[Felipe Aguado] Autonomía obrera

«La autonomía obrera como alternativa revolucionaria» es el título de un largo artículo que nos envía Felipe Aguado, del que hemos separado su último apartado, en el que propone unas líneas de desarrollo para la elaboración de una teoría revolucionaria hoy. (Revista Bicicleta)

La alternativa teórica de la autonomía obrera

La autonomía de clase es una alternativa revolucionaria que se desarrolla no sólo en el ámbito de la práctica o de la organización. Paralelamente exige un desarrollo de la teoría. Teoría y práctica se necesitan profundamente. No hay novedad real a nivel de práctica si no la acompaña una novedad paralela a nivel de teoría, y viceversa. Así, por ejemplo, cuando CCOO hace protestas asamblearias, sin haber sufrido ninguna transformación teórica y organizativa, no desarrolla más que un puro oportunismo con el que pretende «recuperar» el movimiento asambleario que se le iba de las manos. Las alternativas revolucionarias o lo son a todos los niveles, o no son más que oportunismos y repeticiones de fondo, aunque con cambios de fachada, de los viejos planteamientos.

La autonomía de clase es una alternativa que se construye el hilo de la práctica asamblearia anticapitalista de la propia clase en lucha. Pero puede construirse como tal alternativa precisamente porque esa práctica se reflexiona a la luz de un método, de una historia de la lucha de clases, de una experiencia, que a su vez también han sido puestos en la picota crítica, exigido por el propio carácter de las luchas.

Las teorías revolucionarias están desfasadas

En este proceso teórico-práctico, las teorías revolucionarias clásicas se han ido mostrando, cada vez con más claridad, como insuficientes y, a veces, inclusive como contrarrevolucionarias. El marxismo se ha anquilosado en una interpretación mecanicista, hegemonizado por organizaciones socialdemócratas, vanguardistas y burocráticas. El anarquismo ha sido impotente socialmente para construir una alternativa real al sistema, bloqueado por el antipoliticismo dogmático y por toda una serie de insuficiencias teóricas y organizativas. Tanto el marxismo como el anarquismo, según se reflejan en sus organizaciones históricas, e incluso en sus textos originarios, no sirven ya como alternativas revolucionarias, si se pretende tomar el uno o el otro al pie de la letra y en su integridad, con exclusión de toda otra aportación que no esté en su propia tradición teórica y organizativa.

Tanto el marxismo como el anarquismo son teorías revolucionarias que surgen en un momento histórico determinado (segunda mitad del siglo XIX) y en unas formaciones sociales concretas (Alemania, Francia, Inglaterra -marxismo-; Rusia, Italia, España -anarquismo-). Las tendencias y corrientes diversas en el seno de ambos son aplicaciones concretas a formaciones sociales específicas: leninismo (Rusia, primeros de siglo xx); maoísmo (China, mediados siglo xx), castrismo (Cuba, años 60, siglo xx). Otro tanto podría decirse del anarquismo.

El presente definidor de la teoría

Si reflexionamos despacio sobre estos datos a la luz de tina teoría materialista de las ideas, hemos de caer en la cuenta que intentar aplicar en España-1978 una alternativa revolucionaria surgida en otra época y en una formación social distinta, y más si se pretende hacerlo en su integridad, es un grave idealismo. Cada época y cada sociedad necesitan un planteamiento específico de la tarea revolucionaria. No existen doctrinas infalibles sobre la sociedad, el hombre y la revolución. Existen alternativas concretas surgidas desde y para formaciones sociales específicas. Entender cualquiera de estas alternativas como «correcta» para siempre es un grave idealismo, en el que no debemos caer. Hoy, y aquí hemos de partir de nuestra propia reflexión sobre las luchas actuales, a la luz, por supuesto, de la historia, a fin de desarrollar la alternativa revolucionaria que el proletariado necesita hoy y aquí, alternativa que, de entrada, no podrá ser otra vez cerrada y dogmática.

Sin embargo, si bien esto es cierto, no lo es menos que la alternativa revolucionaria que hoy hay que ir construyendo, y especialmente en lo teórico, no puede hacer tabla rasa de la historia del movimiento obrero, como si nada hubiese sucedido o como si no hubiese habido aportación teórica alguna de importancia. La nueva alternativa ha de construirse sobre el doble pie del análisis de las circunstancias y necesidades del hoy y aquí, y de la asunción dialéctica de la propia historia del movimiento obrero.

La historia del movimiento obrero, memoria de lucha

La asunción de la historia del movimiento obrero es necesaria por dos motivos esenciales:

1.º La historia del movimiento obrero es la propia experiencia de la lucha emancipadora del proletariado; el progreso se construye sobre la historia asumida. Los trabajadores necesitamos la memoria de nuestras iniciativas, de nuestras luchas, de nuestros errores y aciertos del pasado para, sobre todo ello, construir la alternativa de futuro.

2.º Es cierto que las aportaciones teóricas que se han hecho en la historia del movimiento obrero lo han sido desde y para coyunturas sociales
temporales determinadas. Pero también es cierto que el capitalismo es un modo de producción que, aunque con variaciones sustanciales de país a país y de época a época, mantiene unas ciertas «invariantes» de base que en lo esencial permanecen en todas las formaciones sociales que él hegemoniza: trabajo asalariado, estado de clase específico… Estas «invariantes del sistema» motivan igualmente ciertas «invariantes revolucionarias», en buena medida descubiertas y analizadas por las organizaciones y los teóricos o publicistas del movimiento obrero.

Teoría revolucionaria e incrustaciones ideológicas

Este hecho nos releva de la tarea de rehacer hoy aquellos análisis que permitieron mostrar las «invariantes». Habrá que reasumir aquellas aportaciones, releyendo la historia del movimiento obrero, sus textos decisivos v sus organizaciones más creadoras. Habrá que espigar en todo ese legado buscando distinguir lo que realmente son aciertos a niveles de «invariantes» de lo que son datos coyunturales, e incluso incrustaciones ideológicas.

Esto hay, que hacerlo con Marx y los diversos marxismos, Sin doctrinarismos, pero también sin prejuicios. Como también hay que hacerlo con los diversos anarquismos. El grueso de lo que habrá que asumir de Marx y los marxismos estará, probablemente, a nivel de método de trabajo y a nivel de determinados pasos del materialismo histórico, especialmente en la economía política y aspectos de la teoría política. Lo fundamental a asumir del anarquismo estará, también probablemente, en aspectos de la crítica a la sociedad burguesa y, sobre todo, en el sentido libertario de toda su práctica y su proyecto social.

Quizá una lectura libertaria de Marx (que no es lo mismo que el sincretismo o el eclecticismo de un pretendido marxísmo libertario) podría ser un buen método para empezar. Aunque, desde luego, sin bloquearse en ello, sino con una total amplitud y libertad de miras.

FELIPE AGUADO.

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