[Nechayev] Catecismo de un revolucionario

INTRODUCCIÓN de Satanic Reds

Revolucionarios: Definitivamente, ni liberales ni corazones sangrantes

Sergei Nechaev (1847-1882), revolucionario ruso, fue el autor de Catecismo de un revolucionario (1868), donde esboza sus ideas para un movimiento altamente disciplinado y profesionalmente organizado. Nechaev afirma que, así como las monarquías europeas utilizan las ideas de Maquiavelo, o los jesuitas católicos practican la absoluta inmoralidad para lograr sus propósitos, así también puede hacerse eso mismo pero a favor de la revolución popular. Nechaev fundó un pequeño grupo revolucionario conocido como Narodnaya rasprava(La retribución del pueblo), que pasó a la ilegalidad en Rusia luego del asesinato de uno de sus propios miembros en 1869. Nechaev fue a prisión en 1872. Y murió ahí diez años más tarde.

Peter Marshall, en A History of Anarchism, describe el Catecismo de Nechaev como “uno de los documentos más repugnantes en la historia del terrorismo”:

“El Catecismo refleja una parte significativa del pensamiento revolucionario ruso. V.I. Lenin admiraba el Catecismo (y fundamentó en él gran parte de su Qué hacer); Dostoevsky creó el personaje de Verkhovensky, en Los poseídos, basado en Nechaev.

“Después de la revolución bolchevique, Nechaev aparecía como un héroe épico ruso en muchos libros y poemas. En los 1960’s el Catecismo fue revivido por los Panteras Negras, el grupo revolucionario afroamericano; y Eldridge Cleaver escribió en su favor en Soul on Ice.

“Lo importante en el pensamiento de Nechaev es su radical transmutación de los valores, en abierto desafío a la moralidad prevaleciente. A primera vista las palabras de Nechaev pueden parecer repulsivas y amenazantes, pero hay un sentido más profundo capaz de inspirar la lucha revolucionaria. Hay en él un coraje místico y una pasión religiosa por cambiar la realidad, algo no tan lejano a aquellos místicos medievales que se oponían a las religiones organizadas y leyes sociales. Su aparente inmoralidad (más que amoralidad) proviene de la comprensión de que tanto Iglesia como Estado son cruelmente inmorales en su búsqueda del control total. La lucha contra esos poderes debe realizarse, pues, utilizando todos los medios que sean necesarios”.

El Catecismo de Nechaev, en un nivel más profundo, puede leerse como una denuncia de ese Sistema de Control que sólo puede cambiarse a través de la lucha incondicional y desgastante. Y aunque fue escrito en el siglo XIX, es todavía relevante. El Sistema de Control está aún en su lugar, sólo han cambiado sus formas. Se requiere, pues, un Centro secreto e invisible para la Nueva Resistencia, no organizado mediante estructuras rígidas, sino mediante vínculos sutiles y contactos ocultos. El Sistema utiliza conspiraciones, intrigas, desinformación y manipulación con el propósito de someter a los pueblos. Requerimos, entonces, volver las armas del Sistema contra sí mismo. Quizá podamos aprender algo del joven Sergei Nechaev.

Sergei Nechaev: un asceta revolucionario

Nechaev fue un fanático, y un héroe por naturaleza. Para realizar la revolución social, predicaba el engaño, el robo, el pillaje y el terror despiadado. Incluso estando en prisión, pudo utilizar a los guardianes para dictar sus instrucciones al movimiento revolucionario.

Estaba poseído por una sola idea, y en el nombre de esa idea exigía el sacrificio de todo. Su Catecismo del revolucionario es un libro único en cuanto a su ascetismo. Es una especie de instrucción para la vida espiritual del revolucionario, y sus exigencias son más severas que las del ascetismo sirio.

El revolucionario debe carecer de intereses privados, de negocio o sentimientos y conexiones personales; no debe tener nada para sí mismo, ni siquiera un nombre. Todo debe ser absorbido por un solo interés, una sola idea, una sola pasión: la revolución. Lo que sirve a la causa de la revolución es moral; ésta es el único criterio del bien y el mal. El resto debe sacrificarse en su nombre.

Éste es el principio del ascetismo. El hombre de carne y hueso es reprimido y privado de todo en nombre de la Revolución -el nuevo dios. Nechaev exigía una disciplina de hierro y una centralización extrema de todos los grupos revolucionarios -un antecedente del bolchevismo. Estas tácticas de Nechaev, que permitían los métodos más inmorales, ahuyentaron a la mayor parte de los revolucionarios rusos de persuasión narodnik; incluso Bakunin se sintió alarmado… (N. Berdyaev, The Russian Idea)
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CATECISMO DEL REVOLUCIONARIO
Por Sergei Nechaev

La actitud del revolucionario hacia sí mismo

1. El revolucionario es un hombre dedicado. No tiene intereses personales, no tiene relaciones, sentimientos, vínculos o propiedades, ni siquiera tiene un nombre. Todo en él se dirige hacia un solo fin, un solo pensamiento, una sola pasión: la revolución.

2. Dentro de lo más profundo de su ser, el revolucionario ha roto -y no sólo de palabra, sino con sus actos- toda relación con el orden social y con el mundo intelectual y todas sus leyes, reglas morales, costumbres y convenciones. Es un enemigo implacable de este mundo, y si continúa viviendo en él, es sólo para destruirlo más eficazmente.

3. El revolucionario desprecia todo doctrinarismo y rechaza las ciencias mundanas, dejándolas para las generaciones del futuro. Él conoce una sola ciencia: la ciencia de la destrucción. Para este fin, y sólo para este fin, estudia la mecánica, la física, la química y quizá también la medicina. Para este propósito, el revolucionario estudiará día y noche la ciencia de los hombres, sus características, posiciones y todas las circunstancias del orden presente en todos sus niveles. La meta es una sola: la más rápida y más segura destrucción de este sistema asqueroso.

4. El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia la actual moralidad pública en todos sus aspectos. Para él sólo es moral lo que contribuye al triunfo de la revolución. Todo lo que la obstruye es inmoral y criminal.

5. El revolucionario es un hombre condenado a muerte. No teniendo piedad hacia el estado ni hacia la sociedad educada, él a su vez no espera que ellos tengan piedad hacia él. Entre ellos y él hay una tácita, continua e irreconciliable guerra a muerte. Debe estar preparado para morir cualquier día. Y deberá entrenarse a sí mismo para resistir la tortura.

6. Siendo severo consigo mismo, el revolucionario deberá ser severo con los demás. Todos los tiernos y delicados sentimientos de parentesco, amistad, amor, gratitud e incluso el honor deben extinguirse en él por la sola y fría pasión por el triunfo revolucionario. Para él sólo debe existir un consuelo, una recompensa, un placer: el triunfo de la revolución. Día y noche tendrá un solo pensamiento y un solo propósito: la destrucción sin piedad. Manteniendo la sangre fría y trabajando sin descanso para esa meta, estará listo para morir y para destruir con sus propias manos todo lo que le estorbe.

7. La propia naturaleza del verdadero revolucionario excluye toda forma de romanticismo, así como toda clase de sentimientos, exaltaciones, vanidades, odios personales o deseos de venganza. La pasión revolucionaria debe combinarse con el cálculo frío. En todo tiempo y lugar, el revolucionario no debe ceder ante sus impulsos personales, sino ante los intereses de la revolución.

La relación del revolucionario con sus camaradas

8. Para un revolucionario, un amigo es sólo aquél que ha probado con sus actos que también él es un revolucionario. La amistad, dedicación u otras obligaciones hacia ese amigo depende de su utilidad para la causa revolucionaria.

9. La solidaridad entre los revolucionarios no requiere discusión. La fuerza del trabajo revolucionario depende de ella. Los camaradas que estén en el mismo nivel de comprensión y pasión revolucionaria deben, en la medida de lo posible, discutir juntos las principales acciones y alcanzar conclusiones unánimes. Sin embargo, durante la ejecución del plan cada uno debe confiar sólo en sí mismo. Al realizar las diversas acciones destructivas, cada uno deberá actuar solo, y buscará consejo o ayuda de sus amigos sólo si ello es necesario para el éxito.

10. Cada camarada tendrá a la mano a varios revolucionarios de segundo o tercer rango, no tan completamente dedicados como él. Debe considerarlos como parte del capital revolucionario puesto a su disposición, y procurará sacar de ellos la máxima utilidad posible. Debe considerarse a sí mismo como un capital condenado a ser invertido para el triunfo de la causa revolucionaria, pero no tendrá derecho a disponer personalmente de ese capital sin el consentimiento de otros camaradas plenamente iniciados en la causa revolucionaria.

11. Cuando un camarada tenga problemas, y haya que decidir si salvarlo o no, el revolucionario no se guiará por sus sentimientos personales, sino solamente por los intereses de la causa. Por tanto, debe sopesar cuidadosamente la utilidad del camarada en problemas contra el costo del esfuerzo necesario para salvarlo, y debe decidir qué tiene mayor peso.

La relación del revolucionario con la sociedad

12. La aceptación de un miembro nuevo dentro la organización, de alguno que haya probado su lealtad no mediante palabras sino mediante sus actos, es algo que sólo podrá decidirse por consentimiento unánime.

13. Un revolucionario entra al mundo del Estado y al llamado mundo intelectual, y vive dentro de ellos, con el solo propósito de su destrucción rápida y total. No será un revolucionario si experimenta alguna simpatía por algo de ese mundo, o si se detiene ante la destrucción de algún estado de cosas, relación o persona que pertenezca a ese mundo en el cual todo debe ser odiado igualmente. Peor para él si tiene familia, amigos o relaciones amorosas; no podrá ser un revolucionario si eso detiene su mano.

14. Con el propósito de la destrucción despiadada, el revolucionario puede, y frecuentemente debe, vivir en sociedad, simulando ser lo que no es. El revolucionario deber penetrarlo todo en todas partes: las clases más altas y medias; el almacén del mercader; la iglesia; la mansión del aristócrata; los mundos de la burocracia, el ejército, la literatura; la División Tercera (policía secreta); e incluso el Palacio de Invierno (del Zar).

15. Toda esta sucia sociedad tendrá que ser dividida en varias categorías. La primera categoría es la de aquéllos que deberán morir sin demora. La Organización de camaradas revolucionarios harás listas de los condenados, tomando en cuenta el daño potencial que puedan hacer a la revolución, y eliminarán en primer lugar a los primeros de la lista.

16. Al unir esas listas, y agrupar ordenadamente a los condenados, no se tomará en cuenta la maldad personal del hombre ni el odio que éste provoca entre los camaradas o el pueblo. Esa maldad y ese odio pueden servir temporalmente para provocar la sublevación de las masas. Es necesario tomar en cuenta el grado de utilidad que su muerte podría dar a la causa revolucionaria. Ante todo, debes destruir a aquellas personas que más daño pueden hacer a la Organización revolucionaria, o a aquellas otras cuya muerte súbita y violenta provocarán el mayor terror en el gobierno, debilitando su poder y privándolo de sus miembros más enérgicos e inteligentes.

17. El segundo grupo está compuesto por aquellas personas a quienes se les permite vivir temporalmente, porque sus actos terribles conducirán al pueblo a una sublevación inevitable.

18. La tercera categoría incluye una multitud de personas de posición alta, animales que no tienen gran inteligencia ni energía, pero poseen riqueza, posición social, conexiones, influencia y poder. Debes explotarlos de todas las maneras posibles, implicarles, confundirles, y conocer, hasta donde sea posible, sus secretos más sucios con el fin de esclavizarles. Su poder, influencia, conexiones y riqueza podrían llegar a ser un tesoro inagotable y de gran ayuda para muchas empresas revolucionarias.

19. La cuarta categoría es la de aquellos trepadores ambiciosos y liberales de diversos matices. Puedes conspirar junto con ellos, pretendiendo que les sigues ciegamente; pero a la vez debes ponerlos bajo control, conocer todos sus secretos, comprometerlos al máximo…, de tal modo que ellos mismos ensucien y corrompan al Estado con sus propias manos.

20. La quinta categoría está compuesta por doctrinarios, conspiradores y revolucionarios que sólo hablan inútilmente ante muchedumbres o sobre el papel. Debes impulsarlos hacia la acción, despedazando sus discursos, con lo cual destruirás a la mayoría pero lograrás unos cuantos revolucionarios verdaderos.
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21. La sexta, y muy importante, categoría, son las mujeres. Éstas deben ser divididas en tres categorías. Primero, aquellas mujeres “cabeza hueca”, inconscientes y desalmadas, que pueden ser utilizadas de la misma manera que los hombres de las tercera y cuarta categorías. La siguiente categoría es la de aquellas mujeres que son apasionadas, devotas y talentosas, pero no son propiamente nuestras, ya que no poseen aún una comprensión cabal, austera y revolucionaria. Ellas deben ser utilizadas como los hombres de la quinta categoría. Finalmente, están aquellas mujeres completamente nuestras, es decir, aquéllas que han aceptado nuestro programa y están totalmente dedicadas a él. Ellas son nuestras camaradas, y deberemos considerarlas como nuestro tesoro más preciado sin cuya ayuda no podemos triunfar.

La actitud de la Organización hacia el Pueblo

22. La Organización no tiene otro objetivo que la liberación completa y la felicidad del pueblo, es decir, del trabajador común y ordinario. Pero, con la convicción de que la liberación y la obtención de la felicidad es posible solamente por el camino de una revolución popular totalmente destructiva, la Organización deberá alentar, con todos sus medios y recursos, el desarrollo e intensificación de aquellas calamidades y males que agoten la paciencia del pueblo y lo conduzcan a una sublevación total.

23. Por “Revolución” nuestra Organización no entiende un modelo o patrón en el sentido clásico occidental, un movimiento que siempre se detiene y se doblega ante los derechos de propiedad privada y ante las tradiciones del orden público y las, así llamadas, civilización y moralidad. Tampoco entiende por revolución una forma que hasta ahora se ha limitado a deponer un modelo político para reemplazarlo por otro que intenta crear un estado revolucionario, por llamarlo de algún modo. La única revolución que puede ser benéfica para el pueblo será la revolución que destruya de raíz todo componente del Estado y que pueda exterminar todas las instituciones tradicionales del Estado, el orden social y las clases en Rusia.

24. La Organización no intenta imponer desde arriba una nueva organización para el pueblo. La organización futura crecerá, sin duda, desde el movimiento popular y desde la vida, pero ésa será la tarea de las generaciones futuras. Nuestra tarea es la destrucción despiadada, terrible, completa y universal.

25. Por esto, para estar más cerca del pueblo, necesitamos unidad con aquellos elementos de la vida popular que, desde el principio del estado de poder de Moscú, no han dejado de protestar, no sólo de palabra, sino con acciones, en contra de todo aquello que está relacionado directa o indirectamente con el Estado: en contra de la nobleza, en contra de los burócratas, en contra del clero y en contra de los kulaks explotadores (campesinos ricos, dueños de plantaciones, que utilizan esclavos o siervos). Permítasenos unirnos con los bandidos audaces, los únicos revolucionarios verdaderos de Rusia.

26. Unir este mundo con una sola fuerza invencible e indoblegable: tal es el objetivo de nuestra Organización, tal es nuestra conspiración y nuestra tarea.

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