últimos pueden ser de diverso tipo:

1) Mentalidad de grupo cerrado. No tiene porqué coincidir con un número pequeño de integrantes, sino más bien con la formación de un submundo donde la aparente seguridad sólo oculta el miedo a hacer frente a la realidad exte­rior. En este callejón sin salida surgen los roces «personales» (la impotencia se trans­forma en una forma de odio) y al final las contradicciones explotan hacia adentro.

2) Falta de debate (personal y colectivo). A veces se considera que con unos pocos principios supuesta­mente claros, no hay que plantearse mucho más. Sin embargo, la propia actividad es un foco de problemas y preguntas constantes que es preciso plantearse. La ausencia de debate suele llevar a un dogmatismo para el que la realidad no representa una fuen­te de experiencia, sino un enemigo.

3) Diferentes niveles de implica­ción e interés. No es tanto un problema como una elemento a tener en cuenta, ya que suele ser habitual que se pro­duzcan conflictos al tratar de exigir el mismo grado de esfuerzo o implicación a gente con circunstancias personales muy diferentes.

4) Información restringida. Es un medio bastante ade­cuado para que se establezcan relaciones de poder, bajo una aparente democracia interna.

5) Especialización. Aunque cierto grado de especialización resulta a veces más o menos inevitable (ej. conocimien­to técnico), lo cierto es que puede originar diferencias artifi­ciales y romper con la idea de un saber interno lo más glo­bal y extendido posible.

6) Exceso militante. La acción por la acción conduce al consabido «queme» y a la fuga de miembros del colectivo, que no encuentran en el mismo ningún motivo de satisfac­ción.

7) Aburrimiento. La actuación ritual, repetitiva, y falta de imaginación generan aburrimiento y falta de interés por la toma de una postura activa en el grupo.

8 ) Machismo. Este es un aspecto fundamental, ya que no es solamente un problema de actitudes, sino también de fun­cionamiento, como reflejo de los valores de la sociedad patriarcal. Quizás habría que estudiarlo como uno de los prin­cipales factores que alejan a la mujer de los grupos teórica­mente mixtos.

9) Ausencia de relación personal. Hay perso­nas que pueden desentenderse de proyectos o luchas que les interesen objetivamente, simplemente porque no se sientan integrados o no logren establecer relaciones satisfactorias.

10) Vínculos demasiado estrechos. Conllevan la formación de un círculo autoexcluyente (camarilla), con lo cual se establecen diferentes niveles de saber y de poder dentro del colectivo. Además, se dificulta la entra­da y adaptación de nuevos miembros, que, al menos inicialmente, son consi­derados como «extraños», que o bien lo seguirán siendo o lograrán su acceso a este círculo de «elegidos».

11) Personalización del grupo. Es la valoración de otro colectivo en función de ciertos inte­grantes del mismo, haciendo abstracción de la propia actividad o de las aportaciones colectivas. A ello se añaden prejuicios y sectarismos de tipo político, lo que es abono habi­tual de incomprensiones, frustración y paralización de las luchas. En otro sentido, se podría hablar del colectivo marca­do por la personalidad y la dilatada labor de alguno de sus miembros, cuya falta lleva a la desaparición del mismo.

ACTITUD INDIVIDUAL

Aunque no se puede desligar una actitud personal de su resultado en la acción colectiva, sí puede resultar ilustrativo hablar por separado de determinadas actitudes individuales. Hemos nacido en una sociedad que potencia valores contra­rios de los de la convivencia humana. Incluso cuando trata­mos de romper con ellos, pueden surgir en cualquier momen­to, y muchas veces de forma inconsciente.

Se podría quizás establecer una doble diferenciación en torno a estas actitudes, bien sean estas de tipo autoritario o de dejación e irresponsabilidad. En cierto modo nos hallaría­mos ante una forma de sadomasoquismo aplicado a la acción colectiva.

1) Autoritarismo. Demasiado a menudo tendemos en nuestra manera de actuar y de relacionarnos con los demás a imponemos más que a comunicarnos.

2) Individualismo. Esta es una forma bastante habitual de funcionamiento dentro de los colectivos. Bien sea por falta de apoyo o por otras circunstancias la persona acaba consi­derando que no tiene que contar con otros para realizar cier­tas actividades. El resultado final suele éer la desintegración del grupo.

3) Egoísmo, insolidaridad. La persona utiliza el grupo como un instrumento para sus propios intereses.

4) Liderismo. El liderazgo puede ser espontáneo, como fruto inconsciente y no duradero de una actividad. Pero tam­bién hay quien busca su pequeño reino de taifas, donde poder ser el centro de atención.

5) Gregarismo. Es el gusto por ser mandado y admirar al que manda.

6) Superficialidad. Banalización de las luchas como si de una moda pasajera se tratara, a la que hay que sumarse en su momen­to porque es lo que hace todo el mundo.

7) Pasividad. La persona no se siente motivada para tomar parte activa en el grupo, lo cual es caldo de cultivo de actitudes autoritarias.

8 ) Martirio. Sacrificio por una «idea» que supone la anulación de la capacidad de fomentar formas de diversión y enriquecimiento personal por diferentes vías. La militancia extrema (propia de organizaciones de tipo sectario) genera rencor hacia quienes «no son capaces» de entender ese sacrificio. También es cierto que hoy en día, tiende a encontrarse una forma de martirio inversa, que consiste en sustituir la acción por la queja constante.

10) Búsqueda de salida a frus­traciones personales. Puede lle­var a actitudes de tipo neurótico, y a la confusión entre el «yo» y el «noso­tros», con las consecuencias imagina­bles que se pueden derivar. Hacer de un sólo objeto u objetivo el fin de la propia vida puede resultar destructivo para la persona y socava la acción colectiva.

LLAMADA DE ATENCIÓN

Todos estos aspectos no se tienen por qué darse de una mane­ra constante ni extendida, pero sí suponen una buena mate­ria de reflexión. El mero hecho de querer organizarse de forma diferente suele ayudar a erradicar muchos de estos comportamientos, aunque en ciertas ocasiones se trata de resolver u obviar todos los problemas y contradicciones colo­cando la consabida etiqueta de «alternativo» que parece sal­var de todo mal.

La definición del sentido de la acción colectiva y de cuál es el papel que juegan las personas dentro de ella conforma el paso previo sin el cual no es posible hablar de espacio antiau­toritario. La información que circula, la comunicación grupal, el diálogo interpersonal y el debate constante ayudan a afian­zar y a dotar de contenido a cualquier empeño colectivo. No hay que olvidar tampoco el aspecto lúdico como válvula de escape a las tensiones, y la creación de foros donde diferen­tes luchas puedan encontrarse y enriquecerse con su expe­riencia y vitalidad mutuas.

A. LANDARIZ

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: