[José Antonio Gutiérrez] Sobre la organización anarquista

Las siguientes son algunas breves reflexiones sobre el encuentro anarquista que se realizó recientemente en el DF. Muchas de estas ideas ya fueron compartidas y discutidas con diversos asistentes al encuentro y diversos compañeros libertarios en Mexico. Algunas otras ya habían sido adelantadas en mi ponencia a dicho Encuentro (disponible en

SOBRE EL ENCUENTRO ANARQUISTA DE CIUDAD DE MEXICO: UN PASO ADELANTE Y LOS QUE AUN FALTAN POR DAR…

Los días 6, 7 y 8 de Julio, cientos de anarquistas de todo México así como algunos visitantes extranjeros se dieron encuentro en Ciudad de México para el Encuentro Anarquista que se había convocado a principios de año con fechas 8, 9 y 10, y que por diversas causas tuvo que ser adelantado.

El encuentro, con su nutrida y variada asistencia, fue una buena oportunidad para más o menos ver en qué está el anarquismo en México, así como para compartir con los compañeros que, viniendo de diferentes rincones del mundo, traen consigo experiencias diferentes y formas distintas de ver las cosas de las cuales aprender. Creo que desde este punto de vista la experiencia del encuentro bien valió la pena así como todos los desvelos de los organizadores. Sin embargo, los tiempos requieren un poco más que este intercambio y demandan resultados más sólidos que los alcanzados en este encuentro. Esto fue entendido así por la asistencia y por ello se decidió convocar a un encuentro de seguimiento a comienzos del próximo año. Tentativamente se propuso el mes de marzo en Guadalajara para realizar este encuentro de seguimiento.

El Problema de la Organización

Es necesario reparar en el hecho de que este de julio no es el primer encuentro anarquista de esta naturaleza celebrado en México. Tampoco fue un seguimiento de encuentros anteriores. Esto hace que, naturalmente, ciertos compañeros vean con desconfianza que pueda salir de él, ya que temen que el encuentro quede en nada. Pero no hace falta recordar que si el encuentro queda en nada o si, efectivamente, se le da seguimiento, depende de la voluntad que en ello pongan los mismos anarquistas mexicanos.

Lo cierto es que, según podía respirarse en la última sesión relativa a la cuestión de la organización, es necesario que el movimiento libertario mexicano avance a niveles más significativos de organización y acuerdo.

Casi todos los asistentes, estaban plenamente insertos y activos en diversas luchas y movimientos sociales, pero la falta de organización específica, así como de coordinación más estable entre los grupos, juegan en contra del impacto que las ideas y prácticas libertarias podrían lograr. Esto convierte a la cuestión de la organización en un aspecto crucial para ese movimiento libertario, y la mayoría de los asistentes lo reconocían así. Incluso, había quienes estaban ahí presentes con la idea de constituir la “Federación Anarquista Mexicana”. Con todo lo necesaria o loable que sea tal iniciativa, creemos que tal paso hubiera sido acelerado, pues las organizaciones no nacen artificialmente de un congreso sin un proceso previo. Federar si, pero ¿federar qué? ¿esfuerzos individuales, organizaciones, colectivos de actividad e ideas dispares?

Organizar, de acuerdo. Pero ¿organizar qué? ¿a quiénes? ¿con qué premisas, sobre qué bases? Estos temas no pueden ser tratados a la ligera o relegados a un segundo plano, sino que deben tratarse abiertamente, con documentos, con suficiente antelación para que haya claridad respecto a lo qué quiere lograrse y que cuándo se hable de “organización”, todo el mundo entienda efectivamente lo mismo.

Por nuestra parte, estamos convencidos de lo crítico que es el punto de la unidad de los revolucionarios en general, y de los libertarios en particular, para cualquier proceso social de cambio profundo. Este hecho es sentido así por una mayoría significativa del movimiento libertario mexicano. Pero para nosotros la unidad pasa por diversos niveles, y el nivel de la organización política libertaria requiere un sustrato de acuerdos mucho mayor que el que se requiere para desarrollar iniciativas particulares (por ejemplo, a favor de los presos políticos, o contra la represión). Por consiguiente, la unidad debe buscarse según diversos niveles, concientes de los puntos que nos unen y de los que nos dividen, concientes de por dónde y hasta dónde podemos avanzar. Así, se evita que los desacuerdos se vuelvan en obstáculos que nos impidan trabajar juntos en aquello en que es posible hacerlo, y que los puntos de unidad nos cieguen ante las diferencias sustanciales que, tarde o temprano, puedan poner en riesgo todo lo avanzado.

Por eso decimos que unidad si, pero con contenido y con base. Queremos decir con esto que rechazamos, por ser impráctica e imposible, la unidad de todo el espectro que se reclama libertario. Lo que no significa que rechazamos el trabajo colectivo cuando este sea posible y sea fructífero.

No creemos que todos los anarquistas puedan o deban estar en la misma organización, solamente por el hecho de compartir un epíteto político colectivo, el de “anarquistas”. Es más, creemos que cada tendencia o corriente tiene un derecho inalienable a organizarse según mejor le parezca. Pero tampoco creemos saludable que estén en organizaciones separadas aquellos a quienes no separa en realidad ninguna diferencia sustantiva de carácter político. Tales divisiones no son, muchas veces, más que caldo de cultivo para caudillismos y personalismos.

El Problema del Proceso de Convergencia hacia la Organización

Es necesario ver, primero, dónde están los mayores puntos de acuerdo, las mayores convergencias y cómo se pueden estas transformar en un proyecto orgánico, con norte claramente definido, con tácticas y objetivos colectivamente aceptados. Solamente así, la organización política de los anarquistas tiene alguna razón de ser. Pero así como la(s)

organización(es) política(s) tiene(n) una razón insustituible de ser, también la tienen otros espacios más amplios de convergencia, como ser frentes, redes, colectivos, etc.

De igual manera, creemos que todo proceso de convergencia, sea del nivel que sea, requiere de un proceso de trabajo colectivo. La unidad, creemos, debe darse desde abajo y en la lucha, al calor de la práctica concreta y no de las simples visitas a asambleas. Solamente así ésta tendrá algún sentido y no será sencillamente una unidad de membrete.

Por tanto, el problema de la organización no es el punto de partida de la discusión, sino que su conclusión, pues depende de acuerdos a otros niveles y de definiciones políticas más específicas. No solamente es importante la discusión de qué organización, sino que organización para qué. En el temario deben estar los problemas más sentidos en la agenda del movimiento popular mexicano y, como anarquistas, qué tenemos que decir ante ellos. Siendo la mayoría de los asistentes al encuentro de julio trabajadores y estudiantes, no deja de llamar la atención que no se hayan discutido los temas de educación (que no es lo mismo que pedagogía, lo cual no es más que el método) y sindicalismo. Haciéndome eco de uno de los asistentes al encuentro: no podemos olvidarnos de que la organización anarquista se da en un contexto en el que de 110 millones de mexicanos, un 60% vive en la pobreza. En un contexto en que las políticas económicas y sociales del sistema tienden a hacer esta situación cada vez peor y cada vez más precaria ¿Qué tienen los anarquistas que decir sobre eso? ¿Qué pasa con la salud, con la vivienda, con la represión, con los movimientos populares, indios, agrarios?

Esta discusión es necesaria e inaplazable, debiéndose dar con antelación al siguiente encuentro en la forma de una agenda clara y congruente con los objetivos de la comisión organizadora, así como con la previa y amplia circulación de documentos que orienten el debate.

No podemos perder de vista tampoco que este proceso de discusión y convergencia está condicionado por un contexto político explosivo de agudización del conflicto y de las contradicciones de la sociedad mexicana. Esto se ve en la cada vez mayor combatividad popular, así como en la naturaleza violenta y represiva del Estado que aparece al desnudo, tras los sucesos de Guadalajara, Atenco y Oaxaca. No podemos permitirnos el lujo de estar desarticulados, mal organizados, sin propuestas propias ni herramientas teóricas desarrolladas ante un eventual auge represivo o ante una inminente situación de levantamiento de masas. Tenemos que tomar el pulso a la situación y palpar la urgencia de desarrollar una alternativa libertaria, una organización anarquista capaz de hacer frente a la situación y de aportar su granito de arena a las luchas en conjunto del pueblo. No nos olvidemos que acá los ritmos no los marca tan sólo el movimiento libertario, sino que también, y más que nada, el Estado y el Capital, que ya han empezado su ofensiva generalizada contra el pueblo.

El Problema de la Iniciativa

Si el Congreso de seguimiento cumple sus objetivos o no, dependerá de la constancia y el compromiso que le pongan los camaradas. Pero también dependerá de una inyección considerable de iniciativa por parte de la comisión organizadora, así como de los grupos involucrados en la realización del mismo. Así como no puede llegarse a discutir “en pelotas”

al siguiente encuentro y es necesario un proceso previo de discusión al mismo, en el que se avancen posiciones y se decanten conceptos, es imprescindible que el siguiente encuentro tenga objetivos más claros que el de julio. Debido a lo amplio de la convocatoria y a la misma diversidad del espectro participante, se dio una situación en la que muchos no sabían bien qué esperar de éste, situación en la que cada cual se vio tirando para su lado. Se precisa, por tanto, si es que el próximo encuentro ha de representar algún progreso respecto del anterior, delinear objetivos claros y colectivamente aceptados con antelación. Esto implica una coordinación y discusión más eficiente.

Huelga aclarar que el establecimiento de objetivos claros significará que los participantes en el próximo congreso sabrán qué esperar de éste, lo que facilitará el desarrollo mismo del debate y la búsqueda de acuerdos sustanciales. También los mismos objetivos demarcarán a quién se dirige el encuentro, por lo que la asistencia, quizás, pueda ser un poco más restringida pero más consistente. Lo importante no es que vayan todos quienes se digan anarquistas en México, sino que los que vayan lo hagan con un ánimo constructivo y con ellos se pueda avanzar.

No todo pasa por los números: es necesario avanzar con los que lleguen, con los que se queden hasta el final, con los que estén dispuestos a acordar criterios y puntos básicos, aunque no sean muchos. Esos compañeros son con los que efectivamente se cuenta y es ahí donde hay que buscar los puntos de encuentro para avanzar, y los compañeros que falten, pues se irán sumando en el camino. El esperar eternamente a que estén todos o a que haya siempre consenso, puede ser algo sumamente inmovilizador, precisamente, cuando necesitamos más movimiento. A veces, se avanza más con veinte compañeros orgánicos que con miles inorgánicos.

Hay que perder el miedo a la iniciativa, a la propuesta, a formular apuestas. Tomar la iniciativa no es lo mismo que imponer. Ahí quien no esté de acuerdo pues discutirá y planteará sus propias alternativas. Y así iremos avanzando. Es necesario que la comisión organizadora asuma tal rol y vele porque los documentos se reproduzcan, porque haya propuestas de antemano, porque los objetivos sean claros y concisos, porque las sesiones del congreso sean productivas y transcurran de manera expedita (rol de moderación que estuvo casi ausente en este encuentro). Todo esto ayudará y será vital para que tal encuentro llegue a buen puerto.

Entonces…

Este encuentro tiene la potencialidad de gatillar un proceso de discusión, convergencia e intercambio que pongan al movimiento libertario en México a la altura de las circunstancias actuales y que le hagan cumplir el papel que le toca en las convulsiones sociales presentes y venideras. Esto depende, necesariamente, de la capacidad que tengan los propios anarquistas mexicanos de avanzar en este proceso de convergencias.

Por tanto, el significado real del encuentro no puede apreciarse aún, ni puede concluirse mucho a poco más de un mes y medio de su realización. El significado real solamente podrá ser sopesado de aquí hasta lo que suceda en el próximo encuentro, es decir, de aquí a algunos meses más. Ahí se verá en qué medida este encuentro en particular habrá servido para avanzar hacia esos niveles de unidad y organización necesarios para las luchas sociales que se vienen.

José Antonio Gutiérrez D.

23 de Agosto del 2007

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