[Niñxs Malxs] Mirando hacia dentro de los espacios liberados

Sobre la organización de los espacios liberados

Este texto es una visión subjetiva, pretende ser una crítica interna de la realidad que inunda a los espacios liberados. Nos centraremos al hablar en espacios okupados de caracter autónomo-libertario aunque este analisis sea extrapolable a otros espacios como ateneos u otros locales. Queremos, a traves de estos pequeños ensayos, ir un poco mas allá en nuestros planteamientos, es decir radicalizar nuestras ideas y por lo tanto nuestras luchas y asi, poder acercarlas a una verdadera critica social, a una continua y cotidiana ruptura del sistema.

División

Cuando se habla de okupación o por lo menos, cuando lo hacen algunas personas cercanas a este movimiento, se suele hacer una diferenciación entre casas de vivienda y centros sociales, refiriendose con este último término a los espacios que ofrecen actividades ludicas, formativas o sociales a la comunidad. Esta división es errónea, para nosotros, todo espacio liberado, es decir, okupado, reivindicado y que ponga en práctica una forma de vida horizontal y solidaria debe ser tenido en cuenta en la misma medida. Son estos analisis valorativos los que convierten a los pequeños okupantes, por llamarles de alguna forma, en aprovechados sociales en favor de los CSO’s (Centros Sociales Okupados) que por el contrario si se implican en la sociedad. Por supuesto, son tambien estas diferencias creadas las que facilitan al estado la puesta en práctica de políticas represivas contra estos pequeños espacios, en pro de otros de mayor dimensión y dedicados al triste servilismo social. Solo difuminando estos conceptos heredados de la Europa alternativa y ya aceptados socialmente podremos encontrarnos, por fin, con un movimientos liberado de roles y estúpidas divisiones.

En cuanto a los CSO’s y su organización

Si entramos en un CSO nos encontraremos generalmente, bastante elementos comunes; una sala con una barra donde se realizan algunas “kafetas” (casi nunca hay cafe pero queda mejor que llamarle Bar), algun taller que otro (serigrafia, fotografia,…), una sala para conciertos y espectaculos y si el espacio da más de si, hasta una biblioteca o sala de reuniones para colectivos. Como vemos, esta estructuración no difiere mucho de la de un centro civico, financiado por el ayuntamiento. Lo realmente chungo es que la actividad de muchos de los centros sociales ocupados se asimila o se dirige hacia esta practica asistencialista. ¿Creeis que merece la pena arriesgar nuestra libertad y gastar nuestra energia en esto? Yo no quiero gastar mi tiempo en ofrecer un servicio a una sociedad que ni siguiera respeto. Para algunos las casas ocupadas (la gente que la habita) deberian ser generadoras de confrontaciòn social, siendo la chispa que prenda la mecha de la revuelta. Aunque sea esta practica radical la que lleve a la okupación a su desaparición como movimiento, debido a la fuerte represión del estado, no creo que nuestra finalidad sea ofrecer servicios sociales a la comunidad perdiendo todo nuestro tiempo detras de una barra o haciendo talleres para que los vecinos digan lo buenos que somos o lo implicados que estamos en la paz social. Seria bueno plantearnos de verdad si queremos cambiar la sociedad o simplemente formar parte del espectaculo que ella nos brinda.

Sobre la financiación

Otro punto importante para analizar en la organización de espacios liberados, es la mercantilización, es decir, la venta de productos, ya sean artesanales o de pura producción capitalista y de servicios de cualquier tipo (teatro, conciertos y hasta alquiler de habitaciones). La eterna necesidad de conseguir dinero junto con nuestra apreciable falta de imaginación nos ha llevado a la repetición de los mismos esquemas en cuanto a la financiación (y no autogestoin como algunos dirian) de los espacios liberados. Es triste que nuestra tendencia a simplificar y aceptar las cosas como nos vienen, nos lleve a asimilar totalmente estas dinamicas que,como el que va a trabajar, acabamos combirtiendo en rutinarias. No somos mercaderes, ni siquiera queremos ganar dinero con el “meneillo”, ni vivir de la música o de vender camisetas autenticamente “chachi-guays”. El capitalismo, y su practica mercantilista (tanto vale, tanto cuesta) han colapsado nuestras relaciones humanas y sociales, ya teñidas con oscuros intereses (poder, dinero, fama), y ¿por qué no? tambien han invadido los espacios que pretendiamos liberar, conviertiendo “nuestras” casas en pequeñas sedes del capitalismo alternativo no, como pretendiamos, en lugares para la difusión, el juego y la revuelta.

Hacia un estatismo social…

Asi, nos encontramos ante un importante problema, el no-avance. El estatismo social nos atrapa para hacernos creer que las cosas son así y punto. Frente a un movimiento que crece en número pero no en confrontación social ni en formación ideológica, se encuentra, la política represiva cada vez mas sucia del estado. Ante la desagradable visión de un movimiento que se desmorona, la única y última carta que nos queda por jugar es la desobediencia, el sabotaje, la autodefensa o, como dirian los periódicos, la violencia, por lo menos para los que no tenemos amigos en el ayuntamiento. El problema de esta “violencia” es que si no esta acompañada de una fuerte formación y de una red social activa y afín, es facilmente controlable y reprimible, dejando a sus ejecutoros solos frente a la criminalización (prensa-opinión publica-estado). Aún así algo nos llama a romper esta falsa paz social, a continuar nuestro viaje un poco más allá, por encima del estatismo que ha invadido nuestros campos de lucha y a la sociedad en su conjunto. Una forma de conseguir algo parecido pasaría por crear nuevos lazos de union y comunicación (fuera del gueto) que nos hagan invisibles entre la población de a pié, generando un frente difuso y deforme en contínua expansión. Podremos, entonces, ser espontáneos y radicales, despojarnos de disfraces estériles, generar formación y debate y matar las enmarcadas relaciones y roles arcaicos que hasta ahora habian determinado nuestra forma de organizarnos, nuestra vida.

Otra critica iría dirigida a nuestra forma de gestionar el ocio, a las rutinas que determinan la manera de divertirnos, que requeman a nuestros vecinos y reducen los espacios liberados a lugares de migración, al estilo Santiago, a los que acuden, cada fin de semana, cientos de personas para gastar su dinero en este concierto o aquella rave y que, bajo la bandera unitaria del puestón, arreglan (y arreglamos) el mundo, pero solo de boquilla. Luego, tras la fiebre del sábado noche, los espacios caen en el abandono social y la desidia y solo son perpetuados y mantenidos por las pocas personas que de verdad se creen el proyecto e intentan, agoniosamente, tirar palante. Son las prácticas organizativas (dinero-carteles-plataforma-mani-concierto-dinero…), que nosotros convertimos en rutinas, las que nos hacen predecibles y vigilables y por consecuencia facilmente controlados y reducidos. Tomaremos plazas y calles para desaparecer despues, llenaremos de poesia las paredes, llevaremos, a traves la autoformación y la crítica, nuestra lucha hacia una evolución sencilla y no reformista. Desnudandonos de esta forma, podremos ver, de una vez, nuestro lado invisible,nuestro lado mas erótico, más salvaje.

Sobre la negocicion Hay quienes piensan que se pueden o se deben compartir los espacios liberados con colectivos partidistas, ONG´s u otras organizaciones gerárquicas y verticales (no se como se come eso), al igual que otros ven un logro o una pequeña victoria en el hecho de que un/a dirigente político se siente a dialogar con nosotros, pensando que nos venderemos por un par de leyes que ni siquiera queremos. La negociación y, en su última consecuencia, los pactos, son, por parte de quien los realiza, un acto vanguardista y egoista totalmente reprochable, como se reprocha a los sindicatos verticales el hecho de que negocien como mafiosos el futuro de los trabajadoros y no sean ellos los que decidan las condiciones que afectarán a su vida. Por esto, a vosotros que os vendeis a un juego político con el estado y os pasais por el forro a aquellos que no disfrutamos del colchón social, deciros que no mereceis ningun respeto ni consideración. Es ridícula la idea de que se puede mantener una actividad radical y de crítica al sistema despues de pactar el espacio donde se lleva a cabo dicha actividad, ridícula, por que dicha actividad dejó de ser radical en el momento en que fue aceptada por el propio sistema y llevada a negociación por quienes la practican. Si el estado decide sentarse a negociar con nosotros, no creamos que es porque este, ha encontrado su lado bueno y humano o porque rompimos muchos cristales en la última mani, sino porque le interesa esta estrategia que pronto nos dividirá y le permitira criminalizar a los sectores más peligrosospara el estatus social.

Una sociedad violenta disfrazada de paz social

Una extraña neblina de estabilidad democrática i paz social ha invadido todas las esferas de la vida en el mundo occidental. Parece haberse descubierto el equilibrio democrático, o sea, el sistema más justo, ya aceptado por sus más acerrimos disidentes (Mayo del 68, estudiantes de los 70, revueltas de 86). Asi, un extraño respeto a la vida y un civismo exhacervado son bandera de nuestros “conciudadanos”. Estos sentimientos chocan con una realidad bastante diferente; represión y explotación en escuelas, trbajos, centros de internamiento, fronteras, etc; exterminio, chantaje y tortura como métodos para perpetuar el orden social (guerra sucia, cárceles, regimenes FIES, dispersión, ley antiterrorista, leyes de extrngería, etc). Ademas de una política económica neoliberal (la de occidente) que genera estados de miseria, hambre, enfermedad y muerte sobre los llamados paises tercermundistas. Esta es la violenta realidad que caracteriza nuestra avanzada sociedad. Mientras, los periódicos mienten bajo las directrices del estado eliminando, con la escusa del terrorismo, cualquier resquicio de desobediencia social. Nuestra rabia desatada, la que surge para defender nuestras casas o como respuesta a la represión del estado, no es mas que una cnsecuencia de esta sociedad violenta, de las injusticias de este sistema. Este tipo de agresividad en forma de revuelta, no dirigida hacia personas, pretende ser la expresión de una serie de sentimientos (odio, rabia, impotencia) de quienes no nos creemos lo de poner la otra mejilla para con aquellos que están convirtiendo nuestra vida en una tediosa agonia. Seria algo asi como escribir una carta de odio. Por esto no creemos que nuestra “violencia” sea juzgable como la que el poder utiliza contra nosotros. Se podría juzgar la violencia que usa una mujer para defenderse y acabar con las contínuas agresiones y palizas de su marido de la misma forma que se juzga la que usa él para vejarla y oprimirla pero no seria justo. No es comparable, ni mucho menos, la sadica violencia que ejerce el poderoso con la que us el/a oprimido para arrancarse las cadenas.

ESPECIALISTAS EN ASAMBLEAS Y DEBATES ESPECIALISTAS EN MONTAR CONCIERTOS Y EDITAR GRUPOS ESPECIALISTAS EN DISTRIBUIR MATERIAL ALTERNATIVO O ANTICOMERCIAL? ESPECIALISTAS EN ORGANIZAR MANIFESTACIONES ESPECIALISTAS EN LA CONTRAINFORMACIÓN O LA EDICIÓN DE TEXTOS ESPECIALISTAS EN ROMPER CRISTALES Y GUERRILLA CALLEJERA Así, reducimos toda nuestra actividad a una pequeña parte de ella, dividiendo nuestros conocimientos, fracccionando la visión de una lucha que debería ser vista como un todo. El capitalismo anula nuestra capacidad de ves el mundo globalmente, capacidad que nos permite atacar de raiz a los problemas que genera el sistema. De la misma forma que la industrialización robó a los artesanos su sabiduría y conocimiento, arrastrandoles a la especialización en la cadena de montaje, la sociedad moderna nos ofrece un glorioso y remunerado puesto en la especialización alternativa.

Platformismo…afinidad

Frente a la incesable practica represiva por parte del estado-policía, nuestra propuesta organizativa suele ser el plataformismo. Esta practica que surge de la acción-reacción nos impulsa a unirnos en un frente común, al encontrarnos bajo una común situación represiva. El problema de esta forma de organización es que obliga a sus participantes a perder parte de su identidad y decir solo la mitad de lo que en realidad se querría, en beneficio del grupo. Ciertamente, y con la finalidad de asustar al estado, buscamos en nuestra respuesta la cantidad perdiendo a veces la calidad y encontrando incoherencias a la hora de trabajar. El plataformismo une y oculta, bajo una misma pancarta (dando la sensación de masa unificada) posturas que en otra situación estarian en clara oposición. Los frentes comunes nacen y se nutren de la diversidad, sino somos capaces de aceptar esta diversidad estaremos negandonos a nosotros mismos. No digo con esto que ciertas experiencias plataformistas no hayan tenido cierta repercusión o no hayan servido de nada pero, las mas de la veces, solo han mostrado una respuesta espectacular y masiva que pronto nos dejaria en el mismo lugar en el que estabamos. Por esto, un llamamiento a la organización seria y calculada no debe ser entendido como la creación de estructuras formales, estables y masivas integradas en un antagonismo difuso o frente común, sino que dicho antagonismo este perpetrado por pequeñas celulas de afinidad que se enriquezcan unas a otras en un trabajo continuo, serio y critico.

Sin más, deciros que esto es una critica interna, escrita desde y hacia la gente que se sienta implicada en este tinglao.

Niñxs malxs BCN 2001

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