Política de vivienda y okupación en Berlín oeste

NOTA PREVIA:

En algunos debates acerca de estrategias en el movimiento de okupación ha surgido la pregunta, ¿cómo fue el proceso en otras ciudades europeas?

Esa pregunta nos surgió en la Biblio (CSO) cuando alguien nos propuso cedernos parte de un local que pensaba comprar. Eso suscitó enormes debates internos, muy enriquecedores, en los que se manejaron todo tipo de argumentos, unos defendiendo que lo más importante era el proyecto de biblioteca en sí y otros defendiendo que okupación era también una parte de nuestra identidad y que era una lucha en la que creíamos y de la que queríamos seguir siendo partícipes activ@s.

Cuando meses más tarde estuve en un archivo autogestionado de Berlín sobre política y movimientos sociales, encontré el siguiente texto acerca del tema.

Está escrito en el año 84 por un antiguo grupo de okupas de Berlín oeste. En él se analiza la situación de la vivienda en la ciudad entre los años 60 y 80, así como el proceso de okupación. A finales de 1980, principios del 81 unas 140 casas fueron okupadas, ante la aparente ausencia de reacción del estado. El movimiento de okupación tuvo muchísima fuerza durante un tiempo, pero no tardó en perderla. Este texto da una interpretación, desde la perspectiva de la lucha de clases, de cuáles pudieron ser las causas.Algunos años después de que fuera escrito, caería el muro de Berlín en otoño del 89 y con ello muchas personas del oeste irían a okupar un enorme número de casas vacías del este. Actualmente no quedan casas totalmente okupadas en Berlín, aunque sí en pequeñas ciudades del área metropolitana, como Potsdam. Tal y como explica el texto hubo una época en que se obligaba a las casas a negociar y si no lo hacían eran desalojadas. Algunas consiguieron aún así resistir un tiempo, pero no hasta hoy. Las antiguas casas okupadas tienen contratos a un precio normalmente menor que el resto de las casas y en ellas se sigue manteniendo el funcionamiento por asamblea. A pesar de estar legalizadas, sufren un enorme acoso policial, por ser el centro del movimiento autónomo en Berlín. Cualquier disculpa es buena para que los maderos irrumpan en las casas de las formas más inverosímiles. Después de manifestaciones importantes se han producido registros en las casas, pero también otras veces para “requisar” el equipo de música en una fiesta de 30 personas.

Estas casas no tienen ningún contacto con los vecinos, en ese sentido sí tienen cierto carácter de gueto, una de las cosas que critica precisamente el texto.

Espero que sirva para aportar algunos datos más a los debates que tengamos. Creo que no ha perdido actualidad, aunque tampoco hay que tomarlo a pies juntillas, sino sólo como un documento más. Al leerlo hay que tener en cuenta que se trata de un texto del 84 y que cuando dice “en la actualidad”, se refiere a esa época.

Contenidos:

  • 1. Sobre la lucha de las casas.
    • 1.1 Política de vivienda en Berlín.
      • La situación actual.
      • Los años 60.
      • Los años 70.
      • Los años 80.
    • 1.2 El movimiento okupa desde el 79 hasta hoy.
  • 2. Casas y okupas.
  • 3. Las dos líneas del movimiento.
  • 4. El triste fin de la historia.
  • 5. Aprender de la lucha.
  • 6. La lucha por la vivienda es lucha de clases.

Somos un pequeño grupo que antes vivía en casas okupadas y que sigue considerando la okupación una parte importante de la lucha del proletariado.

En la primera parte de este documento intentamos investigar la política de vivienda en los últimos 30 años, más allá del limitado análisis de derribo-rehabilitación de lujo. A lo largo de nuestras indagaciones nos hemos ido topando una y otra vez con hechos que cuestionaban nuestros planteamientos anteriores. (Habíamos creído por ejemplo que en los años 70 los “alquileres sociales” eran baratos para la gente, lo cual ha resultado ser falso).

La exposición sobre el desarrollo de la política de vivienda es poco detallada, aunque las bases quedan establecidas con cierta claridad. En la segunda parte se trata el movimiento de okupación desde el año 79 hasta hoy, sobre todo en sus limitaciones. Sabemos que en los últimos 15 años hubo otras luchas contra el aumento de los alquileres y los deshaucios, como la del barrio de Märken, aunque sobre eso casi no hay información. Sacar estas experiencias a la luz es importante para iniciativas futuras.

1. Sobre la lucha de las casas

La lucha por la vivienda ha ocupado siempre un lugar central en las luchas entre proletariado y capital. Para el proletariado era y es, la lucha por un espacio digno para vivir. La vivienda es una necesidad básica. Es una lucha contra la vivienda como mercancía, contra el intento del capital de aumentar la explotación del espacio habitable, en el que cada vez un mayor alquiler fuerza al proletariado a trabajar para el capital. En la lucha se trata también de pagar menos alquiler cada vez y seguir utilizando las viviendas. Lo que esto significa en la práctica es: huelgas de alquiler, okupaciones y paro de deshaucios.

Por otro lado la política estatal de vivienda tiene como objetivo la destrucción de los vínculos vitales solidarios del proletariado, con el fin de aislarlos y disciplinarlos. Para el estado se trata de controlar todos los ámbitos. En la lucha tienen que fortalecerse esos vínculos entre la gente, desplazar a los maderos y trabajadores sociales y retomar así la autodeterminación de nuestras vidas.

1.1. Política de vivienda en Berlín.

La situación actual.

Para entender la política de vivienda en Berlín, debe tenerse claro en primer lugar la situación especial de Berlín en comparación con la República Federal Alemana (RFA).En Berlín oeste el 90% de la población vive de alquiler. La proporción de las viviendas en propiedad es insignificante. Del millón de viviendas de alquler, unas 400.000 son viviendas sociales, las otras 500.000 son de construcción antigua y aún están sujetas a restricciones legales sobre el precio del alquiler, que continuamente son levantadas, lo que hace que este aumente.

La situación para los inquilinos y para quienes buscan piso hoy es: según las estadísticas oficiales uno de cada tres berlineses tiene ingresos inferiores a 1500 marcos, de los cuales del 25 al 40% se destinan al alquiler (sin gastos incluídos). En 1980 más de 100.000 familias o personas dependían de una subvención para la vivienda. De estas el 70% tenía que vivir con menos de 1000 marcos [unas 85000 pesetas] al mes.El alquiler en viviendas de protección oficial está entre 6 y 9 marcos por metro cuadrado, de lo que resulta un alquiler de 500 a 1000 marcos por una vivienda normal. A la cifra constante de las ochenta a cienmil personas que buscan vivienda, hay que añadir tres veces la misma cantidad de personas que tienen que vivir hacinadas en viviendas oscuras y con humedad, que necesitan con urgencia otro lugar.En las condiciones más extremas vive una gran cantidad de inmigrantes ilegales. Frente a esta enorme cifra de personas necesitadas de vivienda están las 40.000 viviendas vacías que o son muy caras o los propietarios no quieren alquilar.

A continuación intentamos explicar cómo se ha llegado a esta situación y qué intereses hay detrás. Hemos dividido el periodo desde el final oficial de la “reconstrucción alemana” en tres épocas:

1. De 1960 a comienzos de los años 70: construcción de barrios obreros en la periferia de la ciudad y desplazamiento de la población de los barrios viejos.

2.Desde el comienzo de los 70 hasta los 80: fin de la construcción de barrios periféricos, nuevas construcciones en los barrios viejos y disminución continua de las construcciones sociales.

3. Desde principios de los 80: total aumento de los alquileres a la vez que “prudente renovación de la ciudad”, con apenas viviendas sociales.

Los años 60

En los primeros años después de la segunda guerra mundial se limitan las obras principalmente a la retirada de escombros y a la reparación de las casas semidestruídas. No fue hasta la puesta en marcha del plan Marshall, programas de estado de emergencia y la primera ley de contrucción de vivienda, cuando se empezó a construir nuevas casas. A principios de los años 60 se considera oficialmente terminada la etapa de reconstrucción. Al mismo tiempo los urbanistas colocan espacios en torno a las ciudades, en los que preveen barrios dormitorio. En lo que antes era campo se construyen a partir de los 60 barrios obreros como Falkenhagner Feld y Gropiusstadt. Los barrios dormitorio ya existentes se ampliaron. Cuando las construcciones estaban listas, vivían entre 20 y 50.000 personas en unas 10 a 17.000 viviendas por barrio. En 1963 el primer programa de rehabilitación de la ciudad fue presentado por Willy Brandt en el parlamento. Este programa significaba el derribo de calles enteras y de muchos edificios de construcción antigua en los quince años siguientes. Se preveía una transformación drástica de los barrios del centro como Tiergarten, Kreuzbeg, Neukölln, etc. y la construcción de un nuevo barrio dormitorio, Märken. Berlín ganó internacionalmente un significado especial en cuanto a experiencias en reestructuración urbana. Muchas grandes ciudades tenían que combatir los mismos problemas. En 1967 tuvo lugar en Berlin Oeste un congreso del consorcio internacional de vivienda y urbanismo, con el tema “la renovación urbana y el futuro de la ciudad”.

En la rehabilitación y la construcción de nuevos barrios tuvieron un papel determinante las inmobiliarias públicas como GeSoBau, GSW, BeWoGe, DeGeWo y la “Neue Heimat”, dependiente de un sindicato. En cuanto que agentes de la rehabilitación, estas inmobiliarias son responsables de los planteamientos y de la consecución de todas las medidas de cambio y también de las consecuencias que estas puedan tener sobre la población. Durante años han tenido enormes beneficios por la construcción de espantosos barrios dormitorio, la demolición de enormes edificios y su reconstrucción.

La construcción de ciudades dormitario fue por un lado una concesión a quienes reivindicaban participar de la nueva riqueza social. Alguna gente no soportaba seguir viviendo en húmedos pisos interiores sin baño ni servicio propios.Querían mejores viviendas. Debido al pleno empleo y a las grandes fábricas, la ciudad tenía que proveer de vivienda a millones de proletarios y sus familias. De ahí surgieron medidas de vivienda social.

Por otro lado la construcción de ciudades dormitorio tenían otra función, la de establecer un mayor control social sobre sus habitantes, y eso es lo que las hace ser espantosas y no sólo el que estén construidas con materiales muy baratos. Ese control social no podía llevarse a cabo en los antiguos barrios de la ciudad, simplemente por una cuestión de visibilidad. El mudarse a los nuevos barrios pareció en principio para muchos una mejora en sus condiciones , pero enseguida se reveló como un empeoramiento global. A la subida de los alquileres y de los costes asociados se unió el pago mesual de intereses por los créditos. Pronto dejó de percibirse cualquier rastro del confort inicial en estos edificios de construcción barata (todo se deterioró rápidamente). Con unos ingresos medios de unos 850 marcos y un alquiler de unos 355 marcos, quedaba poco más a una familia obrera. Las mujeres tenían que trabajar también para poder pagar los alquileres. Aumentó rápidamente el número de personas que recibían ayudas para la vivienda y hubo también muchos deshaucios. Con las mudanzas se hizo todo más caro, alquiler, calefacción y además también la electricidad. Antes siempre había tenido cada uno el contador en su piso, que podía abrir y trucar, pero a partir de entonces todos los contadores estaban bajo llave en el sótano de los edificios o bien en los pisos pero bien cerrados con placas de acero. Aumentaron también los costes de los alimentos y del transporte, al haber aumentado la distancia a la ciudad. Algunos barrios domitorio aún no tienen metro. Al principio no había prácticamente infraestructura en estos barrios, no había guarderías, ni servicios médicos, tiendas, etc. lo cual hizo la vida más difícil, sobre todo la de las mujeres. La desilusión llegó rápidamente y se dieron cuenta de que las inmobiliarias les habían tomado el pelo con la publicidad. Se organizaron y pudieron conseguir algunos de sus objetivos, como evitar deshaucios en el barrio de Märken (1968-73).

Aunque habían querido nuevas viviendas, no había sido muy agudo mudarse a estas ciudades satélite, alejándose de las relaciones sociales del entorno. Pero no había alternativa, ya que se habían embarcado en este programa de rehabilitación tantos miles de inquilinos y que en cuanto se habían mudado las primeras familias, las inmobiliarias habían empezado a hundir las antiguas casas de alquiler, aunque no siempre pudieron conseguir acabar con todos los alquileres para demoler. Por la especulación, muchas casas donde sólo quedaban algunos inquilinos, quedaron en gran parte vacías. Las inmobiliarias las tenían pendientes para demolición.

En esta época llega una oleada organizada por el capital, de inmigrantes. Entre 1960 y 1970 se establecieron en Berlín unos 100.000 inmigrantes principalmente de la Europa del sur. Con esto las casas viejas de las zonas de rehabilitación recobraron una función, la de convertirse en sus viviendas. Sobrepobladas de trabajadores extranjeros, conformes con tener al menos una vivienda, aún producían beneficios estas viejas casas. El desconocimiento de esta gente de la lengua y de las condiciones les impide cambiar su situación en cuanto a vivienda. Ellos son flexibles, viven hacinados, se les puede desplazar de un sitio a otro, y deben pagar el alquiler que el casero les exige. Al instalarse los inmigrantes se acabó con los gastos ya antes pequeños en mantenimiento.

Los años 70

A través de las huelgas de trabajadores/as por un aumento de los salarios y con la oganización de la resistencia contra los alquileres y la falta de medidas sociales (guarderías, centros juveniles, etc.) se puso en duda el concepto de “desarrollo” de los capitalistas. Este concepto prometía a l@s trabajadores/as una determinada participación en las riquezas sociales, a cambio de su sometimiento al capital y al estado. La construcción de viviendas sociales, una parte de este concepto fue una carga demasiado fuerte para las arcas públicas. Por eso estaban desarrollando una nueva estrategia para que las constructoras subvencionadas se convirtieran progresivamente en una parte del mercado inmobiliario con beneficios. Se volvieron a construir barrios dormitorio, cuya función debía ser:

1.La instalación centralizada de miles de proletari@s y su extorsión mediante los altos alquileres.

2. El mejor control e imposición disciplinaria a las familias trabajadoras, mediante un determinado modelo de contrucción y el aislamiento.

Aunque este deseo de urbanistas y mandamases fue desbaratado por la resistencia de los inquilinos. Siempre hubo acciones de huelga de alquileres y de impedir deshaucios (barrio Märken, 68-73). La fuerza explosiva de la resistencia de los inquilinos contra la explotación y el sometimiento,cuando estos aparecen como situación común de clase, y el aumento de la delincuencia en comparación con otros barrios, hizo que se siguieran construyendo las ciudades dormitorio. La experiencia que se adquirió en la construcción de estos nuevos barrios fue incorporada en la rehabilitación de los barrios viejos del centro. Para los inquilinos de las zonas en rehabilitación no cambió nada. Se continuó con la política de los 60 de realojo en caras viviendas sociales, y la completa demolición de antiguos edificios. De esta forma se hundieron en los barrios de rehabilitación como Wedding, Neukölln o Kreuzberg más de 50.000 casas, sin importar si estaban en buenas condiciones o eran ruinas. Esta forma de rehabilitación era provechosa para el capital desde varios puntos de vista:

1. El número de personas en busca de vivienda continuó aumentando. Cada vez había más gente que buscaba una vivienda barata y finalmente se veía obligada a vivir en una cara.

2. Los alquileres en las viviendas sociales de realojo eran más caros que los de las casas de renta antigua.

3. Barrios díficilmente controlables, debido a su estructura de construcción, fueron destruídos y sustituídos por barrios de fácil visibilidad y control. Así es como se hundieron y reconstruyeron muchísimas calles del centro.

Por supuesto no puede considerarse la rehabilitación como un proceso que se dio uniformemente en todas partes. Mientras que en Wedding se derrumbaron todos los edificios, en Kreuzberg y Charlottenburg, aún podían encontrarse algunos que estaban siendo renovados. La rehabilitación prometía ser una fuente de grandes beneficios para las constructoras y sobre todo para los propietarios. Las altas subvenciones, desgrabaciones fiscales y revalorización de los edificios rehabilitados fueron elementos muy motivadores para la inversión en los antiguos edificios. Estas modernizaciones de lujo, que no tenían en cuenta las necesidades de los inquilinos, estaban orientadas a conseguir alquileres más altos y una revalorización ideológica. Para los inquilinos sólo se empeoró la situación. Se trataba de acabar con los alquileres bajos. En primer lugar se vaciaban las casas, luego se destruían y se dejaban vacías hasta que se decidía hundirlas o arreglarlas y alquilarlas por dos o tres veces más que antes o bien venderlas. Para que no surjan malos entendidos, tenemos que aclarar que no estamos en contra de que haya casas con baño propio o doble ventana, pero no se trata de tener que pagar más por ellas.

Esta revalorización y la mezcla fueron los elementos que determinaron que los antiguos barrios obreros dejaran de ser un gueto. Vamos a intentar explicar brevemente esta estrategia con el ejemplo de K 36.

K 36 es un barrio de viviendas de alquiler que tienen de entre 80 y cien años. Es una mezcla de vivienda y de pequeños negocios(el 83% de las empresas son de menos de 10 personas). Estructura de la población: aproximadamente un 30% de población inmigrante (desde las prohibiciones de residencia del 75, muchos también ilegales), muchos pensionistas, estudiantes y receptores de salario social. En los últimos 10 años el número de pequeñas empresas se reduce de 9500 a 6000. En Kreuzberg el objetivo de los propietarios y constructoras no eran los pequeños arreglos, que no se hacían desde el año 45, sino la rehabilitación total. Es por eso que el barrio fue empeorando y la gente que más dinero tenía se iba (cada año unos 15.000), mientras que llegaban otros con menos medios. Así es como de forma espontánea el barrio se conviertió en un gueto. Para evitar esto salió en el año 77 un concurso con el tema “Estrategias para Kreuzberg”.

En el SPD (Partido Social Demócrata) había consenso acerca de la necesidad de evitar que Kreuzberg se convirtiera en un gueto. Razones para ello son el aumento de la conflictividad social y la pérdida de votos. La estrategia en contra fue, literalmente, “nuevo orden social, económico y urbanístico del barrio”, con el objetivo de reemplazar a los residentes de posición más baja, por “mejores ciudadanos”. Este proceso se desarrolló y se sigue desarrollando a dos niveles:

1. En lo material mediante cambio de las estructuras de construcción, por otras más modernas.

2.En lo ideológico mediante una mejora de la imagen, “¡debería volver a ser interesante vivir en un antiguo barrio obrero!”

Ahora llegamos a las medidas en construcción de viviendas sociales en general. La política que se había seguido hasta el año 69 le resultaba demasiado cara al senado. Buscaron formas de cargar más los costes sobre el inquilino. En la práctica:

1. Se siguió reduciendo la construcción de viviendas sociales.

2. En el año 69 se aprobó una nueva ley; a partir de entonces dejó de favorecerse la construcción en sí para pasar a favorecer los cargos por intereses bancarios de las grandes constructores. Las subvenciones sobre los intereses tenían que reducirse en 17 peniques por metro cuadrado al año, lo cual implicaba que el alquiler aumentaría como mínimo en 17 peniques al año.

3.La distribución de las subvenciones a proyectos que favoreciesen a la propiedad, se seguiría reforzando.

4.El límite superior de ingresos con el que se puede alquilar una vivienda social, aumenta en un 40%, con lo cual también pueden acceder a ellas quienes tienen mayores ingresos.

5. Se hace posible la compra de viviendas sociales.

6. A la fantasía de propietarios e inmobiliarias no se le pone límites. Cada vez se fijan nuevos precios y aumentos sobre el alquiler.

Con todas estas medidas, y eso que no hemos citado todas, se intensificó la explotación.Se abandonó la concepción de la vivienda social y la asistencia a un amplio sector del proletariado con viviendas baratas.

Los años 80

En los años 80 las políticas de urbanismo y los planes de los propietarios se enfrentaron frontalmente a los intereses de los inquilinos.A la vez que se produjeron ataques a las prestaciones sociales del estado, por las que tanto se había luchado, como la prestación por desempleo o el salario social, los alquileres subieron desorbitadamente. En las viviendas sociales el alquiler había aumentado una media de 200 a 300 marcos, a lo que había que añadir los gastos adicionales (calefacción, etc.)

En los edificios de renta antigua estaba previsto subir los alquileres en el añ0 81, lo cual fue aplazado hasta el 90 a causa de la okupación y de la extendida discusión sobre política de vivienda. En el año 84 Berlín era la única ciudad donde se mantenían esos precios. A pesar de todo se preveía un aumento del aquiler (sin incluir la rehabilitación) de un 65% hasta el año 90.

Cada vez había más deshaucios, sólo en Kreuzberg 30 al mes, además de reducirse las ayudas para la vivienda. Así se veía la gente obligada a trabajar más cada vez y aceptar trabajos muy mal pagados.

Prácticamente dejaron de construirse viviendas sociales a precios asequibles y se favorecieron modelos de financiación privada, que dieron grandes beneficios a muchos peces gordos de Alemania del Oeste (RFA). Se construyen pisos de lujo o bien viviendas con pocas condiciones (de acuerdo al “Programa de reducción de costes en las viviendas sociales” de 1981), que a pesar de todo también eran muy caras.

La mayor parte de la construcción de protección oficial se dedica en la actualidad a la modernización parcial. La demolición de edificios ha demostrado ser demasiado cara, además de difícil de implantar socialmente. La rabia y la resistencia de los inquilinos frente a los especuladores les resultó demasiado fuerte.Hoy aún se llama el concepto “renovación urbana cuidadosa”. Los edificios viejos se renuevan, se aislan del ruido, se instalan nuevas ventanas y duchas y se crean zonas verdes. Se intenta hacer nuevamente habitables los viejos barrios.Los alquileres aumentan, aunque no tanto como con las modernizaciones de lujo. El concepto es por un lado una concesión frente a la lucha de los inquilinos y por otro lado un campo de experimentación para los urbanistas y los maderos. Aquí representa un papel importante la Exposición Internacional de Construcción (IBA, Internationale Bauaustellung), que reúne a la elite internacional de arquitectos. El punto fuerte recae sobre la reestructuración y desguetización de las zonas de rehabilitación, principalmente de Kreuzberg. Lo que no consiguió implantarse por los métodos anteriores, se establece ahora por los “métodos alternativos”. Kreuzberg se convierte en un barrio limpio. Además del mantenimiento de edificios se construyen otros mejor edificados, de acuerdo a nuevos modelos de la IBA.Los alquileres de estos edificios eran tan altos que sólo arquitectos de la IBA, abogados y otros babosos podían permitírselos.

Para los inquilinos proletarios no había cambiado mucho. Tienen que seguir peleándose por el par de viviendas medio baratas que hay, dejarse dominar por agentes inmobiliarios, inmobiliarias e inquilinos previos, pagar un buen unto para poder siquiera entrar a una vivienda y por supuesto seguir trabajando para pagarla.

El dinero para el mantenimiento, es decir para la “renovación urbana amable” se ha recortado drásticamente. Los capitalistas creen que ya no es necesario hacer más concesiones al haber vencido la resistencia.

1.2. El movimiento okupa en Berlín desde el 79 hasta hoy.

Las primeras casas se okuparon a principios del 79 a través de BI 36 y de las oficinas de alquiler,como medio,el más radical hasta el momento, para obligar a los propietarios a alquilar las viviendas vacías. Eso no se consiguió pero cada vez se okuparon más casas, a la vez que se hizo una gran campaña contra la demolición de zonas enteras de la ciudad. En la campaña se trató sobre todo de las casas vacías y de la desestructuración de los barrios que suponía la demolición de las casas.La propuesta era entrar en las casas, arreglarlas y firmar un contrato con el propietario. Esto se llamó “okupación de mantenimiento”. En enero de 1980 se okuparon las primeras casas independientemente de BI 36 y de las oficinas de alquiler, que a pesar de todo seguían dominando a nivel político y de organización. Al principio de utilizó la información de las oficinas de alquiler y su preparación de nuevas okupaciones, pero se abandonó el trabajo político conjunto. Esta decisión se fundamentó en que su política de logros aislados se llevaba a cabo a través de un tejemaneje con las instituciones.

La gente de las okupas estaba organizada en asamblea semanal, que se propuso desde el principio como modelo. Allí se intercambiaba información y se discutían las siguientes acciones y okupaciones. La asamblea de okupas tenía capacidad de decisión y era representativa de todas las okupas frente al senado y las inmobiliarias. Había una asamblea para todo Berlín, aparte de las asambleas de okupas de los barrios y de cada casa.

El 10 de octubre de 1980, en una manifestación organizada por distintros grupos independientes contra las amenazas de desalojo, se dieron los primeros enfrentamientos con los maderos y las primeras detenciones. La okupaciónrecibió el verdadero impulso el 12.12.80 a raíz del desalojo de una casa en la “Fränkelufer”. Aunque en esta época aún había sólo 20 casas okupadas, se había acumulado mucho odio y rabia y el desalojo dió lugar a tres días de revueltas callejeras, en las que se implicó mucha gente que hasta entonces sólo había estado okupando casas. Hubo heridos graves y muchas detenciones. Las casas que estaban en proceso de negociación para adquirir un contrato de arrendamiento, rompieron las negociaciones con la condición de que se liberara a los detenidos para volver a iniciarlas. Cada semana había más casas okupadas hasta que se llegó a 160 a principios del año 81, es decir 140 casas okupadas en varias semanas.

Esta oleada de okupaciones fue posible porque el senado no sabía qué hacer frente al surgimiento espontáneo de una masa militante tan fuerte. La contención inicial no sólo fue una forma de ganar tiempo para idear una estrategia que funcionase contra el movimiento, sino además una expresión del poder del mismo. El gobierno aún no tenía una visión global de la posibilidad de que el movimiento se extendiese a gran parte de los alquilados proletarios que en aquel momento estaban muy enfrentados a la política de vivienda del senado.

Por otro lado a causa de una serie de escándalos que había habido, el gobierno no estaba en posición de evitar las okupaciones mediante una intervención militar.

2. Casas y okupas

Salvo excepciones las casas estaban en considerable mal estado. La mayoría eran viejas casas de barrios obreros en zonas de demolición. Estaban sobre todo en Kreuzberg, pero también en Wedding y Schöneberg. En estos barrios viven mayoritariamente inmigrantes, receptores de ayuda social, pensionistas, estudiantes y punkis, es decir, gente que tiene poco dinero.

Los okupas pertenecían a diversas clases sociales. La mayoría había intentado de forma aislada desde hacía años liberarse del trabajo forzoso de las fábricas y vivía de trabajos temporales, del paro y del salario social. La okupación significaba liberación de espacios y la ruptura del aislamiento a través de la vida en común. El movimiento fue en los primeros meses como una explosión. Mostró que es posible luchar juntos y apropiarse de la vida y de vivienda. Así muchos dejaron los estudios o la enseñanza y se liberaron de sus abrumadoras relaciones. Con el tiempo okuparon también aquellos que siempre habían tenido miedo a la madera y a la cárcel,y también gente burguesa que era simpatizante de la okupación. El movimiento estaba compuesto de gente , principalmente joven, que se había unido desde visiones muy distintas. Lo que nos unía a pesar de las diferencias era la lucha contra el fin de las viviendas baratas, contra las agresiones a los espacios liberados y nuestras formas de vida y comportamiento (vivir en grupos grandes, robar comida, nuestra música, etc.)Sobre reivindicaciones políticas y objetivos sólo a veces podíamos llegar a un acuerdo. Estas formas de vida y necesidades de los okupas no se podían generalizar. Sobre todo la vida en grandes grupos, separaba a los okupas de las necesidades de la mayoría del proletariado. Este tipo de okupación era posible sólo para grupos limitados de personas y para una gran parte del proletariado ni siquiera imaginable. Por supuesto el alquiler era demasiado alto para ellos, el piso muy malo o muy pequeño, pero qué trabajador/a con familia tiene interés en trabajar sin cobrar en arreglar una casa en su tiempo libre, para luego ser desalojado/a. Para éstos habría significado en general un empeoramiento de las condiciones de vida. Por parte de los inmigrantes, que vivían sobre todo en Kreuzberg y pagaban altos alquileres por sus agujeros, había simpatía hacia los okupas. Iniciativas de debate y organización conjuntas nunca se habían dado tan bien.

3. Las dos líneas del movimiento

A grandes rasgos podemos distinguir dos líneas en el movimiento, también así reconocidas por la clase dominante. Harry Ristock, senador del SPD (Partido Social Demócrata) encargado de obras públicas declaró el 8.9.80 en una rueda de prensa que “las okupaciones para mantenimiento de casas no son un gran problema”. Entre los okupas habría que diferenciar, “hay un grupo de idealistas que se acercan con colores a las casas, pero al lado de un segundo grupos de punks y rockers, también hay un tercero que está interesado en la confrontación con la violencia del Estado.”

Estas dos líneas estuvieron claras desde el principio. La separación entre las dos partes se evitó hasta el verano del 81 por el fin común en aquellos momentos, que era la liberación de los detenidos. Cuando tras duras disputas se tuvo claro que los detenidos no iban a ser liberados y que la okupación de espacios vacíos no iba a legalizarse, cayó el elemento de cohesión más fuerte entre ambas tendencias del movimiento. Para una gran parte de las casas se trataba de evitar el desalojo, para lo cual cada vez aceptaron peores condiciones en los contratos. Tenían miedo de perder casas a cuyo arreglo habían dedicado una enorme cantidad de tiempo, dinero y trabajo y en las que había logrado un cierto nivel de autogestión. Este miedo fue intensificado de forma planeada desde el poder, mediante amenazas de desalojo, desalojos y registros. La estrategia fue denominada “la línea berlinesa”, concepto que se elaboró durante el gobierno socialdemócrata, por propietarios y policía. Oficialmente se trataba de evitar nuevas okupaciones, lo cual se consiguió a partir de mayo del 81 con el gobierno demócrata-cristiano (CDU). El objetivo principal de “la línea berlinesa” era la separación del movimiento de okupación. Esto era:

1. Evitar cualquier unión entre okupas y las masas de inquilinos que alquilaban.

2. Enfrentar a quienes negociaban contra quienes no lo hacían.

Las decisiones entre desalojo, negociación ficticia o negociación encaminada a firma de un contrato, bajo la “línea berlinesa” se desarrollaron teniendo en cuenta los siguientes factores:

Mezcla social de los habitantes de las casas, entorno, valor de la casa para el capital, significado de la casa para el movimiento, efecto psicológico de cara a la intimidación y separación. Para cada casa que entraba en negociaciones, igual con quién ,inmobiliarias, propietarios o senado, había que desarrollar nuevos conceptos. No había una solución global. Así es como se propició la separación del movimiento. Quienes negociaban no tenían puntos en común a partir de los cuales poder unirse. Todo eran condiciones particulares.

Otros instrumentos para la separación fueron los grupos que se presentaron como mediadores de negociación entre okupas, senado e inmobiliarias. Estas fueron algunas como S.H.I.K., Stattbau, la iglesia evangélica, Paten e IBA. Su cometido era hacer calculables para la policía y los políticos, las disputas que pudieran darse antes, durante y tras los desalojos. Los Paten por ejemplo tenían que garantizar que en las casas en las que ellos se habían entrometido, no se emplearían medios violentos para defenderse de desalojos. La iglesia evangélica se ocuparía de que se adoptasen medios legales de negociación. No es extraño que para cometidos tan importantes sólo se admitiese a mediadores del senado muy competentes. Como un ejemplo de los muchos que podrían citarse:

En la época en que las barricadas ardían en las calles, entre enero y junio del 81, el jefe de la cancillería del senado, el puesto del ayuntamiento que se encarga de coordinar a nivel político policía y servicios secretos, lo ocupaba Reiner Papenfuss, de profesión abogado, que había sido durante mucho tiempo el Administrador del grupo aforado del SPD. Exactamente el mismo Rainer Papenfuss fue hasta el 18.7.83 el delagado de la iglesia evangélica para temas de okupación, es decir uno de los que medió por la legalización de las casas. Pero no sólo la iglesia tuvo un papel para impedir los alzamientos. Todo Berlín Oeste fue en la época de la lucha de las casas un campo de maniobras para maderos y militares de todo el mundo. Aquí se probó y se estudió cómo combatir las revueltas sociales.

Que el movimiento fuera desplazado tan rápidamente a una posición defensiva no se debió solamente a la eficacia de las estrategias estatales ni al oportunismo de algunos okupas, sino sobre todo a la incapacidad de los militantes de extender la lucha. Ni pensaron en extender la lucha hacia afuera, ni pudieron oponerse a la excisión del movimiento dictada desde arriba. Una excisión era previsible e inevitable, y no hubo ningún impulso constructivo y político por parte de los dos frentes afectados. Una gran parte de los militantes estimó que sólo con la violencia en las calles y los destrozos tras cada desalojo, podrían defender las casas. A pesar de que estaba claro que iba a producirse una excisión y que la fuerza en la calle estaba limitada, no se le ocurría otra cosa al sector más radical que insistir en la reivindicación de libertad para los presos. En la época más crucial de la okupación, en primavera del 81, los militantes concentraron casi todas sus fuerzas en apoyar la huelga de hambre de los presos de la RAF y otros. A partir de ahí se abandonó el trabajo en la elaboración de nuevas ideas y alternativas en la lucha de okupación, la difusión y la propaganda.

No estamos criticando el apoyo a la huelga de hambre, pero al mismo tiempo faltó el análisis sobre la lucha por la vivienda, la lucha de un sector que había empezado a reapropiarse de lo que le pertenecía. A causa de la falta de perspectivas revolucionarias y de propuestas de lucha que les hicieran avanzar, muchas personas que estaban entre ambas corrientes, se dieron por vencidas.Con el tiempo, la mayor parte de la militancia veía la okupación como una iniciación hacia “objetivos más elevados”, que podían expresarse en consignas como “destruye el sucio sistema”, “destruye la OTAN”, y ” combate el imperialismo estadounidense”. Más adelante iremos sobre la evolución da la militancia, pero antes…

4. El triste fin de la historia

Por un lado cada vez más casas empezaron a firmar contratos porque en ello veían una posibilidad de salvación, mientras que las que no tenían contrato eran desalojadas, algunas incluso estando en proceso de negociación. Con el tiempo dejó de dedicarse fuerza alguna a organizar manis tras los desalojos, en los que los maderos apenas encontraban resistencia. Así se fueron desalojando unos barrios tras otros, hasta que la escena completa de Kreuzberg estuvo arrinconada. Ahí también se desalojaron casas, pero en comparación con otros barrios es donde más legalizaciones hubo.

Actualmente:

Alredededor de 60 casas tienen contrato, y las 10 últimas intentan conseguirlo desesperadamente. En las casas legalizadas se han firmado contratos en malísimas condiciones, de acuerdo con los cuales se pagan alquileres casi tan altos como en las casas normales de antigua construcción, esto es varios miles de marcos al mes.

Los altos alquileres y el que los contratos de casas enteras estén a nombre de algunos inquilinos, que tienen la responsabilidad de que se pague todos los meses, han causado disputas. Pero los alquileres no eran el único problema. Con el contrato de arrendamiento, se comprometían, bajo supervisión de mediadores alternativos de rehabilitación, como el “Stattbau” o colectivos de arquitectos, a arreglar las casas.

Con la legalización el senado consiguió los siguientes objetivos:

– Crearon objetos modelo para probar el buen funcionamiento del sistema democrático, que además fueran apropiados para los estudios sociales y urbanísticos.

– Muchas personas que nunca en tiempos de la okupación se hubieran planteado dedicar tanto tiempo a rehabilitar casas de acuerdo con la supervisión y los planes oficiales, están ahora ocupadas con la renovación de sus casas. El propio “Stattbau” se entiende entre otros como “Instituto para la creación de empleo”.

– Con este tipo de rehabilitación el senado se ahorra un montón de dinero porque las empresas alternativas a las que se dejó la mayor parte del trabajo y los propios inquilinos estaban dispuestos a trabajar por poco dinero. El senado sólo tenía que pagar el coste de los materiales y la mano de obra. Los beneficios que en otros casos recibían las inmobiliarias, no estaban presentes aquí.

Así que con la legalización de las casas lo único que se consiguió fue la forma de vivir juntas muchas personas en una casa.

El resto de las casas fue desalojado y derrumbado o bien rehabilitado y alquilado a precios altísimos. También algunas casas siguen estando vacías. La mayoría de los antiguos okupas vive ahora en pisos individuales o compartidos, de alquiler. Con esto asuntos como el alquiler o la subsistencia se convierte de nuevo en un problema privado. La mayoría de los grandes grupos se ha disuelto.

5. Aprender de la lucha

A la luz de la situción actual debemos preguntarnos cómo fue posible que se consumieran tan rápidamente la fuerza revolucionaria de un movimiento de varios miles de personas,la lucha de las casas como ofensiva contra la propiedad y la apropiación de espacios para vivir.

No se trata aquí de analizar la contraofensiva del estado o de aclarar las estrategias alternativas, que también es importante, sino de intentar ver por qué el sector militante del movimiento, que se había posicionado claramente contra el propietario y las estrategias de integración, no estuvo en situación de extender la lucha por la vivienda y de concebirla como lucha de clases.

Una de las razones más importantes es que la mayor parte de la gente había salido de su condición de aislamiento por primera vez,a través del movimiento, muchos habían conseguido rebelarse contra las perversas condiciones de vida y se habían sustraído lo mejor que habían podido a la maquinaria capitalista, pero muy pocos tenían experiencia en lucha colectiva. Lo que nos unía eran las experiencias que habíamos tenido en la escuela, en el trabajo, el odio a los poderosos, la lucha en la calle, la necesidad de vivir en común y luchar por la liberación. Lo que más nos faltaba era experiencia, conciencia histórica y conciencia de clase.

Había algunos grupos que llevaban más tiempo, pero ninguno estaba orientado a construir un contrapoder revolucionario. Algunos de estos estaban orientados a los movimientos de liberación del tercer mundo y a la lucha de guerrilla aquí. Defendían un antiimperialismo que no partía del antagonismo de clase. Otros construyeron el mito del luchador autónomo que se reivindicó a través de los medios. Su posición política era: “luchamos para nosotros y no llevamos a cabo una lucha donde se nos representa. No luchamos por ideologías, ni por el proletariado, ni por el pueblo, sino por una vida autogestionada. El poder es malo y por lo tanto tampoco queremos construir un contrapoder.” (De las 10 tesis de los autónomos berlineses del congreso “Tut-was” del 81.Ver radikal 98, 9/81).

Lo que en cualquier caso era importante en el movimiento era partir de las propias necesidades. La historia nos ha enseñado que algunas luchas representativas, nunca tienen tanta eficacia como las revueltas que surgen desde abajo. Esa fue la causa por la que miles de personas se implicaron en los levantamientos. El error fue colocar en el punto central las propias necesidades y realzar las diferencias con la mayoría de la clase obrera en vez de orientarse hacia reivindicaciones comunes.

Muchas personas rechazaron las posturas arriba expuestas, pero no fueron capaces, a causa de la falta de claridad política y de experiencia, de oponerse. Esto también fue así en nuestro grupo. No llegamos a un análisis exhaustivo sobre el significado y las perspectivas de la okupación para un movimiento proletario revolucionario, ni en los consejos okupas ni en las asambleas autónomas, porque los distintos grupos se atacaban mutuamente y porque no se veía necesidad de hacerlo.

Nunca se trabajó o se discutió sobre experiencias anteriores en Berlín o en otras ciudades como Frankfurt en el 74, o las de Italia. Acerca de Amsterdam se centró principalmente en los espectaculares desalojos o en los disturbios.

En la fase inicial de la okupación hubo algunos comienzos importantes que podían llevarla a extenderse hacia otros sectores de la población. Un grupo de inquilinos de la calle Forster 16 y 17 okupó en Noviembre de 1980 algunas casas y consiguió que fueran realquiladas a familias turcas. En la calle Kottbusser se okuparon, junto a mujeres turcas con niños, algunas casas en Febrero del 81. También hubo grupos que hicieron boicot de alquiler, aunque sólo se encontraron algunas veces. A pesar de todo la mayor parte de las veces no se prestó atención a estas experiencias. En lugar de eso se unieron sólo con la propia casa o con la “escena”, disfrutaron durante un tiempo de una excitante vida, se sintieron como super especiales frente al resto de la población y los miraron como estúpidos burgueses, que aún no habían entendido nada.

La mayoría del trabajo de difusión pública de los autónomos no iba destinado a difundir las alternativas sino a evitar desalojos. El concepto “público” no se trató desde una perspectiva de clase sino que se trataba de movilizar el mayor número posible de gente a favor de sus intereses. La situación de vivienda de la mayor parte del proletariado, ni se conocía ni era tematizada. Los militantes se interesaban por los altos alquileres de las viviendas sociales tan poco como por los cotidianos deshaucios, pero en cambio se sorprendían de que los descontentos no participaran en la lucha de las okupaciones.

El gueto al que nos vimos empujados fue aceptado por nosotros; desde el momento en que te concibes como grupo marginal, se acaba toda perspectiva revolucionaria aglutinadora de clase y sólo queda resistencia en forma de sabotaje y pequeñas revueltas. Falta la conciencia de que sólo como mayoría de los oprimidos y explotados, podemos triunfar como clase, que golpear al capitalismo significa sobre todo organización y lucha de clase unida.

6. La lucha por la vivienda es lucha de clase

No podemos hacer una amplia evaluación acerca de las posibilidades de organizar una lucha extensa por la vivienda, ya que no somos un grupo relevante que tendría fuerza para triunfar

2. sabemos demasiado poco acerca de la situación de la gente y de su propia evaluación.

A pesar de todo nos parece importante citar las iniciativas existentes en el momento en cuanto a lucha por la vivienda y contra la subida de los alquileres:

– siempre hubo okupaciones individualesy entonces se trató o bien pasar desapercibido en la vivienda tanto tiempo como fuese posible o bien conseguir un contrato.

– En algunas viviendas de antigua construcción se han organizado los inquilinos y se niegan a pagar aumentos de alquiler.

– En los últimos tiempos vuelve a intentarse okupar edificios y pisos vacíos al estilo clásico ( colgando pancartas, repartiendo panfletos…)

– En una vivienda social de realojo en Mariendorf, cientos de inquilinos luchan desde hace dos años contra el aumento del alquiler, mediante autodescuentos. Una parte de ellos va a realizar un boicot total. ( La lucha de los alquileres está muy relacionada, por lo que sabemos, con la clase media).

La razón por la que todas estas importantes iniciativas tienen un desarrollo restringido hasta ahora es porque cada uno de estos grupos, ya se trate de los realojados de Mariendorf o de los okupas de Kreuzberg, discuten de sus problemas y reivindicaciones específicas. Sabemos lo difícil que es, no sólo formular reivindicaciones comunes, sino incluso investigar su sentido político y sus posibilidades de establecerse, pero aún así nos parece importante sentarse a discutir sobre ello.

La agresión del capital tiene como objetivo la separación y aislamiento de clase. Nuestra respuesta debe ser superación del aislamiento, creación de conciencia, resistencia y fortalecimiento de la organización colectiva. Desde hace tiempo han extendido e intensificado los capitalistas el control y la explotación a todas las áreas sociales. Así, se hace indispensable que cada lucha por los alquileres bajos y la vivienda digna para todos, se conciba como una lucha por la reapropiación de la riqueza social y por la autogestión. Con la concepción de la lucha por la vivienda como lucha de clases no hay que renunciar a cada reivindicación concreta, sino hacer reivindicaciones que engloben todos los aspectos. Las experiencias de la historia muestran que a menudo a partir de la lucha por la vivienda se desarrollan otras luchas, ya sea lucha por comida barata, lucha de las mujeres proletarias…Para ver una perspectiva en la lucha por la vivienda, es importante no hacerse falsas composiciones sobre nuestra situación.La defensiva en la que se encuentran los análisis de clase, exige a cada grupo implicado trabajar y desarrollar iniciativas a largo plazo, algo que no puede restringirse a acciones aisladas.

A continuación exponemos qué tiene que tratarse en próximas luchas.

Es previsible que en los próximos años se endurezca la situación de la vivienda (y no sólo esa). La intensificación de la explotación a través de los alquileres justifica la lucha de clases por los alquileres. Como punto de inicio está negarse a pagar precios altos. Aún no podemos evaluar si tendría posibilidades de extenderse la reivindicación de un precio único de alquiler, algo así como “un marco por metro cuadrado pagaremos, más no”. Pensamos que convendría una discusión acerca de eso. En cualquier caso depende de las luchas que se produzcan y de cómo se vayan desarrollando.Los aumentos de alquiler están acompañados de deshaucios. Porque sabemos lo que significa estar en la calle tenemos que evitar deshaucios en el futuro.

En vista de que aún quedan miles de viviendas vacías, y por cierto no sólo viviendas viejas sino también en el momento unas 15000 viviendas sociales, y que una masa importante de gente no tiene casa o vive en una miserable,la okupación sigue siendo un medio apropiado para conseguir una vivienda.

BASTA DE DESALOJOS DE CASAS Y PISOS OKUPADOS.

NO MÁS DESHAUCIOS DE INQUILINOS PROLETARIOS.

VIVIENDA DIGNA PARA TOD@S.

En la situación actual nos resulta importante, en primer lugar, descubir cuál es la situación de vivienda de la gente, como se defienden contra ello y hasta qué punto estarían dispuestos a organizarse y luchar por sus necesidades. A partir de ahí podemos determinar en qué puntos debemos intevenir. Queremos decir que las discusiones tienen que dirigirse en ese sentido para poder responder a la ofensiva sobre nuestra vivienda.

Por un movimiento comunista.

Berlín, Junio 84.

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