[David Gilbert] SDS/WUO (Estudiantes por una Sociedad Democrática y la Organización Weather Underground)

Introducción

Estudiamos el pasado para sacar lecciones que nos ayuden a liberar el futuro. Los jóvenes activistas de hoy en día deben de ser elogiados por mostrar mucho más interés en aprender de movimientos anteriores que mi generación de los años 60. Aun así, quiero alertaros de dos errores característicos que se dan en tales estudios.

1 – Al mirar con atención a las revoluciones victoriosas de otros países, aplicamos lecciones mecánicamente a partir de niveles más avanzados a nuestro propio estado embrionario.

2 – Al examinar las antiguas luchas de los Estados Unidos, vemos los errores sobre todo como el resultado de ideas erróneas en la mente de los líderes del momento. Implícitamente, de esta manera nos congratularíamos por ser personas sobresalientes que, naturalmente, hubiesen tenido más principios y hubiesen sido más inteligentes. Esta manera de enfocarlo subestima las fuerzas materiales –al igual que la profunda supremacía blanca o los poderes represivos del Estado – lo que provocara repetir los mismos errores.

Esta breve historia de dos partes no es minuciosa ni definitiva. Esta escrita por un participante de la misma y un guerrillero, con el objetivo de contribuir a las luchas de hoy en día.

Estudiantes por una Sociedad Democrática

Durante la década de 1960 los Estados Unidos estaban siendo agitados con extensas y tumultuosas protestas. SDS era la organización en el corazón del movimiento radical entre la que se encontraban predominantemente los estudiantes universitarios blancos. Arrastró una especial vitalidad de su estrecha relación con el Comité de Coordinación de Estudiantes No Violentos (SNCC, Student Nonviolent Coordinating Committee), el principal grupo militante de los derechos humanos de la juventud negra que estaba haciendo la mayor parte del trabajo de campo en el Sur. SDS también se convirtió en una de las cabezas más visibles de lo que acabaría siendo un movimiento masivo contra la guerra en Vietnam organizando la primera manifestación nacional el 17 de Abril de 1965. Por aquel entonces, era insólito cuestionar la “política exterior” de “nuestro” gobierno, así que solamente por hacer un llamamiento con ese motivo ya se trataba de una protesta radical, y que acudieran 20,000 personas fue bastante impresionante. El trabajo para esa manifestación también condujo a una ruptura definida por parte de una de las organizaciones padre del SDS, la Liga por una Democracia Industrial (LID, League for Industrial Democracy), cuando desobedecimos sus ordenes de excluir a los comunistas.

SDS, fundada en 1960, recibió su primera definición por parte de la Declaración de Port Huron de 1962. El concepto fundamental era el de la democracia participativa: Más allá de elegir líderes, la gente tenía que participar directamente en los debates y las decisiones que afectaban a sus vidas, incluso en la esfera económica. Las cuestiones que se impusieron fueron el movimiento por los derechos civiles y la paz (en oposición a la guerra fría y a las bombas nucleares). El primer trabajo definido de SDS, junto con su alianza con el SNCC, fue el Proyecto de Acción e Investigación Económica (ERAP). Los estudiantes se fueron a vivir a comunidades pobres para “construir un movimiento interracial de los pobres”. A pesar de que el éxito de la organización fue limitado, la experiencia fue profunda.

SDS hervía con una vitalidad juvenil. La mayoría de nosotros rechazábamos tanto el acoso a los comunistas como el modelo soviético de “socialismo”. En nuestras convenciones ondeaban banderas rojas (comunistas) y negras (anarquistas). Intentábamos aplicar una democracia participativa a nuestra organización, con variedad de resultados. Cuestionarse la jerarquía fue liberador, incluso aunque a menudo fuese caótico e ineficiente. Pero había un verdadero problema con “la tiranía de la estructuralidad”, cuando las decisiones eran tomadas de manera informal así como irresponsablemente.

La intensificación de la guerra de Vietnam y el drástico avance del SNCC, en el verano de 1966, a partir de los derechos civiles hacía el poder negro plantearon nuevos desafíos y dieron lugar a cierta tensión entre la vieja guardia, absorbidos por ERAT, y los jóvenes militantes recién llegados. SDS no estaba preparada para la rápida expansión del movimiento contra la guerra, pero aportó una presencia militante y radical dentro de una coalición mucho más extensa. Ingenuamente, SDS continuaba definiendo el sistema como un “liberalismo corporativo” mientras nosotros luchábamos por unir nuestro ímpetu antirracista y antibelicista con una crítica económica.

Cuando el Partido de las Panteras Negras (Black Panther Party) hizo su aparición en la escena nacional el impacto fue electrizante. Se armaron en defensa propia para proteger a sus comunidades de la brutalidad policial y a sus programas comunitarios de autoayuda (desayunos gratis para los colegiales, clínicas gratuitas, escuelas gratuitas) proporcionando un ejemplo vivo de nacionalismo revolucionario y autodeterminación para los oprimidos. Muchos otros grupos nacionalistas revolucionarios, todos aplicando las lecciones de Malcolm X, surgieron durante este periodo. Al mismo tiempo, fueron publicadas las primeras fotos de niños vietnamitas siendo bombardeados con bombas de Napalm estadounidenses – lo que nos volvió locos por parar la guerra. El lema de SDS se convirtió en “de la protesta a la resistencia”, enfocado hacía la resistencia militante.

Mientras tanto, la inspiración del movimiento por los derechos civiles, el trabajo enérgico y clave de las mujeres dentro de el, y los problemas con el sexismo dentro de la izquierda, condujeron a un renacimiento de la liberación de las mujeres. Uno de esos ejemplos fue el primer taller de SDS dedicado totalmente a las mujeres en nuestra sexta convención nacional. El aire crujía con la energía y creatividad que generaban las mujeres. Pero su informe para el plenario tuvo una acogida estridente – incluyendo abucheos y aviones de papel – por parte de muchos hombres de SDS. Ya que había habido poca tradición de lucha, no es sorprendente que los hombres siguiesen siendo bastante sexistas, aunque aquella hostilidad descarada era vergonzosa en una organización que se sentía orgullosa de estar siempre del lado de los oprimidos. Aquella debacle fue un ejemplo de los problemas que empujaron a muchas mujeres a abandonar la “izquierda” y contribuyo a una tensión desafortunada entre el antiimperialismo y el feminismo, algo que debilito a ambos. Muchas mujeres con principios –fortalecidas por el ejemplo y el liderazgo, habitualmente no reconocidos, de las mujeres de color – continuaron luchando en los dos frentes, pero hacerlo les costó un esfuerzo amazónico.

Un punto álgido de la lucha se divisó en 1968, con la impactante Ofensiva Tet vietnamita y las cerca de cien insurrecciones de los guetos de Estados Unidos tras el asesinato de Martin Luther King Jr. Estos sucesos inspiraron que SDS impulsase las huelgas de estudiantes que cerraron decenas de universidades. Empezamos a nombrar y a analizar el sistema como “imperialismo”. La consigna del Che Guevara “2, 3, muchos Vietnams” indicaba como un coloso puede agotarse y finalmente ser derrotado. La rebelión negra estuvo acompañada del aumento del número de militantes de los Nativos americanos, Chicanos, Puertorriqueños y Asiáticos en los Estados Unidos.

La respuesta del gobierno fue una fiera campaña de trastorno y violencia, llamada COINTELPRO, con un programa contrainsurgente (mirar Agentes de la Represión de Ward Churchill y Jim Vander Wall). Más de treinta Panteras fueron asesinados entre 1968 y 1971, y más de mil fueron encarcelados. Muchos otros grupos y activistas también fueron atacados. A pesar de que ese nivel represivo no se usaba generalmente contra los blancos, sufrimos acosos, arrestos y la amenaza de reclutamiento en tiempos de guerra. Todavía más importante, nosotros nos identificábamos con los Panteras y habíamos prometido resistir a su lado. A pesar de lo rápido que había crecido el movimiento, seguíamos siendo una diminuta minoría dentro de la América blanca. Empezamos a pensar que todo lo que se necesitaba era “agitar la conciencia moral de América”. Ahora estábamos enfrentándonos al gobierno más poderoso de la historia mundial.

Bajo esta tremenda presión, SDS sufrió una ruptura a lo largo de la línea de fallas que cimienta la supremacía blanca en los Estados Unidos: entre el deseo de una posible base mayoritaria entre los americanos blancos y la exigente necesidad de una solidaridad militante con los negros y otras luchas en el tercer mundo. Un bando (apelando a un Marxismo Eurocentrista) decía que la revolución solo podía ser obra de la clase trabajadora, y usaba eso como coartada de izquierdas para evitar tener que luchar al lado de Vietnam y los Panteras, afirmando que “todo nacionalismo es reaccionario”. El otro bando (inspirado por la dirección marxista de las luchas del tercer mundo), justamente, vio en la solidaridad con la liberación nacional una prioridad para cualquier movimiento revolucionario que quisiese ser reconocido como tal. Sin embargo, abandonamos erróneamente cualquier intento de organizar a cantidades importantes de gente blanca, lo que también limitaba nuestra base para un activismo antirracista.

Mientras la ruptura hacía sonar la sirena de un autentico dilema, existió una oportunidad – aunque, desde luego, hubiese sido difícil de conseguir – para construir un movimiento extenso y que tuviese una mayor base obrera sin tener que hacer el juego a las tradiciones racistas de los sindicatos. Esa estrategia hubiese supuesto poner en contacto a la creciente rebelión de la juventud con las políticas antiimperialistas, al igual que aliarse con el movimiento de mujeres emergente.

Estábamos demasiado abrumados con descarnados desafíos a vida o muerte, mezclados con nuestra propia inexperiencia y debilidades, para implementar esa estrategia en la práctica. SDS se escindió en el año 1969/70. Un resultado fue la aparición de una serie de organizaciones que más o menos reproducían el tradicional oportunismo de izquierdas para con la clase trabajadora blanca. Otro resultado fue la Organización Weather Underground (WUO), un grupo sin precedentes, aunque seriamente imperfecto, que cumplió seis años de acciones armadas en solidaridad con las luchas de liberación nacional.

Organización Weather Underground

En una sociedad donde todas y cada una de las películas y programas de televisión muestran que el FBI “siempre consigue detener al culpable”, la Organización Weather Underground eludió ser capturada y se sostuvo llevando a cabo acciones armadas durante seis años. En la Amerika de la supremacía blanca, donde históricamente casi todos los movimientos radicales prometedores que surgían entre los blancos (populismo, sufragio femenino, sindicalismo) se mostraban comprometidos con el racismo, WUO fue mejor, y como mínimo, conocida por su solidaridad con la liberación nacional. En un mundo donde gobiernos “legitimados” bombardeaban aldeas y asesinaban activistas y se desprestigiaba a cualquier resistencia armada como “terrorista”, WUO llevó a cabo más de veinte atentados contra la violencia de gobiernos y corporaciones sin haber matado a nadie o como mucho habiendo hecho algunos rasguños a un civil.

El trampolín para estos avances fue el contexto histórico. Las décadas de los 60 y los 70 no tuvieron precedente en la historia mundial por la cantidad de revoluciones que se produjeron en un corto periodo de tiempo, como los movimientos de liberación nacional en Asia, África y Latino América para acabar con colonialismo y el neocolonialismo; era también el momento álgido de la lucha de los negros y de otras luchas del tercer mundo en el interior de los Estados Unidos. Estos eventos impulsaron el crecimiento del radicalismo dentro de la gente blanca. WUO no se formo como una conspiración reducida sino todo lo contrario, fue el punto central dentro de la creciente oleada de militancia antibelicista, como los incendios de miles de edificios militares y sucursales del banco de América o como los miles de personas que participaban en las manifestaciones donde se rompían cristaleras del gobierno, se desbarataban reuniones de peces gordos y se resistía a los arrestos.

Los excitantes avances de la Organización Weather Underground coexistieron con costosos errores. El primero y más evidente se produjo durante los primeros seis meses (de finales del 69 a principios de los 70), mientras todavía permanecíamos en la legalidad: nuestra escalofriante e inexcusable glorificación de la violencia, que contradecía seriamente la base humanista de nuestras políticas y militancia. De ese modo, entregamos una munición efectiva para todos aquellos que querían desacreditar nuestra prioridad con las luchas del tercer mundo y nuestro paso hacía la lucha armada. Hasta ahora, casi toda la “historia” que se ha escrito sobre WUO ha tenido la costumbre de hacer pasar a aquellos primeros seis meses como si fuese la historia al completo, sin fijarse en nuestra corrección de aquel error y en los siguientes seis años de acción antiimperialista sólida y humana.

En mi opinión, la base para nuestra primera aberración fue la crisis a vida o muerte que dividió SDS. Éramos chavales blancos de clase media que – presenciando los bombardeos exhaustivos en Vietnam y el asesinato de Panteras Negras que admirábamos – nos sentíamos obligados a dar el salto a la lucha armada. En vez de admitir nuestro miedo e inexperiencia y desarrollar una estrategia transitoria apropiada, nos preparamos psíquicamente glorificando la violencia y con desafíos machistas sobre la valentía personal de cada uno. Este frenesí estuvo acompañado por dos errores básicos que estaban relacionados: 1) Sectarismo – un mordaz desprecio a todo aquel que no ayudase directamente a la lucha armada (El sectarismo era mutuo para la mayoría de la izquierda blanca que con vehemencia buscaba desacreditar la lucha armada). 2) Militarismo – hacer que las hazañas militares y la osadía del grupo fueran más importantes que los principios políticos y la necesidad de construir un movimiento en todos los niveles.

Los pecados de comisión de la muerte prematura de WUO eran absolutamente obvios. La terrible pasividad de la mayoría de la izquierda blanca ante los primeros ataques a los Panteras Negras le dio al gobierno la señal de que no tendría que enfrentarse a unos extensos costes políticos al comenzar a desarrollar completamente la campaña COINTELPRO, que mataría a veintenas y encarcelaría a miles de activistas negros, nativos y latinos.

El militarismo de WUO culminó el 3-6-70 cuando un desesperado esfuerzo por hacer una bomba, que incluía armas antipersonales, terminó con una explosión accidental en un piso franco (conocido como la explosión de Townhouse) que acabó con la vida de tres de nuestros jóvenes y estupendos camaradas. Esta tragedia desencadenó una intensa lucha interna que derivó en un cambio cualitativo hacía un uso de la lucha armada más integrado en ayudar a movilizar y radicalizar una potente base de masas entre la juventud blanca. Solamente dos meses después, la gente joven se hecho a la calle con la fuerza de más de un millón de personas en una respuesta iracunda al asesinato de cuatro manifestantes antibelicistas por parte del Estado en la Universidad de Kent State, y se llevaron a cabo huelgas estudiantiles en cerca de mil campus de un extremo a otro de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, la extrema necesidad de una dirección antirracista se revelaba de forma dolorosa al no poder responder de una manera similar cuando la policía mato a dos estudiantes negros en Jackson State.

La superación del militarismo en WUO no puso mágicamente todo en un perfecto equilibrio. Aunque era correcto ver una base con potencial en la cultura juvenil, repetimos rápidamente los típicos errores basados en la supremacía blanca. Por ejemplo: 1) Nuestra escasa ayuda material a grupos armados negros, latinos y nativos (incluso en la clandestinidad, los blancos teníamos muchos mejores accesos a recursos y estábamos menos expuestos al hostigamiento aleatorio de la policía); 2) Para dirigirnos a la juventud blanca, aprobábamos las “drogas blandas” (hachís y LSD), con una mínima apreciación de las drogas como una forma de guerra química contra los ghettos y los barrios; 3) Erramos al responder a la crítica bastante constructiva sobre nuestro desliz inicial a cerca de las drogas y la militancia que nos hicieron los 21 Panteras; 4) Hubo momentos posteriores de tremenda pasividad, como durante la ocupación nativo americana de Wounded Knee en 1973 y el posterior asedio gubernamental del poblado.

No es sorprendente que otros de nuestros puntos débiles internos estuvieran basados en el sexismo, la heterosexualidad y la clase. La participación de las mujeres y su porcentaje de liderazgo eran muy altos, pero en la práctica, una mujer debía formar parte de una pareja heterosexual para ser una líder importante. Teníamos un pequeño programa a cerca de la liberación de la mujer, y erramos al no ser capaces de hacer un serio esfuerzo para formar una necesaria alianza entre antiimperialismo y feminismo. Las luchas internas sobre sexismo fueron muy inadecuadas, lo cual encaja con el hecho de que formábamos parte de una cultura homofóbica. Mientras muchos camaradas gays y lesbianas tuvieron la fortaleza de declararse homosexuales mientras estábamos en la clandestinidad, no había ningún espacio real para una cultura L/G declarada; No se declararon homosexuales para hacerse con posiciones de liderazgo; y nosotros no teníamos un programa político a cerca de las cuestiones L/G. De forma similar, nuestro origen de clase media significó que hicimos un escaso trabajo para acceder a sectores de la juventud que pertenecían a la clase obrera.

Existían problemas de relaciones en nuestra vida interna. Adoptamos la teoría del centralismo democrático; pero en la práctica, la organización era bastante jerárquica. Los líderes tendieron a convertirse en manipuladores e impositivos, mientras que los cuadros tendían a congraciarse con ellos. Las críticas y las auto-críticas se usaban para completar maniobras para llegar al poder en vez de usarse para la construcción personal. Aunque para sobrevivir era clave una organización fuerte (y los fugitivos solitarios tienen que pasar por situaciones mucho más difíciles), aquella realidad hizo del ostracismo social un duro golpe para los disidentes políticos. Hasta donde yo sé, sigue sin existir un modelo lo bastante claro y fructuoso para que las dos necesidades críticas que dan lugar a un proceso democrático interno de forma completa y una estrecha disciplina para luchar contra un Estado implacable se puedan combinar.

Para mí, una lección crucial es que los activistas deben enfrentarse conscientemente contra la poderosa atracción del ego que nos puede llevar a poner nuestra posición y liderazgo por encima de los intereses y el poder de los oprimidos. Organizativamente, necesitamos esforzarnos para vivir nuestras ideas políticas – antirracismo, feminismo, democracia, humanismo – en nuestras relaciones personales.

A pesar de estos importantes puntos débiles, seis años de imponente éxito fueron el resultado que se obtuvo al llevar a la práctica lo que era correcto del antiimperialismo. Al contrario de las mistificaciones de las películas de espionaje que solo se basan en sofisticadas técnicas y tecnología, nuestra supervivencia en la clandestinidad estaba basada en el apoyo popular por parte de la juventud radical y del movimiento contra la guerra. Esa fue la clave para solucionar necesidades como la obtención de Documentos de Identidad, dinero y pisos francos. Hubo momentos en los que sentimos el aliento del FBI en nuestras nucas, pero el apoyo popular significaba que la información que fluía para las guerrillas se mantuviese alejada del Estado.

Nuestro escenario de lucha era la “propaganda armada”, con ninguna ilusión de enfrentarnos al poder militar todavía. En lugar de eso, los propósitos de las acciones eran: 1) Extraer parte del calor represivo que se concentraba en el movimiento negro, nativo y latino, 2) Crear un ejemplo de liderazgo político de solidaridad blanca con la liberación nacional, 3) Educar acerca de cuestiones políticas importantes, 4) Identificar a las instituciones más responsables de la opresión, 5) Alentar al resto de personas a intensificar su activismo a pesar de la represión estatal. También proporcionábamos ejemplos de lucha no-armada (por ejemplo, pintadas con spray), buscando el dialogo con el movimiento en la legalidad escribiendo y leyendo respuestas en periódicos radicales, e incluso desarrollando nuestra propia tienda de impresión en la clandestinidad. Escribimos y publicamos el libro Praire Fire, un manifiesto bien desarrollado sobre las políticas del antiimperialismo revolucionario.

Los más de veinte atentados de WUO incluyeron el edificio del Capitolio después de que los Estados Unidos expandiesen la guerra en Indochina al invadir Laos en Febrero de 1971; las oficinas centrales de la prisión de Nueva York después de la masacre de Attica en Septiembre de 1971; y la Compañía Kennecott Copper en el aniversario del sangriento golpe de estado contra la democracia en Chile de 1973. Cada acción era acompañada de un comunicado muy razonado expresando las cuestiones políticas. Mientras no hubiese un 100% de garantías, nos pusimos la máxima prioridad de evitar victimas civiles, y afortunadamente lo conseguimos.

El FBI nunca acabó con WUO, pero entre los años 1976 y 1977 implosionamos debido a nuestras propias debilidades. El derrumbamiento se produjo al volver a caer en los errores tradicionales de la izquierda blanca, con las políticas de la “clase obrera internacional”, y un plan para salir de la clandestinidad con el objetivo de centrarse en “liderar” la “Revolución de Estados Unidos al completo”. Estas posiciones negaban la independencia y el papel de liderazgo de la gente de color dentro de los Estados Unidos y al mismo tiempo debilitaba a las formaciones autónomas de mujeres. Cuando esas fuerzas nos criticaron con dureza, nosotros – con nuestra vitalidad minada por la carencia de democracia interna – no nos pudimos ocupar de ello y en lugar de eso nos desintegramos en medio de fuertes reproches.

WUO nació en la era del impresionante nacimiento de la liberación nacional, en oposición a la fundación de los Estados Unidos basada en la supremacía blanca y detrás de las excitantes victorias del movimiento que se encontraron con la feroz represión del gobierno. Nuestra desaparición también estaba arraigada en unas fuertes realidades históricas: 1) COINTELPRO (junto con nuestras debilidades internas) había diezmado el liderazgo negro, nativo y latino que había inspirado el progresivo movimiento entre los blancos; 2) nuestra robusta base, el movimiento contra la guerra, se redujo de forma drástica después de la retirada por parte de Estados Unidos de Vietnam en 1973; 3) No nos dimos cuenta que no habíamos hecho lo suficiente para transformar la conciencia antibelicista en un profundo antirracismo y antiimperialismo.

Al estar estudiando la historia, necesitamos romper con la cultura dominante que define a las personas simplemente como “buenos tipos” o “malos tipos”, lo cual nos puede llevar al autoengaño de que nos están dando garantías básicas seguras de que todo lo que hacemos es correcto. WUO cometió tanto errores gigantescos como avances pioneros. Con suerte, ambos son ricos en lecciones para una nueva generación de activistas.

David Gilbert

Este ensayo fue originalmente escrito para el periódico ONSWARD (primavera y verano de 2001) , una publicación anarquista de noticias, opinión, teoría y estrategia para el presente.

En 1965, David Gilbert fue el presidente fundador del Comite Vietnam y uno de los miembros fundadores de la organización SDS en la Universidad de Columbia (Nueva York). En 1967, escribió el primer panfleto nacional de SDS acerca del “Imperialismo de Estados Unidos”. Participó en la huelga de Columbia de 1968 y más tarde se pasó a la clandestinidad como un miembro de la Organización Weather Underground (WUO) en 1970. Esta cumpliendo una condena a cadena perpetua después de ser detenido por su papel de apoyo en una expropiación del Ejercito de Liberación Negra (Black Liberation Army, BLA) en 1981 durante el “Caso Brinks”.

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