[Cathy Levine] La tiranía de la tiranía

(Artículo que apareció por primera vez en Black Rose, número 1, primavera de 1979 y luego fue reeimpreso por el Rising Free Collective.)

En un artículo titulado “La tiranía de la falta de estructura“, que ha recibido gran atención en el movimiento de mujeres (en MS, en Second Wave, etc.) se ataca la tendencia hacia la “falta de líderes” y la existencia de “grupos desestructurados” como si fuera la principal -si no la única- forma orgánica del movimiento y la plantea como un callejón sin salida. Aunque escrito y recibido con buena fe, como una ayuda al movimiento, el articulo es destructivo porque distorsiona y calumnia una estrategia válida y consciente para construir movimientos revolucionarios. Es tiempo de que reconozcamos como una alternativa política real la dirección a la que apuntan estas tendencias, antes que impedir que aparezcan.

Hay por lo menos dos modelos diferentes para construir un movimiento y Joreen sólo da cuenta de uno: una organización de masas con un control fuerte y centralizado, como un partido. El otro modelo, se basa en pequeños grupos de asociación voluntaria.

Un grupo grande funciona como una suma de partes en la que cada miembro funciona como una unidad, un engranaje de la rueda de la organización más grande. El individuo está alienado por el tamaño y se ve relegado a luchar en contra de los obstáculos que genera el tamaño del grupo, por ejemplo esforzándose por asumir un punto de vista aceptado por todos.

Por otro lado, los pequeños grupos, multiplican la fuerza de cada uno de sus miembros. Al trabajar colectivamente entre pocas personas, los pequeños grupos utilizan al máximo la variada contribución de cada integrante. Lo que permite alentar y potenciar los aportes individuales, en vez de perder tiempo en la competencia por la sobrevivencia del más apto, más astuto o agraciado de la organización.

Joreen asocia la influencia de los pequeños grupos con la fase del despertar de la conciencia en el movimiento de mujeres. Sin embargo concluye que al desplazar el centro de atención desde la conciencia individual hacia la construcción de un movimiento revolucionario de masas, las mujeres deberían implicarse en la construcción de una gran organización. Este planteamiento es cierto y durante algún tiempo muchas mujeres que han participado en grupos de despertar de la conciencia sienten la necesidad de expandir sus actividades políticas más allá del rango de acción de este tipo de grupos, pero se sienten confundidas sin saber qué hacer. Aunque es igualmente cierto que otras corrientes de izquierda también están confundidas y no saben como derrotar al capitalismo, al imperialismo, al casi fascismo norteamericano.

Joreen, no obstante, no logra definir lo que entiende por movimiento de mujeres, requisito indispensable para debatir la estrategia o dirección a seguir. El movimiento feminista, en su sentido más pleno, en tanto movimiento para derrocar al patriarcado, es un movimiento revolucionario y socialista bajo el alero de la izquierda. Un problema central para que las mujeres determinen las estrategias del movimiento de mujeres es cómo relacionarse con la izquierda masculina; no queremos hacer nuestros sus modus operandi porque los consideramos una perpetuación de los valores patriarcales y capitalistas.

A pesar de nuestros mejores esfuerzos por renegar y apartarnos de la izquierda masculina, no lo hemos logrado del todo. Los hombres son capaces de organizar la forma en que tienen sexo: mucho apuro y luego el “portazo y gracias nena”. Las mujeres deberíamos edificar el movimiento del modo en que hacemos el amor: gradualmente, implicándonos constantemente, esforzándonos sin limitaciones y, por supuesto, orgasmos múltiples. En vez de sentirnos desanimadas y aisladas ahora, deberíamos estar en nuestros pequeños grupos debatiendo, planeando, creando y problematizando. Deberíamos estar siempre generándole problemas al patriarcado y apoyando a las mujeres; deberíamos estar siempre comprometiéndonos y generando accionar feminista, porque todas nos fortalecemos con ello. Sin un accionar feminista, las mujeres caen en los tranquilizantes, se enferman y suicidan.

La otra forma de inactividad que amenaza a los que participamos en política, es la sobreimplicación que desembocó en los sesenta en una generación de activistas radicales agotados. Una vez me comentó una amiga feminista que para ella estar en el movimiento implicaba “pasar el 25% de su tiempo en actividades grupales y 75% en actividades desarrollándose ella misma”. Este item es importante y real para el movimiento de mujeres por lo que debemos pensar en ello. Ya que el movimiento masculino piensa que los participantes del movimiento deben dedicar las 24 horas del día a la Causa, algo totalmente coherente con la socialización femenina en vistas al autosacrificio. Hundimos nuestra cabeza en las actividades organizacionales, descuidando nuestro desarrollo personal, sin importar cuál sea la causa de nuestra dedicación al resto. Finalmente, un día, descubrimos que no sabemos lo que estamos haciendo, ni para quien lo hacemos; el resultado es que terminamos en un estado de autodesprecio similar al que teníamos antes de ingresar al movimiento. (Por otro lado la sobreimplicación masculina, obviamente que no motivada por ningún autosacrificio de género, huele intensamente a la ética judía/protestante/trabajo/logro, e incluso a la fachada “racional”, fría, no emocional, con la cual el machismo suprime los sentimientos de los hombres).

Estos escollos perennes del movimiento popular, que representan un pozo sin fondo para el movimiento, los explica Jo Freeman como parte de la “Tiranía de la desestructura”, lo que es una broma en el contexto de una nación de semiautómatas que luchan por mantener una apariencia de individualidad en contra de un aparataje militar/industrial postecnológico. Por el contrario lo que definitivamente no necesitamos más son estructuras y reglas que nos den respuestas fáciles, alternativas prefabricadas sin espacio para nuestras propias formas de vida. Lo que está amenazando a la izquierda femenina y aún más a las otras corrientes, es ‘la Tiranía de la Tiranía’, que ha impedido relacionarse con los individuos o generar organizaciones que no eliminen la individualidad con roles preestablecidos y liberarnos de las estructuras capitalistas.

En contraposición al supuesto de Joreen, la fase del despertar de la conciencia no ha acabado. El despertar de la conciencia es un proceso vital que debe continuar entre aquellos comprometidos con el cambio social; mediante la liberación revolucionaria. Despertar nuestras conciencias es de todas formas una idea amplia, una vaguedad, y necesita ser clarificada. Una ofensiva comercial televisiva puede despertar la conciencia de las mujeres en tanto la mujer plancha sola en su hogar la ropa de su marido; le puede recordar lo que ya sabe, que está entrampada y su vida no tiene sentido, que está aburrida, etc. pero probablemente no la animará a que deje el lavado y organice una huelga de trabajadoras del hogar. El despertar de conciencias es una estrategia de la revolución y debe ayudar a las mujeres a traducir su insatisfacción personal en conciencia de clase y posibilitar que las mujeres organizadas sean accesibles a todas las mujeres.

Con la propuesta que hace Joreen de que el próximo paso después de los grupos despertadores de conciencia es la construcción de un movimiento, ella no solo opone falsamente el uno al otro sino también pasa por alto un importante proceso del movimiento feminista: construir cultura de mujeres. Aún cuando se requiere una fuerza masiva de mujeres (y algunos hombres) para enfrentar al poder del estado, un movimiento de masas no hace la revolución por sí mismo. Si esperamos crear una sociedad libre de la supremacía masculina después de derribar al capitalismo y construir el socialismo internacional, sería mejor que empezáramos a trabajar en ello de inmediato, ya que algunos de nuestros compañeros anticapitalistas nos van a dar mucho que hacer. Debemos generar una cultura de mujeres visible dentro de la cual las mujeres puedan definirse y expresarse aparte de los patrones patriarcales y que satisfaga las necesidades de las mujeres no cubiertas por el patriarcado.

La cultura es una parte esencial del movimiento revolucionario y es también una de las herramientas más importantes de la contrarrevolución. Debemos ser muy cuidadosas en especificar que la cultura de la que estamos hablando es una revolucionaria y que confronta constantemente a la cultura del padre.

La cultura de una clase oprimida o colonizada no es necesariamente revolucionaria: Norteamércia contiene (en el sentido de “tener” y en el sentido de “impedir la propagación”) ‘muchas subculturas’, que aunque se definen diferentes a la cultura del padre, no amenazan el status quo. De hecho son parte de una Norteamérica “multicultural”, una-gran-familia-feliz de culturas etnico/sociales, la “contracultura”. Ellos han sido validados, admitidos, adoptados o comprados por la gran cultura. Lo que llamamos cooptación.

La cultura de las mujeres, desde un nuevo círculo de liberación hasta la revista MS, pasando por la Bitácora de una Dueña de Casa Loca, enfrenta ese verdadero peligro justo ahora. La Nueva Mujer, es decir: de clase media, universitaria, emparejada con algún hombre, puede obtener su trozo del pastel norteamericano. Suena bien pero ¿qué pasa con la revolución? Debemos reevaluar constantemente nuestra posición para asegurarnos que no estamos siendo acogidas en los brazos siempre abiertos del Tío Sam.

El tema de la cultura de las mujeres, aunque denigrado por la ciega y arrogante izquierda masculina, no es necesariamente un tema revisionista. La polarización entre los roles femeninos y masculinos en tanto definidos y controlados por la sociedad masculina, no sólo ha subyugado a las mujeres sino que ha hecho que todos lo hombres, sin importar clase ni raza, se sientan superiores a las mujeres. Este sentimiento de superioridad junto con contrarrestar los impulsos anticapitalistas, es la espina dorsal del sistema. El objetivo de la revolución feminista es que las mujeres conquisten la humanidad plena, lo que significa destruir los roles masculinos y femeninos que hacen a los hombres y a las mujeres, humanos a medias. Recuperaremos nuestra humanidad perdida creando cultura de mujeres.

El tema de nuestra humanidad perdida muestra aquello que los marxistas comunes han descuidado en sus análisis durante más de medio siglo: los elementos psicosexuales en la estructura del carácter de cada individuo, que actúa como un policía interior, en cada miembro de la sociedad. Wihlem Reich describió en forma estrecha, heterosexual y centrada en lo masculino la armazón del carácter en cada persona y cómo los transforma en verdaderos fascistas o en buenos ciudadanos. Las mujeres experimentamos este fenómeno a diario que se manifiesta en la represión de los sentimientos, especialmente obvio entre nuestros amigos varones, para quienes es muy difícil expresar o incluso “exponer” sus sentimientos honestamente. La tara psíquica con la que la psicología capitalista nos coacciona, es problema de los individuos, es una situación social que nos afecta a todos y que ayuda a la sociedad capitalista avanzada a mantenernos en el mismo saco. Las taras psíquicas de los ciudadanos logran que trabajen, que peleen en las guerras, que repriman a sus mujeres, a los no-blancos y a todo los inconformistas susceptibles de ser reprimidos. En nuestra sociedad postecnológica, todo sus miembros la reconocen como la cultura más avanzada, aunque las taras psíquicas sean también las más avanzadas, sin duda ahora hay mucha más mierda para la psique como el “yo estoy bien, tú estás bien” de Jonathan Livingstone Seagull y su política, sin mencionar a los postneofreudianos y a los cirujanos psíquicos.

Por enésima vez, permítasenos decir que hasta que no encaremos nuestras cadenas psíquicas internas, cuando estudiamos las externas en las estructuras políticas y las relaciones sociales, no lograremos crear una fuerza que amenace a nuestro enemigo, es más ni siquiera sabremos quien es el enemigo. La izquierda ha perdido horas y mucho papel intentando definir a la clase dominante; pero la clase dominante tiene sus representantes carceleros dentro de la mente de cada miembro de la sociedad, por eso la lógica que hay detrás se llama paranoia. La tiranía de la tiranía es un enemigo profundamente fortificado.

El grupo pequeño es donde se conecta la lucha psicológica con la participación política. Es por eso que los temas de táctica y estrategia y los métodos de organización son tan cruciales en este momento. Durante décadas, la izquierda ha estado intentando sacar a la calle a la gente, siempre y cuando existiera un número suficiente para provocar algún efecto. Como lo planteaba IF Stone, no se puede hacer la revolución cuando más de la mitad de la población es feliz. Tampoco debemos esperar a que cada uno se radicalice. Por un lado, debemos plantear constantemente alternativas al capitalismo a través de cooperativas de alimentos, acciones antiempresariales y acciones de rebelión personal, pero también debemos combatir las estructuras capitalistas psíquicas y los valores y formas de vida que de ellas derivan. Las estructuras, los presidentes, los líderes, la retórica… cuando una reunión de izquierdistas se vuelve indistinguible en el estilo de una sesión del senado, no debemos reírnos sino reevaluar la estructura que hay detrás del estilo y reconocerla como una representante del enemigo.

El origen de la preferencia por los pequeños grupos en el movimiento de mujeres – y por pequeños grupos me refiero a colectivos políticos – fue, como lo expuso Joreen, una reacción en contra de la organización jerárquica y sobreestructurada de la sociedad en general y de los grupos masculinos de izquierda en particular. Pero la gente no se da cuenta de que reaccionamos en contra de la burocracia porque nos priva de la gestión, como el resto de esta sociedad. Y en vez de reconocer nuestra locura volviendo al redil estructurado, nosotras que nos rebelamos en contra de la burocracia debemos crear alternativas a la organización burocrática. La razón para construir un movimiento basado en los colectivos es que queremos crear una cultura revolucionaria coherente con nuestra visión de una nueva sociedad; es más que una reacción; los pequeños grupos son una solución.

Debido a que el movimiento de las mujeres tiende, en este momento, hacia los pequeños grupos y que carece de dirección, algunos concluyen que los pequeños grupos son culpables de la falta de dirección. Ellos enarbolan el arcaísmo de la “estructura” como la solución al jaque estratégico, como si la estructura nos pudiera dar la comprensión teórica o el alivio a las ansiedades personales. Nos puede dar una estructura en la cual “organizarnos” o reunir más mujeres, pero en ausencia de estrategia política podemos estar generando una ironía kafkiana donde el proceso sea reemplazado por la reunión.

La falta de energía política nos ha estado acechando durante los últimos años, aunque en menor medida en el movimiento de mujeres que en la izquierda masculina, probablemente se relaciona directamente con sentimientos de insatisfacción personal que tiranizan a todos y cada uno de nosotros. A menos que confrontemos estos sentimientos directamente y los tratemos con la misma seriedad con la que tratamos el bombardeo de Hanoi, la paralización que provocan los primeros impedirán que tomemos medidas en contra del segundo. Más que hacer un llamado a reemplazar los pequeños grupos por grupos estructurados más grandes, necesitamos alentarnos unas a otras para ubicarnos en pequeños grupos desestructurados que reconozcan y emulen el valor del individuo. La amistad, más que cualquier terapia, alivia inmediatamente los sentimientos de insatisfacción personal. La revolución se debiera construir siguiendo el modelo de la amistad.

El problema omnipresente que Joreen confronta, aquél de las elites, no se soluciona con la formación de estructuras. Contrariamente a la creencia de que la falta de estructuras lleva a la maquinación, a estructuras invisibles basadas en elites, la ausencia de estructuras en pequeños grupos de confianza mutua, combate al elitismo en su nivel básico, el nivel de las dinámicas personales, en las cuales el individuo que contrarresta la inseguridad con un comportamiento agresivo domina sobre aquel cuya inseguridad lo mantiene en silencio. Los pequeños grupos que involucran personalmente aprenden primero a reconocer aquellas diferencias de estilo y después a apreciarlas y trabajar con ellas. Más que intentar ignorar o aniquilar las diferencias de estilo personal, los pequeños grupos aprenden a apreciarlas y a utilizarlas; por lo tanto a fortalecer el poder personal de cada individuo. Dado esto cada uno ha sido socializado en una sociedad en la cual la competencia individual es la forma de existencia. No vamos a eliminar todos los estilos personales en tanto poder a menos que reconozcamos las diferencias y aprendamos a dejar coexistir esas diferencias. Ya que no somos el enemigo sino las víctimas, necesitamos potenciarnos y no destruirnos unos a otros. Los elementos destructivos retrocederán en la medida en que nos fortalezcamos. Pero mientras tanto debemos protegernos de las situaciones que recompensan el estilo personal con el poder. Las reuniones premian a los más agresivos, retóricos, carismáticos y que se expresan con más claridad (casi siempre hombres).

Considerando los múltiples y variados derivados del término “anarquismo” que circulan, muy pocos en la izquierda se han dedicado a estudiarlo con seriedad. Estamos seguras de que las personas que se enorgullecen de la hipocresía de los tabúes sociales están imbuidos del tabú en contra del anarquismo.

Del mismo modo que con la masturbación, se nos ha educado para temer al anarquismo irracional e incuestionablemente, porque no hacerlo podría llevarnos a probarlo, aprenderlo y disfrutarlo. Para cualquiera que haya considerado alguna vez la posibilidad de que la masturbación puede proporcionar más beneficios que locura, es altamente recomendable que estudie también el anarquismo. Remontándose incluso a los tiempos de Marx cuando Bakunin era su adversario socialista más radical… más radical ya que había dado un gigantesco paso más allá al confiar en las capacidades de los individuos para salvar a la humanidad.

¿Por qué la izquierda no ha hecho otra cosa que ignorar al anarquismo? Puede ser a causa de que los anarquistas nunca han logrado una victoria revolucionaria. El marxismo ha triunfado, pero también el capitalismo, esto sólo prueba o sugiere que el perdedor, hasta este momento, está de nuestro lado. Los anarquistas rusos se opusieron tenazmente a la tiranía demasiado revisionista de los bolcheviques, de la cual se ríe con socarrona crueldad la Nueva Izquierda ante sus padres izquierdistas de los 60. Es cierto, la antigua generación de izquierdistas norteamericanos era cerrada de mente, tanto que no veían que el capitalismo se regeneraba en Rusia; pero la visión sesgada con la cual hemos esbozado la huella del dogma marxista leninista no es algo de lo cual enorgullecerse.

Desde luego las mujeres hemos salido del túnel antes que la mayoría de los hombres porque en la oscuridad, guiadas por hombres ciegos de la Nueva Izquierda, nos encontramos a nosotras mismas. Dueñas de casa para la revolución o prostitutas para el proletariado; es impresionante cómo la forma en que somos vistas se refunda a sí misma. A lo largo de todo el país, los grupos independientes de mujeres comenzaron funcionando sin estructuras, líderes y otros clichés de la izquierda masculina, crearon independiente y simultáneamente, organizaciones similares a las de los anarquistas. Lo que no es casualidad.

El estilo, la audacia de Emma Goldman ha sido adoptado por mujeres que no se consideran a sí mismas anarquistas… porque Emma avanzaba con los tiempos. Pocas mujeres han asustado a tantos hombres por tanto tiempo. Parece lógico que deberíamos estudiar a Emma Goldman, no para seguir cada uno de sus pensamientos sino para encontrar la fuente de su fortaleza y su amor a la vida. Sin embargo, no es casual que el Terror Rojo anarquista, llamado Emma Goldman, fuera también una defensora y practicante del amor libre. Ella desafió las barreras capitalistas mucho más que sus contemporáneos marxistas.

(Traducción Mujeres Creativas)

 

http://www.lahaine.org/index.php?p=60129

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