[Internacional Situacionista] ¿Arde el Reichstag?

Traducción de Miguel Amorós aparecida en Un terrorismo en busca de dos autores. Documentos de la revolución en Italia, junto a textos de Encyclopédie des Nuisances, Ludd, Cesarono, Coppo y Fallisi, Sanguinetti, Debord, Insurrezione, Ghisneli y D’Este, selección, traducción y prólogo de Miguel Amorós, Bilbo, Muturreko Burutazioak, mayo de 1999. Contacto: muturreko@hotmail.com


Nota del editor: “Lo que el proletariado italiano está haciendo en las fábricas y en la calle no es todavía la revolución pero ciertamente es ya revolucionario. Italia se encuentra en el centro de la crisis que acomete por todos lados al capitalismo burgués y burocrático y que lanza el segundo asalto de los proletarios de todos los países contra todos los poderes. Pero todavía hoy la verdad del movimiento que viene es más conocida por el miedo de sus enemigos que por la voluntad que hacen gala sus protagonistas directos. Desde ahora es un proceso ineluctable al que sólo falta la conciencia de lo que ha hecho ya unas cuantas veces para saber lo que puede hacer, y hacerlo en todas partes“.

Así comienza el Aviso al proletariado italiano sobre las posibilidades actuales de la revolución social, manifiesto de la sección italiana de la Internacional Situacionista, que reconoce en las huelgas salvajes de 1968 el retorno de la lucha de clases y denuncia como enemigos de la organización autónoma de los obreros a los sindicatos. La extensión de la conciencia y del grado de autonomía de lo trabajadores es el verdadero éxito de las luchas, el cual por lógica interna, conduce a la formación de Consejos Obreros. La bomba de Piazza Fontana, en Milán, el 12 de diciembre de 1969, fue la respuesta del Estado al Otoño caliente, y la masacre sirvió de pretexto para una dura represión que utilizó como chivos expiatorios a los círculos anarquistas radicales. Días después, en la misma Piazza Fontana y en las puertas de las grandes fábricas de Milán, podía recogerse el panfleto de la I.S. que reproducimos, ejemplo único de comprensión en el acto del montaje secreto estatal que solamente mucho más tarde algún que otro militante “extremista” osaría tímidamente señalar.


Compañeros,

El movimiento real del proletariado revolucionario italiano lo está conduciendo hacia el punto en el que será imposible -para él y para sus enemigos- todo retorno al pasado. Mientras se disuelven una tras otra todas las ilusiones sobre la posibilidad de restablecer la “normalidad” de la situación precedente, madura por ambas partes la necesidad de arriesgar su presente para ganarse el futuro.

Ante el ascenso del movimiento revolucionario, a pesar de la acción metódica de recuperación de los sindicatos y de los burócratas de la vieja y la nueva “izquierda”, resulta fatal para el Poder desempolvar de nuevo la vieja comedia del orden, y esta vez juega la falsa carta del terrorismo, con el fin de conjurar una situación que lo obliga a descubrir todo su juego enfrentándolo con la claridad de la revolución.

Los atentados anarquistas de 1921, los gestos desesperados de los supervivientes del fracaso del movimiento revolucionario de la época, sirvieron a la burguesía de cómodo pretexto para instaurar, con el fascismo, el estado de sitio en toda la sociedad.

Fuerte -en su impotencia- en las lecciones del pasado, la burguesía italiana de 1969 ni necesita pasar por el gran miedo al movimiento revolucionario, ni tampoco esperar poseer la fuerza necesaria que no deriva sino de la derrota de aquél, para liberarse de sus ilusiones democráticas. Hoy en día, ya no necesita errores de viejos anarquistas que sirvan de pretexto a la realización política de su realidad totalitaria, sino que busca fabricarse uno ella sola, implicando a modernos anarquistas en el montaje policial, o manipulando a los más ingenuos de ellos mediante una grosera provocación. Los anarquistas, en efecto, cumplían todos los requisitos de las exigencias del poder: imagen separada e ideológica del movimiento real; su “extremismo” espectacular permite golpear a través de ellos al extremismo real del movimiento.

La bomba de Milán ha explotado contra el Proletariado. Dirigida contra las categorías menos radicalizadas para aliarlas con el poder, llama a la burguesía a cerrar filas para la “caza de brujas”: no hubo una masacre entre los agricultores por casualidad (en la Banca Nacional de Agricultura) pero sólo hubo miedo entre los burgueses (en la Banca Comercial). Los resultados, directos e indirectos, de los atentados, son su objetivo.

En el pasado, el acto terrorista -como manifestación primitiva e infantil de la violencia revolucionaria en las situaciones atrasadas, o como violencia perdida en el terreno de las revoluciones fallidas- nunca ha sido más que un acto de negación parcial y, por ello, recuperado de antemano: la negación de la política en el terreno de la misma política. Al contrario, en la situación actual, frente al ascenso de un nuevo periodo revolucionario, es el mismo Poder el que, en su tendencia a la afirmación totalitaria, expresa espectacularmente su negación terrorista.

En una época en que renace el movimiento que suprime todo poder separado de los individuos, el mismo Poder tiene que volver a descubrir, hasta llegar a la praxis consciente, que todo lo que no mata le debilita. Pero la burguesía italiana es la más miserable de Europa. Incapaz hoy de realizar su propio terror activo sobre el proletariado, no mira sino de tratar de comunicar a la mayoría de la población su propio terror pasivo, el miedo al proletariado.

Impotente y torpe, en la tentativa de bloquear con estos modos el desarrollo del movimiento revolucionario, y de crearse al tiempo artificialmente una fuerza que no posee, se arriesga a perder en una jugada ambas posibilidades. Por eso, las facciones más avanzadas del poder (internas o paralelas – gubernamentales o de oposición) han metido la pata. El exceso de debilidad lleva a la burguesía italiana al terreno del exceso policial; empieza a comprender que la única posibilidad de salir de una agonía sin fin pasa por el peligro del fin inmediato de su agonía.

Así el Poder ha de quemar, desde el principio, la última carta política de que disponen antes de la guerra civil o antes del golpe de Estado del cual es incapaz. La doble carta del falso “peligro anarquista” (por la derecha) y del falso “peligro fascista” (por la izquierda), con el único fin de enmascarar y hacer posible una auténtica ofensiva contra el verdadero peligro, el proletariado. Además, el acto con el que la burguesía trata de conjurar la guerra civil es en realidad, su primer acto de guerra civil contra el proletariado. Para el proletariado, ya no es cuestión de evitarla ni tampoco de comenzarla, sino de ganarla.

En adelante ha comenzado a comprender que puede ganarla no con la violencia parcial, sino con la autogestión total de la violencia revolucionaria y con el rearme general de los trabajadores organizados en Consejos Obreros. Sabe por consiguiente que en adelante ha de rechazar definitivamente mediante la revolución, la ideología de la violencia en tanto violencia de la ideología.

Compañeros: no os detengáis aquí: el poder y sus aliados tienen miedo a perderlo todo; nosotros no hemos de tenerlo de nosotros mismos: “no podemos perder más que nuestras cadenas y tenemos todo un mundo por ganar”.

¡Viva el poder absoluto de los Consejos Obreros!

Los amigos de la INTERNACIONAL

Sacco y Vanzetti Via Orsini n. 1970

Ciclostil robado

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