[Entrevista a Carlos Vidania y Marga Padilla] “Okupar el vacío desde el vacío”

“Okupar el vacío desde el vacío”
[Entrevista a Carlos Vidania y Marga Padilla]

Sin duda, el centro social El Laboratorio, en sus diversas ediciones, ha sido una de las experiencias más intensas y relevantes de espacio público de resistencia en la ciudad de Madrid. Desde el edificio tomado de Embajadores hasta la okupación de Amparo 103, el Laboratorio ha sido un territorio de agregación y experimentación para sujetos políticos muy heterogéneos (más jóvenes o no tanto, vecinos o no, okupas o menos) que nacieron y crecieron en el desierto neoliberal de los años 80 y atravesaron luego los años 90 en pie de guerra. Hablar del Laboratorio, significa hacerlo sobre un pedazo muy importante de la acción política autoorganizada en la ciudad de Madrid, y en concreto en el barrio “global” de Lavapiés, en años de fragmentación acusada, carestía brutal de espacios públicos.

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::::Reventar las identidades

El Laboratorio 01 nace después del desalojo de La Guindalera en un contexto marcado por la entrada en vigor del nuevo código penal que sanciona duramente la okupación. A diferencia de las okupaciones “locales” que se llevaron a cabo en diferentes barrios por militantes exclusivamente autónomos tras el desalojo de Minuesa, el Laboratorio junta a gente de diversas procedencias políticas con la idea de disolver las identidades rígidas que existían entre distintos colectivos y sujetos heterogéneos. Se trataba de probar si era posible una experiencia común de las expresiones políticamente organizadas de Madrid, si se podía romper con la inercia de las okupaciones que convertían el espacio en un simple local de expresión de una identidad política determinada. La elección de un sitio en el centro de Madrid tenía que ver con ese espíritu “metropolitano”. Al entrar en el primer Laboratorio, el territorio se transforma y transforma a los que lo okupan. Ahora hay algo donde antes no había nada. La política que se hace en el Laboratorio y los imaginarios de sus habitantes no son en absoluto unitarios: unos creían que lo esencial de la okupación eran las actividades (charlas, etc.) que los colectivos realizaban dentro (la okupación como “medio”), mientras que otros comparten más bien el deseo de crear una relación diferente con el territorio, con la militancia, con lo institucional.

::::Apertura a lo social

El Laboratorio populariza pronto una consigna: “abrirse a lo social”. Se trata de abandonar las políticas autorreferenciales “sólo para militantes” y abordar los problemas concretos, materiales y cotidianos de “lo social”. Pero lo social asalta la experiencia de una forma inmanejable que nadie había previsto: se producen muchísimos problemas que interpelan directamente a la experiencia. Problemas que nadie había pensado pero a los que había que dar respuesta: gente que dormía en la puerta del Labo, gente acodada todo el día en la barra, gente que trapicheaba en el interior del espacio aprovechando la ausencia de policía, etc. Del primer Labo al segundo hay una diferencia muy grande que puede ilustrar la imagen de una puerta cerrada. En efecto, en el Laboratorio 02 sólo se asumen los problemas que se puedan asumir. Se acabó la ingenuidad de un grupo de militantes que creía poder gestionar tranquilamente y con sus propias fuerzas los problemas de lo social. Lo “social disgregado” sobrepasa a los primeros dos Laboratorios y a lo “social agregado” (la red de Lavapiés) no se llega.

::::La red de Lavapiés

Una constante marca la relación del Labo con la red de Lavapiés: el miedo de la red a ser absorbidos por una experiencia más fuerte que podía imponer su sentido a otras iniciativas más conservadoras y pequeñas (de carácter asistencial, muchas veces), la desconfianza sentida hacia las formas de lo político “no vecinales”. Se insiste mucho en que el Labo sólo es “una cosa más entre otras” dentro de Lavapiés, aunque la gente del Labo se empeña en repetir que no son un colectivo más entre otros, sino un espacio público, un lugar de encuentro, cooperación e indagación sobre nuevos valores y otras formas de socialidad. Se llega a la paradoja de discutir durante reuniones la propuesta de un centro social autogestionado en el barrio, ¡que no fuera el Laboratorio! Resulta condenadamente difícil salir de las discusiones sobre si los okupas eran o no vecinos, etc. Sin embargo, la propuesta de “extender” el centro social, que no triunfó burocráticamente, a la larga produjo en el plano vital efectos muy importantes: algunos cuerpos concretos presentes en la red de Lavapiés se vincularon afectivamente al Labo en lo sucesivo y hasta el momento. Y no sólo: el Labo 03, el Labo 04 y el que venga han sido y son un asunto de la red de Lavapiés (casi exclusivamente además). El centro social que viene surgirá de las necesidades del barrio. ¿Cancela eso su dimensión metropolitana? No, en absoluto: un centro social en Lavapiés tendrá siempre las características de lo metropolitano.

Cuando se okupó el Laboratorio 01 el barrio era muy diferente al actual: no había tantas asociaciones culturales, ni tantos migrantes (locutorios, etc.), ni habitaba todavía la “farándula lavapiesina”, ni habían hecho acto de presencia los mismos okupas. Con los años el barrio experimenta unas transformaciones gigantescas que vuelven definitivamente inoperativa la noción tradicional de vecino. ¿Quién es hoy “vecino” de Lavapiés? ¿El chino, el marroquí, el ruinoso, el traficante, el okupa, el precario, etc.? Pero la asociación de vecinos sigue funcionando con esa ficción local generalista: “los vecinos”. Se trata de un resabio de las viejas asociaciones de vecinos, dimensión cultural de la acción política del partido en la fábrica. En todo caso, para la gente del Laboratorio nunca se trató de hacer una “política correcta” o de seguir la “línea justa”, sino de hacer red con gente muy distinta. Aceptar determinados discursos, y no despreciarlos de manera ideológica, era necesario para ese objetivo fundamental de hacer red. Ciertamente, los problemas en torno a los que se agrega lo “social organizado” en el barrio siguen siendo muy clásicos: el centro de salud, por ejemplo. No ya el cuestionamiento de determinada concepción de la salud, sino la simple dificultad de acceso a un centro de salud en condiciones. Aunque las fronteras entre producción y reproducción se hayan difuminado “objetivamente”, la separación entre trabajo y ocio sigue funcionando en nuestras cabezas: por un lado están los amigos, por otro los compañeros de trabajo, más allá está mi amor y más acá mi acción política. Sólo cuando espacio y tiempo se unen, eso cambia, pasan cosas y se recomponen las vidas estalladas. Pero esa experiencia es demasiado intensa, difícil de gestionar y muchas veces se vuelven a separar voluntariamente las cosas para que la vida vuelva a ser “gobernable”.

::::Migrantes

En el Laboratorio 02 empezó a tejerse una pequeña red de contactos con migrantes. Había algunos de ellos viviendo en el Labo, algunas asociaciones de migrantes se acercan. Pero eso dura poco: los colectivos de migrantes más organizados desaparecen y de pronto no hay ningún interlocutor para maquinar nada juntos. Hay roce con migrantes sólo en situaciones de emergencia y conflictividad (los chavales de Cabestreros, las movilizaciones contra la guerra, etc.), pero no hay construcción alguna de comunidad, ningún espacio de encuentro no reivindicativo, no asistencial. Es difícil hacer una experiencia de lo común cuando “el otro” desaparece. Las tentativas más organizadas, como la oficina de información sobre derechos, que gestionaba el lado más asistencial de la red, tampoco producen nada mucho más sólido: se crean algunos contactos, se siguen durante un tiempo, pero luego todo se pierde como lágrimas en la lluvia. Por supuesto, en Lavapiés hay muchas comunidades de migrantes, pero no se tienen vínculos con ellas. Los senegaleses, por ejemplo, tienen una organización cuasi-estatal (o, mejor dicho, cuasi-eclesial) muy fuerte, que consigue dinero para el que quiera volver al país natal, se encarga de los entierros, etc. Los dominicanos también tienen lugares muy definidos de encuentro, no así peruanos y ecuatorianos, que están llegando en masa ahora. Los migrantes realmente viven en Lavapiés: construyen sus comunidades, tienen aquí sus locutorios, sus lugares de encuentro, etc. Pero el Laboratorio permanece ajeno a esas redes.

::::Territorio

La apuesta de redescubrir (o recrear) lo común en el territorio no se ha verificado, pero tampoco se ha falsado. Simplemente no ha habido tiempo para que se hiciese el experimento. Para que el territorio sea un vínculo de construcción de lo común hace falta más tiempo. El territorio tiene una composición múltiple, no sólo la del vecino. Pero, ¿qué espacios hay de reconocimiento donde pueda desarrollarse una vivencia “otra” del espacio? La apuesta del Laboratorio 3 era exactamente esa: hay otras comunidades en el territorio, pero necesitan un espacio de encuentro, un lugar de coincidencia de un “nosotros”. Un centro social es una máquina creadora de sentido, un contexto que fortalece y permite hablarse a las iniciativas que se inscriben en su interior. Entrar en un espacio vacío es realmente duro, hay quien no puede resistirlo. Pero el vacío es otra cosa si hay planos, si se tiene ya la partitura que se quiere tocar. En el caso del Laboratorio, esa partitura estaba escrita con los valores de la conexión y la cooperación. Entonces, el espacio se convierte inmediatamente en una máquina de complicidades que permite poner en común diferentes registros. Pero se necesita tiempo para que los lenguajes que buscan expresarse fuera de los canales codificados de lo político puedan construirse en común con otros. Cuando se ponen juntos los factores de unidad de tiempo y espacio entonces se crea, se produce. Ahora, sin Laboratorio, los distintos lenguajes son lenguajes para otros, no lenguajes en común. Se corre el peligro de que se imponga una mirada triste sobre lo real: ver todas las cosas en términos de disgregación, de carencia, de pérdida (éramos y ya no somos, nos juntábamos y ya no nos juntamos, teníamos y ya no tenemos, etc.). Pero todo depende de la mirada que se aplique sobre la realidad: por ejemplo, la manera de salir de la fábrica en los 70 podía ser una derrota o una fuga afirmativa hacia otros territorios de vida y de conflicto.

::::El momento de la verdad

Mucha gente tenía con el Laboratorio 03 una relación de instrumentalidad, un compromiso débil. Pero eso no es un problema, sino un dato. El Laboratorio 03 estaba hecho para que así fuera. Sin embargo, cuando el desalojo amenaza el centro social, “lo Político” (tradicional) resurge para gestionar el desalojo y el dato se vuelve un drama para muchos. “Lo Político” se siente abandonado por “lo Cultural”. Ahora, cuando se habla del siguiente Labo, muchos proponen un centro social abierto, pero con claras características políticas. Se dice que hay que evitar que ocurra de nuevo lo mismo: que en el “momento de la verdad” lo Político se exponga y lo Cultural huya. Pero todo eso significa no entender de qué pasta estaba hecha el Labo: sus únicas características políticas claras estribaban precisamente en la apertura. El hecho de que mucha gente que pasaba horas y horas en el Labo no se quedara luego al encierro por la noche tiene su lógica: esa gente fue al Laboratorio hasta el último día a hacer lo que habían estado haciendo durante más de un año, no otra cosa. Ése era su “compromiso” con el Labo. Lo que ocurre es que lo Político entiende demasiadas veces que el “momento de la verdad” de una experiencia de okupación es precisamente el desalojo, el enfrentamiento. ¿Cómo hacer para que la experiencia de la ocupación pueda desarrollarse sin quedar definida por el desalojo por venir? En el Laboratorio nunca se ha intentado verdaderamente la vía de la negociación, aun cuando haya habido buenas posibilidades: nadie decía que no, pero tampoco que sí. La tentativa del “consejo” planteada por el Laboratorio 02 fue recibida con mucho miedo y agresividad en el fantasmagórico “movimiento de las ocupaciones”. En el Laboratorio 02 la negociación fue casi inexistente, con poquísima implicación, una estratagema puramente instrumental. En el Laboratorio 03 se dice pero no se hace: la emergencia del espacio vuelve fácil la negociación, pero el Labo no da de sí para aferrar la posibilidad: se siente verdadero vértigo. Más tarde se empieza a tomar en serio la posibilidad de negociar, ¡justo cuando ya no hay Labo!

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Una respuesta to “[Entrevista a Carlos Vidania y Marga Padilla] “Okupar el vacío desde el vacío””

  1. Desde que se abrió el CSA La Tabacalera, los muchachos que gestionan la barra, es decir Ana la del mochón blanco, Carlos Vidania, Jordi Claramonte, han copado Medialab prado pero además han creado no uno sino 5 bares en Lavapiés y dos puestos en el mercado. Sin embargo el CSA la Tabacalerqa se ha convertido en un centro de distribución de droga dura, a la vista de los gusardias de seguridad contratados por el MECD. Salen todos los días chicos con sobredosis, en ambulancia., Y ni Vidania, ni ana que ahora se dedica mas a informática,. parecen muy interesados. ¿Cuales han sido las obrtwas sociales del CSA La Tabacalera? por qué no se investigan las cuentas dew los due´ños de los bares? por qué el MIniterio del interior ha dejado que se distribuya droga allí? Todos los días en ese si9tio tan guay envían preso a un inmigrante para ordenar su expulsión. Puf eso es un centro social. Por qué el MECD permite que continúa la cesión cuando el barrio ya ha pedido que se vayan y quye ceses de su trabajo a los guardias por complicidad?

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